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Misiva encontrada. Atte Culto.

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Esta carta estuvo en mi bandeja por varios meses, fue la despedida de mi gran amigo Javier (El Culto) cuando salió del trabajo (el colegio) en el que ambos estabamos. Yo me quedé unos meses más que él y tambien partí. Muchas cosas pasamos en ese colegio, alegrias, abusos, juergas y demás, mi amigo lo detalló muy bien en la esta carta de despedida. Lima 10 de febrero 2011. Digamos que ha pasado el tiempo, y que se ha quedado rodando como pelusas arrojadas por la brisa refrescante de este verano traidor, aquellos momentos en que atosigados por la rutina nos escapábamos un viernes cualquiera a tomar unas latas de cerveza después del almuerzo, había mucho pan por rebanar, o mucha historia que contar, la vida es es así, nos sorprende a cada rato, en momentos menos pensados, me aguantaste cuitas de lolitas y mucho más. En todo caso estuviste allí para los prolegómenos de todo, estuviste estirando conmigo la verdadera razón en que de repente se forjan las amistades. Yo lo asumí así, amigos, c...

¿Quién aguanta más?

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Saliendo de mi trabajo, escucho en la radio una emisora que es recurrente en mi travesía hacia mi hogar, hacen comentarios sobre ¿Quién soporta más el dolor? ¿Los hombres o las mujeres? Mis ideas son bastante similares a las que los radioescuchas expresan, las mujeres son mucho más fuertes que nosotros, son mucho más machas al momento de soportar el dolor, desde el hecho que son ellas las que traen vida a este mundo con un dolor que nosotros no sentiremos jamás y que creo no soportaríamos. Solo me imagino que nosotros, los hombres, estemos abriendo las piernas velludas exponiendo nuestra intimidad y esperando a un pequeño angelito, se me hace complicado, no creo que seamos capaces de soportar eso ni en mil vidas. Algo que también coincidí con los señores que hablaban por la radio es que lo que no soporto y que trato de evitar son las jeringas. Mientras que muchas de las mujeres toman este hincón como algo que se les puede presentar en algún momento y lo pasan de una forma más fresca, n...

La tía papa y el tío. Los hijos de breña 2.

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La tía papa. Era una señora que se acercaba a los cincuenta años, tenía una masa corporal amplia, extensa y muy fofa, unos cachetes descomunales y rollos de grasa que se desprendían de su abdomen, la señora era toda una publicidad ambulante de la dejadez humana por la grasa, el buen diente y el colesterol. Religiosamente posaba su humanidad en la puerta de mi colegio a las dos en punto, la hora de salida, esperaba por nosotros, ingenuos muchachos hambrientos del trajín diario de un día. Ahí estaba ella, apoyada en un poste y con una mesita ambulante que armaba y desarmaba cuando peregrinaba de colegio en colegio, una bandeja llena de pequeñas masas de papas arrebozadas que ella hacía llamar “papa rellena”, obviamente no tenía ni un misérrimo relleno, sólo era papa con un sabor enigmáticamente agradable que acompañábamos con mayonesa y ají aguachentos que tenían la particularidad de ser un buen acompañante. El precio de la “papita rellena” como la llamábamos, era de diez céntimos, con...

La base tres.

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Cuando niño siempre le dije a mi madre que para mi cumpleaños quería que repartiera helados, ella me miraba sonreía y yo no entendía el porqué. Con los años me di cuenta que era un imposible, que a casi nadie se le ocurre darle un helado a un niño en esta época de julio, donde la oleada de frio se hace más inclemente y Lima se cubre de un gris más intenso. Hoy mi cumpleaños amanece con un frio inclemente una lluvia parca y tenue que con el pasar de los minutos se fue poniendo más intensa y alegrona, porque creo yo que la lluvia esconde su encanto pero esas lluvias de sierra vigorosas y corpulentas que muy de vez en cuando tenemos en nuestra gris Lima. Así amaneció mi cumple con un frio inclemente, con un hermoso invierno, porque no solo el verano es perfecto, el invierno de julio también te envuelve en un embrujo extraño. Los saludos de mis padres y mis hermanos fueron los primeros, les siguieron los saludos de mi novia y mi gran amigo Javier, amigo de mi nuevo trabajo, saludos por el ...

Los hijos de Breña- 1

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Me imagino que muchos distritos modernos carecen de personajes de barrio, de esquina, personajes enigmáticos, estrafalarios, que comparten contigo el caminar por las mimas calles y que de un momento a otros desaparecen. Mi barrio, aunque tenga la etiqueta de peligroso aprendí a quererlo, aquí crecí y por sus calles han pasado personajes que siempre seguirán en la retina de quienes vivimos cada minuto en las calles del viejo Breña. El Vaquero. Siempre lo veíamos con un andar lento y pausado, con un mondadientes en la boca, con sus piernas de alicate, botas bastante antiguas, jean negro gastado, un camisa desbotonada en la parte del pecho y un sombrero negro antiguo. Nunca supimos a ciencia cierta qué era lo que hacía, si tenía algún oficio, si tenía familiares, o cual era su apellido, lo cierto era que tenía una pinta de haber sido sacado de los cuentos de vaqueros, de esos pequeños libros de vaqueros de ESTEFANIA que mi viejo lee desde que tengo uso de razón. Siempre creímos que por a...

Ana Paula.

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Aún siento que fueras la niña que tuve en mis brazos hace ya varios años, estoy recostado en el sofá esperando por ti, dejando una luz prendida para que sepas que te espero. Ahora siento la angustia que decía sentir mi madre cuando siempre nos esperaba, cuando siempre dejaba notar la luz intermitente del televisor reflejarse por la ventana de la sala. Sé que no llegaras a esta hora, porque el permiso que te di, o el que me obligaste a darte con esos besos tiernos, dura un poco más, son las dos y veinticuatro de la mañana y ya quiero que sea la hora de tu regreso. Tu madre esta acostada en el sofá, no terminó de ver la película que nos propusimos ver, pero la despertaré a tu llegada, así me lo encargo antes que entre en su expectante sueño. Nunca te lo dije, pero siempre quise que tú fueras un hombrecito, un varoncito que prolongue el apellido Domínguez a través del tiempo, un machito para enseñarle a patear una pelota e ir a sus campeonatos de fútbol y gritar en el estadio, pero cuand...

Mis amigos universitarios (2)

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Todo ese verano fue así, la pasamos juntos, y creo que todo acabo como empezó, sin protocolos, sin discursos, sin pretextos y sin avisar. Disfrute cada instante con Jenara, conocí de ella más cosas que la etiqueta de amistad no me lo permitía, descubrí que en el tiempo de la universidad si me gustaba solo que mi amor tenía exclusividad y me segaba a mirarla con ojos mas libidinosos. Recuerdo que los primeros besos fueron temerosos, porque ambos nos preocupábamos por el qué dirán, qué dirá Francisco, qué dirá Paola. Conforme pasaba el tiempo eso se fue perdiendo, y nos resbalaba si alguien pudiera enterarse, las huevas si se enteraban y las huevas que dirían, las cosas pasaron sin planearlas, nada fue consentido, nada fue minuciosamente calculado, todo fluyó y ambos en nuestra apacible soledad optamos por refugiarnos juntos esos días y noches de verano. Besé apasionadamente a Jenara, noches de diversión y juerga adornaron nuestra apacible soledad y vivimos la experiencia que ambos querí...