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De ida y vuelta. Regreso al ruedo.

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Siempre paso por mi blog y veo que los días de ausencia han avanzado mucho y muy rápido. Desde el pasado diciembre donde la cabeza me daba vueltas y escribía para salir de la prisión que significaba mi estancia en mi trabajo pasado no he vuelto a escribir mucho, casi nada. Si bien siempre había situaciones en las que necesitaba tener cerca mi computadora para sentarme y poder escribir, siempre las ideas se diluían con el pasar de los días y con las ideas que tenía que implantar en mi nuevo trabajo. Cuando estaba em mi anterior trabajo me servía de la escritura para salir de esas cuatro paredes que me mataban, me estresaban y me sofocaban. Me molestaba la pasividad de algunos, las horas fuera del horario, el jefe del área del que nunca se podría aprender nada, los teléfonos, el cubículo, la lejanía, pero ya estaba ahí y había que hacer las cosas bien y descansar, porque algo bueno que había en ese trabajo era tus disposiciones de tiempo para: desayunar, reposar, almorzar, reposar, traba...

Antípodas. Parte 2

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La rutina de ambos sigue sin dar tregua, lunes, martes… viernes. En el trabajo las cosas anda sin sobresaltos, aunque anda tranquilo y puede derrochar el dinero que tiene y lo que no pudo en el pasado aún siente que ya hace las cosas por inercia, no se siente completo en el trabajo, siente que las cosas pueden virar, pueden dar un cambio, pero se cobija en el placentero amor por el dinero que a fin de mes le puede caer. A veces piensa que la vida tiene un tiempo límite y es mejor arriesgar que vivir instalado cómodamente en un asiento que ya detesta y en un ambiente que ya se torna un tanto tortuoso. Es viernes y después de un relajado día, decide ir a tomar a las calles de Miraflores, intenta llamar a unos amigos pero las llamadas no les resultan efectivas y decide embarcarse solo a tomar unos tragos con la idea de poder encontrar a alguien conocido. Nada como acabar la semana con una orquesta de cervezas y un mar de copas. (…) Fue un día de puras reuniones y coordinaciones. A veces s...

Antípodas. Parte 1

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Te puedes volver una serie de nunca acabar, una serie amorosa que no tiene una última temporada. Muchas personas nunca terminan de poner fin a un ciclo, a una vida y viven reprochándose la suerte de un final maldito. Por el otro lado, a pesar que ella terminó la relación se empeña tercamente en hacer como si nada hubiera pasado, como si fueran amigos, buenos amigos, como que hubiera la necesidad de una llamada o de un mensaje de texto, de tenerse presente de alguna forma real o imaginaria de esas que tenían cuando estaban juntos, cuando se decían invencibles, cuando pensaban que su andar se catapultaba hacia el altar - cuando veas el cielo teñirse de ese color al atardecer, acuérdate que estoy pensando en ti - . Él no quiere que llegue el verano para que ya no haya tardes teñidas con ese color, ya no quiere recordarla, ya no quiere pensar que ella lo recuerda, que ella también quiere saber de él, porque hace que sus ser tiemble, porque después de mucho negarlo aun tiembla, siente cosq...

El achilipú.

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Me declaro culpable, culpable por ser participante, en mi época escolar, de lo que ahora llaman bullying y lo que nosotros en el colegio llamábamos nuestro chongo. Culpable por callar sobre el hostigamiento que a diario lo sometíamos a mi buen amigo, culpable por participar en los apanados descomunales que entre todos propinábamos a Jaime, culpable de ocultarle sus pertenencias y nunca decirle donde estaban, culpable de haberle soltado miles y miles de improperios a los largo de la secundaria y quizás también la primaria, culpable de que sin piedad mi puño cayera en su espalda mientras él se cubría para mitigar en algo los golpes que venían por todos lados. Aún no entiendo la gracia de joderme todo el día, está también Tachi que podría ser el lorna, que puede sustituirme, pero que ganas de joderme, de golpearme. Para la próxima voy a agarrar a uno y lo voy a tumbar. Ya falta poco, ya acaba el año. Jaime fue punto de todas nuestras bromas más crueles, fue el punto de toda nuestra...

Misiva encontrada. Atte Culto.

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Esta carta estuvo en mi bandeja por varios meses, fue la despedida de mi gran amigo Javier (El Culto) cuando salió del trabajo (el colegio) en el que ambos estabamos. Yo me quedé unos meses más que él y tambien partí. Muchas cosas pasamos en ese colegio, alegrias, abusos, juergas y demás, mi amigo lo detalló muy bien en la esta carta de despedida. Lima 10 de febrero 2011. Digamos que ha pasado el tiempo, y que se ha quedado rodando como pelusas arrojadas por la brisa refrescante de este verano traidor, aquellos momentos en que atosigados por la rutina nos escapábamos un viernes cualquiera a tomar unas latas de cerveza después del almuerzo, había mucho pan por rebanar, o mucha historia que contar, la vida es es así, nos sorprende a cada rato, en momentos menos pensados, me aguantaste cuitas de lolitas y mucho más. En todo caso estuviste allí para los prolegómenos de todo, estuviste estirando conmigo la verdadera razón en que de repente se forjan las amistades. Yo lo asumí así, amigos, c...

¿Quién aguanta más?

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Saliendo de mi trabajo, escucho en la radio una emisora que es recurrente en mi travesía hacia mi hogar, hacen comentarios sobre ¿Quién soporta más el dolor? ¿Los hombres o las mujeres? Mis ideas son bastante similares a las que los radioescuchas expresan, las mujeres son mucho más fuertes que nosotros, son mucho más machas al momento de soportar el dolor, desde el hecho que son ellas las que traen vida a este mundo con un dolor que nosotros no sentiremos jamás y que creo no soportaríamos. Solo me imagino que nosotros, los hombres, estemos abriendo las piernas velludas exponiendo nuestra intimidad y esperando a un pequeño angelito, se me hace complicado, no creo que seamos capaces de soportar eso ni en mil vidas. Algo que también coincidí con los señores que hablaban por la radio es que lo que no soporto y que trato de evitar son las jeringas. Mientras que muchas de las mujeres toman este hincón como algo que se les puede presentar en algún momento y lo pasan de una forma más fresca, n...

La tía papa y el tío. Los hijos de breña 2.

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La tía papa. Era una señora que se acercaba a los cincuenta años, tenía una masa corporal amplia, extensa y muy fofa, unos cachetes descomunales y rollos de grasa que se desprendían de su abdomen, la señora era toda una publicidad ambulante de la dejadez humana por la grasa, el buen diente y el colesterol. Religiosamente posaba su humanidad en la puerta de mi colegio a las dos en punto, la hora de salida, esperaba por nosotros, ingenuos muchachos hambrientos del trajín diario de un día. Ahí estaba ella, apoyada en un poste y con una mesita ambulante que armaba y desarmaba cuando peregrinaba de colegio en colegio, una bandeja llena de pequeñas masas de papas arrebozadas que ella hacía llamar “papa rellena”, obviamente no tenía ni un misérrimo relleno, sólo era papa con un sabor enigmáticamente agradable que acompañábamos con mayonesa y ají aguachentos que tenían la particularidad de ser un buen acompañante. El precio de la “papita rellena” como la llamábamos, era de diez céntimos, con...