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Las mil y una ...

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Las botellas de cervezas iban y venían en el ambiente que se ponía cada vez más bohemio. Mientras que él volteaba a beber con sus amigos las ráfagas de luces aparecían, los tragos ya lo tomaban por sorpresa, el licor subía lentamente a su cabeza, su departamento estaba empachado con la música de los 80 que tanto gustaba escuchar, dos damas al frente del sillón, la enamorada de su amigo y una más del montón. En la otra esquina sus dos hermanos, un amigo de la infancia y una dama que alguna vez hizo suya en los alocados días de la universidad. Al lado del espejo dos amigos, un escritor y el otro un periodista los cuales intercambiaban opiniones sobre fotografía y negocios y él, un literato que celebraba sus treinta y pico, entre amigos, pisco y cerveza. Mientras Cerati sonaba, él cada vez más embalado iba de tumbo en tumbo a una y otro grupo. Le gustaba estar en el grupo de sus hermanos, siempre tuvo un aprecio infinito hacia ellos y creyó que aun siendo el mayor nunca fue un gran eje...

Entre gatos y gatas.

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Detesto a los gatos, por alguna razón no los soporto, nunca he llegado al punto de maltratarlos, porque ante todo respeto a los animales, pero siempre mantengo mi distancia con estos felinos. El hecho es que no he encontrado ninguno que me inspire alguna ternura, salvo el Gato con Botas de Shrek ningún otro gato ha despertado en mí un espíritu protector ni amical. Cuando veo a uno de estos felinos las sensaciones se mezclan, por un lado una sensación de respeto que me invita a tener una distancia prudente, por otro lado una tufillo de temor, cuando los veo siento que están planeando algo, que esa mirada profunda que me clavan es porque están maquinando algo para saltar sobre mi y rasguñarme y destrozarme la cada o alguna parte de mi anatomía, que ya tienen en mente algo, que hacen planes mucho más rápido que yo, que tienen una mente mas calculadora, virulenta y maliciosa que la mía.   Cuando caminaba por las calles de mi barrio, pasó frente a mí un gato absolutament...

El tiempo es violento

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Siempre me digo, voy a escribir tal o cual cosa, pienso en las situaciones, pienso en los personajes, pero todo se diluye en las situaciones que se me presentan, en el trabajo que ahora disfruto haciendo, pasando momentos excepcionales con mi enamorada, con mis amigos con los cuales la amistad sigue tan intacta como en los inicios lejanos allá por los ochentas, en los trabajos extras, en los libros, los cuales van llenando mi biblioteca algo flacuchenta, las historias de mis amigos, cada cual con su matiz cinéfilo; en todo lo que se me presenta y porque ya no puedo sentarme a escribir sin detenerme como lo hacía en mi trabajo anterior sin importarme nada. No sé de qué tema podre escribir, no tengo idea, solo me senté a escribir, quizás buscando un tema en el transcurso de mi escritura y justo se me ocurre en darme cuenta de los tiempos, que por ahí mis hermanos   se hacen cada vez mas adultos, que se acercan irreparablemente a la base cuatro; que yo me interno con fuerza...

La fealdad, la salsa y el amor.

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Sabor y Control en la Quinta Carbone, Barrios Altos. Una amiga me dice que del Tizón sale gente fea, esbozo una sonrisa y me pregunto “yo soy feo” no me creo feo y mi espejito siempre me dice lo contrario o me gusta pensar que me lo dice. Ella me vuelve a decir “justo que salí del Dragón la gente que salió del Tizón estaban haciendo chongo y como que no” nuevamente sonrío y creo que ella quizá no conocerá más de lo que le puede dar esas discos medio “chics” que el camino le expone. No creo que haya gente fea en El Tizón, creo que es gente tan común y diversa como la hay en nuestra Lima “panza de burro”. Me gusta mezclarme con gente de todo tipo, del tipo de la discoteca de donde salía mi amiga, del tipo de El Tizón que no son feos, más bien normales y algunos raros, como aquel muchacho que encontrábamos siempre los fines de semana parado en una columna del local, con un vaso de Cuba Libre, sin hablar, sin decir nada, solo mirando alrededor,   o aquella chica que lloraba desco...

De ida y vuelta. Regreso al ruedo.

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Siempre paso por mi blog y veo que los días de ausencia han avanzado mucho y muy rápido. Desde el pasado diciembre donde la cabeza me daba vueltas y escribía para salir de la prisión que significaba mi estancia en mi trabajo pasado no he vuelto a escribir mucho, casi nada. Si bien siempre había situaciones en las que necesitaba tener cerca mi computadora para sentarme y poder escribir, siempre las ideas se diluían con el pasar de los días y con las ideas que tenía que implantar en mi nuevo trabajo. Cuando estaba em mi anterior trabajo me servía de la escritura para salir de esas cuatro paredes que me mataban, me estresaban y me sofocaban. Me molestaba la pasividad de algunos, las horas fuera del horario, el jefe del área del que nunca se podría aprender nada, los teléfonos, el cubículo, la lejanía, pero ya estaba ahí y había que hacer las cosas bien y descansar, porque algo bueno que había en ese trabajo era tus disposiciones de tiempo para: desayunar, reposar, almorzar, reposar, traba...

Antípodas. Parte 2

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La rutina de ambos sigue sin dar tregua, lunes, martes… viernes. En el trabajo las cosas anda sin sobresaltos, aunque anda tranquilo y puede derrochar el dinero que tiene y lo que no pudo en el pasado aún siente que ya hace las cosas por inercia, no se siente completo en el trabajo, siente que las cosas pueden virar, pueden dar un cambio, pero se cobija en el placentero amor por el dinero que a fin de mes le puede caer. A veces piensa que la vida tiene un tiempo límite y es mejor arriesgar que vivir instalado cómodamente en un asiento que ya detesta y en un ambiente que ya se torna un tanto tortuoso. Es viernes y después de un relajado día, decide ir a tomar a las calles de Miraflores, intenta llamar a unos amigos pero las llamadas no les resultan efectivas y decide embarcarse solo a tomar unos tragos con la idea de poder encontrar a alguien conocido. Nada como acabar la semana con una orquesta de cervezas y un mar de copas. (…) Fue un día de puras reuniones y coordinaciones. A veces s...

Antípodas. Parte 1

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Te puedes volver una serie de nunca acabar, una serie amorosa que no tiene una última temporada. Muchas personas nunca terminan de poner fin a un ciclo, a una vida y viven reprochándose la suerte de un final maldito. Por el otro lado, a pesar que ella terminó la relación se empeña tercamente en hacer como si nada hubiera pasado, como si fueran amigos, buenos amigos, como que hubiera la necesidad de una llamada o de un mensaje de texto, de tenerse presente de alguna forma real o imaginaria de esas que tenían cuando estaban juntos, cuando se decían invencibles, cuando pensaban que su andar se catapultaba hacia el altar - cuando veas el cielo teñirse de ese color al atardecer, acuérdate que estoy pensando en ti - . Él no quiere que llegue el verano para que ya no haya tardes teñidas con ese color, ya no quiere recordarla, ya no quiere pensar que ella lo recuerda, que ella también quiere saber de él, porque hace que sus ser tiemble, porque después de mucho negarlo aun tiembla, siente cosq...