martes, 1 de diciembre de 2009

Visiten nuestro bar

En ocasiones nuestra frecuencia a distintos sitios hace que nazca cierto cariño por ambientes inanimados, los dotamos de sentimientos, les damos un rostro, una personalidad, los hacemos nuestros amigos, confidentes, cómplices, nos escuchan, los escuchamos, nos dan oportunidades, no las desaprovechamos, nos ocultan, nos liberan.

Cuando me encontré solo, la vida nocturna que aún dormía cobró vida, solía ir a discotecas que nunca pisé, bares modernos, bares tradicionales, guariques, cantinas, cada sitio con una historia. Lo curioso es que muchos de esos lugares desaparecerán y desaparecen de mi memoria, muchas de esas gigantescas y lujosas discotecas pasaran como pasan las chicas con las que te puedes enredarte una noche, pero los lugares que quedan en tu vida son los que nunca te cerraron sus puertas y que te acogieron sin pedir nada a cambio.

Sus paredes cargados de posters siempre me dan la bienvenida, con unos sillones al costado como invitándome a que consiga una chica y me albergues en ellos, al otro lado una mesa redonda de madera, de esas que habían desde sus inicios, una chimenea sin uso pero con extraños adornos, en ella una maquina de escribir bastante antigua quizás retándome a que deje una de mis historias, una barra que brilla con una luz violeta y que deja ver sus variedad de tragos donde realzan las botellas de color rojo, azul, verde y negro, y una etiqueta con una calavera advirtiendo su poder letal sobre la conciencia y la razón. ¡Un veneno! ¡Tres venenos! Apenas cojo el shot, lo alzo tomando hasta la última gota del contenido. El veneno carcome cada recuerdo que deseo olvidar, y explota el animo de diversión, te hace ser mas parte de El Tizón.

Un sobrecargado calor, un ambiente roseado de humo, canciones cuidadosamente elegidas que a veces no comprendo, chicas que dejan notar su euforia, chicas que se brinda amor entre ellas, una chica acorralada contra el poster de Samuel L. Jackson (en Pulp Fiction) pegado en la pared, dejándose llevar por lo besos de su acompañante, chicos que vuelan en su caballo imaginario por los aires del bar, patas que se abrazan diciéndose lo mucho que se quieren, flacas buscando un amor en la barra, grupos universitarios llevados al extremo del alcohol, el pelado sacando más cervezas y yo acompañado de mis amigos al inicio de la barra mirando el movimiento de la gente, propiciando el inicio de una conversación con la chica que vuelva otra vez a la barra,

El Tizón tiene un rostro, tiene un sentimiento, nos abraza, nos dice que nos quiere como mierda, nos fortalece, nos deja un poco débiles pasada las cinco, pero principalmente siempre nos deja la puerta abierta pasada las tres.

Donde quiera que vayamos, del tono mas ficho, de la casa de la amiga que celebra su cumpleaños, del matrimonio del amigo que se nos fue, de la parrillada en casa del pata, de la reunión de la promo, del malecón de barranco, de la despedida de soltero, siempre terminaremos la noche en El Tizón, es como una consigna tacita que tenemos, es un pacto que mis amigos y yo hemos hecho con el bar, es nuestro y nosotros somos parte de él

Vale los Kilómetros que recorreremos para caer en el otro local, vale madrugar en el sur y seguirte a donde vayas, porque siempre serás nuestro ultimo paradero, el paradero que siempre vamos a buscar sin importar los años ni las circunstancias.




Agradecimientos
A Jason por siempre decirnos que el bar es nuestro. A veces lo tomamos muy a pecho ja!
Pronto El Tizón del Sur.