jueves, 24 de noviembre de 2011

Antípodas. Parte 1

Te puedes volver una serie de nunca acabar, una serie amorosa que no tiene una última temporada. Muchas personas nunca terminan de poner fin a un ciclo, a una vida y viven reprochándose la suerte de un final maldito. Por el otro lado, a pesar que ella terminó la relación se empeña tercamente en hacer como si nada hubiera pasado, como si fueran amigos, buenos amigos, como que hubiera la necesidad de una llamada o de un mensaje de texto, de tenerse presente de alguna forma real o imaginaria de esas que tenían cuando estaban juntos, cuando se decían invencibles, cuando pensaban que su andar se catapultaba hacia el altar - cuando veas el cielo teñirse de ese color al atardecer, acuérdate que estoy pensando en ti - . Él no quiere que llegue el verano para que ya no haya tardes teñidas con ese color, ya no quiere recordarla, ya no quiere pensar que ella lo recuerda, que ella también quiere saber de él, porque hace que sus ser tiemble, porque después de mucho negarlo aun tiembla, siente cosquilleos cuando vuelve a hablarle y quizás nunca nadie lo sabrá, lo tendrá reservado al costado de los antiguos vinos que se añejan por años.

(…)

Es lunes, abre sus ojos y ve por su ventana la tenue luz de la mañana, son las seis y aún no quiere levantarse de su cama. Prende el televisor y sintoniza el canal de noticias, candidatos presidenciales desparramando insultos uno al otro y muchas muertes por toda la ciudad. Desde que se mudo de su casa sienta una pereza más punzante, ya no tiene a mamá que le advierta la hora cada cinco minutos, baja el volumen del televisor, tapa nuevamente su cuerpo con el cobertor y se da el chance de dormir quince minutitos más. Media hora después despierta asustada, siempre es más de quince minutos, se levanta como puede, coge su toalla, cinco pomos mas de cremas y jabones y se dirige a la ducha. Mueve las manejillas y tempera el agua, se desprende de su ropa y el agua cae por cada centímetro su piel canela, mientras disfruta de ese instante se siente más libre, empieza a tararear con voz baja una melodía que por esos días se volvió recurrente, se siente en libertar de poder casi gritar la canción, ya nadie le dirá que se caye ni le tocará la puerta apurándola, ama esta tranquilidad y libertad de su departamento de soltera. “Cuéntame como te va, yo por aquí y tu por allá que volaa” Lo recuerda por un instante, siempre hay pequeños momentos que le carcome la angustia de saber de él, aunque ya separaron sus caminos hace mucho tiempo tiene la absurda idea de que hay la posibilidad de ser amigos. Sale de la ducha acompañada de su recuerdo, suena el celular, lo cree imposible no puede ser, quizás lo llamó con la mente, - Hola mi amor buenos días – en vez de la voz gruesa, firme y profunda, que desea escuchar, la vuelve a la realidad la voz suave y empalagosa de su actual enamorado, no puede ocultar su decepción – Ah hola buenos días – él se da cuenta de su desanimo por los saludos – ¿Pasa algo? - ella se da cuenta lo que está haciendo y al instante deja todo claro – no mi amor nada, buenos días -

(…)

Es lunes y se levantaba con rezagos de un domingo pendenciero de resaca. Su despertador suena pero él no se inmuta, voltea para el otro lado de la cama estira su mano coge su celular, abre un ojo y apaga con dificultad la alarma, sigue durmiendo, son las ocho y los minutos pasan veloces. Su hermana le pregunta si ira a trabajar, voltea a mirarla – se supone - se incorpora, ve el reloj, son las nueva de la mañana hora en que debería estar en su trabajo, pero nada perturba la tranquilidad de levantarse. Con una gran parsimonia, sobándose los ojos coge la toalla, y se dirige a la ducha, abre las dos manejillas el agua sale tibia y él se apresta rápidamente a que corra el agua por su humanidad, se queda un rato sin moverse, como tratando de quitarse esa mala resaca que tiene encima y recreando algunos momentos de la noche anterior que se perdieron, sigue preso de esa quietud y delicia de sentir el agua pasear por su golpeado cuerpo, no desea moverse, no quiere iniciar la horrible rutina de todos los días, la horrible rutina de la que ya se siente agobiado.

(continuará)

sábado, 12 de noviembre de 2011

El achilipú.

Me declaro culpable, culpable por ser participante, en mi época escolar, de lo que ahora llaman bullying y lo que nosotros en el colegio llamábamos nuestro chongo. Culpable por callar sobre el hostigamiento que a diario lo sometíamos a mi buen amigo, culpable por participar en los apanados descomunales que entre todos propinábamos a Jaime, culpable de ocultarle sus pertenencias y nunca decirle donde estaban, culpable de haberle soltado miles y miles de improperios a los largo de la secundaria y quizás también la primaria, culpable de que sin piedad mi puño cayera en su espalda mientras él se cubría para mitigar en algo los golpes que venían por todos lados.

Aún no entiendo la gracia de joderme todo el día, está también Tachi que podría ser el lorna, que puede sustituirme, pero que ganas de joderme, de golpearme. Para la próxima voy a agarrar a uno y lo voy a tumbar. Ya falta poco, ya acaba el año.

Jaime fue punto de todas nuestras bromas más crueles, fue el punto de toda nuestra chacota juvenil. Si a alguien había que joder era a Jaime, si a alguien había que pegar era a Jaime, el “trolo”, el nariz de miembro viril masculino, cachete de escroto y varios apodos que caían como avalancha sobre él. Nunca supe cuál fue el momento en donde Jaime cambio de ser el más estudioso a ser el único y más lorna de mi colegio, quizás a nosotros nunca nos importó el momento y quizás él lo tenga muy claro.

Desde siempre fui un pata tranquilo y me preocupé por mis estudios, eso me inculca mi mamá porque nunca viví con mi padre, él se fue de la casa cuando chico. Como quisiera estar dentro del grupo de los más palomillas, de los que tiene el poder dentro del salón, creo que eso haré, entraré dentro de ese grupo, los ayudaré en sus tareas y exámenes, ellos no son tan habilidosos en los estudios y eso tengo a mi favor.

En algún momento Jaime estuvo con los más buscados dentro de mi salón, paraba con ellos y de cierto modo se hizo sus amigos, creo que fue una simbiosis, él era una rémora que se aprovechaba de las sobras de su protección y ellos se aprovecharon de su habilidad para las tareas, ellos tuvieron más tiempo libre, Jaime más tiempo de paz. Esa simbiosis no duro mucho, la totalidad de su nuevo grupo los retiraron del colegio, motivos diversos, desde conducta hasta el factor académico. Los dos años siguientes Jaime volvió a ser el punto de nuestra chacota, los apanados, esconder sus cosas, humillarlo, lapearlo, gritarle y burlarnos. Siempre hay un lorna en un salón y creo que siempre fue Jaime.

Maldita sea, tengo que bajar esa escalera y estos huevones no se van, el profesor de física no dice nada y solo me dice que baje, será lo mismo de siempre, todos esperándome en escalera y gritando mi nombre, como quisiera llevarlos a mi barrio para que se les quite lo pendejos, porque ahí no hacen nada. Tendré que bajar, pero agarraré a uno, a quien sea.

Siempre esperábamos a Jaime después del laboratorio de Física. Las escaleras angostas servían para que él no pudiera escapar, todos lo esperábamos a que apareciera, gritando su nombre con un tono desafiante. Jaime bajaba y luego todos nos fuimos encima de él, yo le propine algunos lapos, otros unas patadas, escupitajos, y luego él cogió con fuerza a Marcos y le tiro una patada. Marcos era uno de los más atléticos dentro de mi promoción y enfureció con la patada. Jaime seguía sin soltarlo y ambos fueron hasta el piso, se dieron unos vueltas en el suelo del auditorio y finalmente, como era de esperarse, Marcos lo cogió fuerte del cuello y rápidamente lo tuvo contra el suelo. La cara de Jaime se fue poniendo cada vez más roja, y optamos por separarlos.
Aún me duele mi cuello, tuve la mala suerte que fuera Marcos, hubiera preferido otro, pero ya no podía echarme para atrás, tenía que botar la furia contenida. Las marcas de sus manos aún se ven en mi cuello, ¿qué le diré a mi mamá? , trataré de ocultarlo, es mejor que contarle lo que a diario ocurre en el colegio, no quiero ser como Víctor, que va a reclamarle al cura que nadie lo quiere. Yo sé que formo parte de la promo, que aunque joden soy importante entre ellos. A veces trato de odiarlos, creo que me resultaría más fácil, quiera o no han llenado mi vida, sin ellos no hubiera cubierto el silencio que casi siempre se instalaba en mi casa. No tengo hermanos, y por más engendros que sean, ellos han llenado ese espacio fraternal que no he tenido. Odiarlos sería mejor, pero no sé si lo llegue a hacerlo, aún quedan meses para salir del colegio y creo que con ellos acabara toda esta vida, a la vuelta de la esquina hay otro mundo, la universidad y nuevos amigos.
Efectivamente los días pasaron sin más sobresaltos, siempre había momentos en que nos empecinábamos con el buen Jaime pero todo acabo como empezó, en el colegio. Cuando salimos todo cambió.

(…)

Inmiscuidos en el bullicio de la fiesta del matrimonio de Martín, conversaba con mi amigo Jaime, ya después de diez años de haber salido del colegio, él como un periodista, yo como un publicista. Le preguntaba como aún seguía frecuentándonos después de tantos años atroces, difíciles y jodidos que vivió a nuestro lado. El me abrazo, me choco el vaso y me dijo:

Bueno chumin, son cosas del pasado, no me hago lio por lo que pasó y que no pasó o lo que estuvo mal o bien, las cosas sucedieron así, al final yo sabía el papel que me tocaba cumplir en esa época de colegio.

La verdad me queda aun en la mente luego de bastante tiempo su respuesta, el cumplió el papel que le tocó, una frase bastante homérica. A veces pienso que mi amigo nunca deseó salir de esa situación en la que lo inmiscuimos, sabía que eso pasaría y que todo sería como ahora, que es uno más de nosotros, que llego a ser uno de las personas que mueve a la promoción y que nosotros llamamos hermano. Jaime está un peldaño más adelante, porque salió de esa etiqueta de lorna que sin tregua le pusimos y ahora es una pieza importante de mi promoción, ya no como el lorna, sino como el amigo y como la persona que mas confía en nosotros aún cuando caemos en algún partido de futbol.