sábado, 12 de noviembre de 2011

El achilipú.

Me declaro culpable, culpable por ser participante, en mi época escolar, de lo que ahora llaman bullying y lo que nosotros en el colegio llamábamos nuestro chongo. Culpable por callar sobre el hostigamiento que a diario lo sometíamos a mi buen amigo, culpable por participar en los apanados descomunales que entre todos propinábamos a Jaime, culpable de ocultarle sus pertenencias y nunca decirle donde estaban, culpable de haberle soltado miles y miles de improperios a los largo de la secundaria y quizás también la primaria, culpable de que sin piedad mi puño cayera en su espalda mientras él se cubría para mitigar en algo los golpes que venían por todos lados.

Aún no entiendo la gracia de joderme todo el día, está también Tachi que podría ser el lorna, que puede sustituirme, pero que ganas de joderme, de golpearme. Para la próxima voy a agarrar a uno y lo voy a tumbar. Ya falta poco, ya acaba el año.

Jaime fue punto de todas nuestras bromas más crueles, fue el punto de toda nuestra chacota juvenil. Si a alguien había que joder era a Jaime, si a alguien había que pegar era a Jaime, el “trolo”, el nariz de miembro viril masculino, cachete de escroto y varios apodos que caían como avalancha sobre él. Nunca supe cuál fue el momento en donde Jaime cambio de ser el más estudioso a ser el único y más lorna de mi colegio, quizás a nosotros nunca nos importó el momento y quizás él lo tenga muy claro.

Desde siempre fui un pata tranquilo y me preocupé por mis estudios, eso me inculca mi mamá porque nunca viví con mi padre, él se fue de la casa cuando chico. Como quisiera estar dentro del grupo de los más palomillas, de los que tiene el poder dentro del salón, creo que eso haré, entraré dentro de ese grupo, los ayudaré en sus tareas y exámenes, ellos no son tan habilidosos en los estudios y eso tengo a mi favor.

En algún momento Jaime estuvo con los más buscados dentro de mi salón, paraba con ellos y de cierto modo se hizo sus amigos, creo que fue una simbiosis, él era una rémora que se aprovechaba de las sobras de su protección y ellos se aprovecharon de su habilidad para las tareas, ellos tuvieron más tiempo libre, Jaime más tiempo de paz. Esa simbiosis no duro mucho, la totalidad de su nuevo grupo los retiraron del colegio, motivos diversos, desde conducta hasta el factor académico. Los dos años siguientes Jaime volvió a ser el punto de nuestra chacota, los apanados, esconder sus cosas, humillarlo, lapearlo, gritarle y burlarnos. Siempre hay un lorna en un salón y creo que siempre fue Jaime.

Maldita sea, tengo que bajar esa escalera y estos huevones no se van, el profesor de física no dice nada y solo me dice que baje, será lo mismo de siempre, todos esperándome en escalera y gritando mi nombre, como quisiera llevarlos a mi barrio para que se les quite lo pendejos, porque ahí no hacen nada. Tendré que bajar, pero agarraré a uno, a quien sea.

Siempre esperábamos a Jaime después del laboratorio de Física. Las escaleras angostas servían para que él no pudiera escapar, todos lo esperábamos a que apareciera, gritando su nombre con un tono desafiante. Jaime bajaba y luego todos nos fuimos encima de él, yo le propine algunos lapos, otros unas patadas, escupitajos, y luego él cogió con fuerza a Marcos y le tiro una patada. Marcos era uno de los más atléticos dentro de mi promoción y enfureció con la patada. Jaime seguía sin soltarlo y ambos fueron hasta el piso, se dieron unos vueltas en el suelo del auditorio y finalmente, como era de esperarse, Marcos lo cogió fuerte del cuello y rápidamente lo tuvo contra el suelo. La cara de Jaime se fue poniendo cada vez más roja, y optamos por separarlos.
Aún me duele mi cuello, tuve la mala suerte que fuera Marcos, hubiera preferido otro, pero ya no podía echarme para atrás, tenía que botar la furia contenida. Las marcas de sus manos aún se ven en mi cuello, ¿qué le diré a mi mamá? , trataré de ocultarlo, es mejor que contarle lo que a diario ocurre en el colegio, no quiero ser como Víctor, que va a reclamarle al cura que nadie lo quiere. Yo sé que formo parte de la promo, que aunque joden soy importante entre ellos. A veces trato de odiarlos, creo que me resultaría más fácil, quiera o no han llenado mi vida, sin ellos no hubiera cubierto el silencio que casi siempre se instalaba en mi casa. No tengo hermanos, y por más engendros que sean, ellos han llenado ese espacio fraternal que no he tenido. Odiarlos sería mejor, pero no sé si lo llegue a hacerlo, aún quedan meses para salir del colegio y creo que con ellos acabara toda esta vida, a la vuelta de la esquina hay otro mundo, la universidad y nuevos amigos.
Efectivamente los días pasaron sin más sobresaltos, siempre había momentos en que nos empecinábamos con el buen Jaime pero todo acabo como empezó, en el colegio. Cuando salimos todo cambió.

(…)

Inmiscuidos en el bullicio de la fiesta del matrimonio de Martín, conversaba con mi amigo Jaime, ya después de diez años de haber salido del colegio, él como un periodista, yo como un publicista. Le preguntaba como aún seguía frecuentándonos después de tantos años atroces, difíciles y jodidos que vivió a nuestro lado. El me abrazo, me choco el vaso y me dijo:

Bueno chumin, son cosas del pasado, no me hago lio por lo que pasó y que no pasó o lo que estuvo mal o bien, las cosas sucedieron así, al final yo sabía el papel que me tocaba cumplir en esa época de colegio.

La verdad me queda aun en la mente luego de bastante tiempo su respuesta, el cumplió el papel que le tocó, una frase bastante homérica. A veces pienso que mi amigo nunca deseó salir de esa situación en la que lo inmiscuimos, sabía que eso pasaría y que todo sería como ahora, que es uno más de nosotros, que llego a ser uno de las personas que mueve a la promoción y que nosotros llamamos hermano. Jaime está un peldaño más adelante, porque salió de esa etiqueta de lorna que sin tregua le pusimos y ahora es una pieza importante de mi promoción, ya no como el lorna, sino como el amigo y como la persona que mas confía en nosotros aún cuando caemos en algún partido de futbol.

1 comentario:

Moka dijo...

Que caray. Siempre tiene que haber un caso asi, tambien fui culkpable de propiciar el bullyn en alguna ocasion. Sin embargo, lo que me llena de alegria es saber que las victimas de bullyng terminan siendo los patrones de los oficinistas zombi que vemos a diario.,..