jueves, 20 de octubre de 2011

Misiva encontrada. Atte Culto.

Esta carta estuvo en mi bandeja por varios meses, fue la despedida de mi gran amigo Javier (El Culto) cuando salió del trabajo (el colegio) en el que ambos estabamos. Yo me quedé unos meses más que él y tambien partí. Muchas cosas pasamos en ese colegio, alegrias, abusos, juergas y demás, mi amigo lo detalló muy bien en la esta carta de despedida.

Lima 10 de febrero 2011.

Digamos que ha pasado el tiempo, y que se ha quedado rodando como pelusas arrojadas por la brisa refrescante de este verano traidor, aquellos momentos en que atosigados por la rutina nos escapábamos un viernes cualquiera a tomar unas latas de cerveza después del almuerzo, había mucho pan por rebanar, o mucha historia que contar, la vida es es así, nos sorprende a cada rato, en momentos menos pensados, me aguantaste cuitas de lolitas y mucho más.


En todo caso estuviste allí para los prolegómenos de todo, estuviste estirando conmigo la verdadera razón en que de repente se forjan las amistades. Yo lo asumí así, amigos, como te dije alguna vez, y quizás con otras palabras, para llamar amigo a alguien se necesita un poco de todo, pero sobre todo corazón,además de razón, porque la razón nos ayuda a entender lo que el otro, quizás anestesiado por la subjetividad no puede ver.

Han pasado tres años estimado Dominguez, que entre silbidos, manos en los bolsillos del pantalón, tardanzas, aves de paso que nos dejaron un sin sabor en el corazón, amores reales con los que queremos seguir adelante, historias que contar, historias que escribir, cosas que decir y que callar, cervezas que tomamos asaltando ese sacro lugar donde la sabiduría abunda entre libros, y donde se escondieron algunas historias también, cervezas que nos debemos, un bar en el que aprendimos a estimar como una capilla en donde rezar nuestras propias oraciones.

En fin, no sabemos a donde iremos a parar, uno nunca sabe en realidad, a veces necesitamos empujones, empellones de gente que queremos o detestamos, no me preocupa dejar el trabajo, nunca me ha preocupado (sobre todo si del tipo leboulch), quizás que me falte el dinero ( y me asusta un poco la idea que no llegue, tengo una hija), pero si ello sirve para dar un paso al costado y luego tomar vuelo y correr a buena hora. Digo esto, para q no temas al momento en que debes, si crees conveniente también dar un paso al costado y luego correr, correr, correr y correr.

Nos volveremos a ver, claro que sí, quizás ya no con la regularidad de antes, pero las amistades sobreviven a estas tempestades mi estimado chiqui, sé que todo nos irá bien, que tendremos un momento para recordar ese colegio con sus días de cal y días de arena, y no habrá nada que remendar, sólo ver desde una distancia prudente la verdad de las cosas, y reirnos de aquellos q alguna vez creyeron que tenían la sartén por el mango.

Oficialmente ya estoy fuera, esta vez si me despido del lugar que nos acogió, que nos mostró el lado amable y el lado terrible de lo que significa trabajr allí, pero siempre quedarán los momentos buenos, los amigos, el abrazo, las palabras, las risas, la mano, las despedidas. Un abrazo, y hasta pronto:

Javier


Al mes yo tambien me fui, pero nuestro paso y las conversaciones han quedado grabadas en cada pared de ese colegio del movimiento, que cultivó una amistad que aún seguimos manteniendo.

jueves, 6 de octubre de 2011

¿Quién aguanta más?

Saliendo de mi trabajo, escucho en la radio una emisora que es recurrente en mi travesía hacia mi hogar, hacen comentarios sobre ¿Quién soporta más el dolor? ¿Los hombres o las mujeres? Mis ideas son bastante similares a las que los radioescuchas expresan, las mujeres son mucho más fuertes que nosotros, son mucho más machas al momento de soportar el dolor, desde el hecho que son ellas las que traen vida a este mundo con un dolor que nosotros no sentiremos jamás y que creo no soportaríamos. Solo me imagino que nosotros, los hombres, estemos abriendo las piernas velludas exponiendo nuestra intimidad y esperando a un pequeño angelito, se me hace complicado, no creo que seamos capaces de soportar eso ni en mil vidas.
Algo que también coincidí con los señores que hablaban por la radio es que lo que no soporto y que trato de evitar son las jeringas. Mientras que muchas de las mujeres toman este hincón como algo que se les puede presentar en algún momento y lo pasan de una forma más fresca, nosotros y en particular yo, evito por todas las formas una jeringa, sería capaz de tomarme veinte pastillas en vez de que mi nalga será ahuecada por un delgado y puntiagudo instrumento.
(…)

Estaba refriado y el virus dentro de mi cuerpo se entercaba más en salir, es más se enfureció y arremetió con todo su poderío tumbando indefenso en la cama. La mañana del día siguiente mi cuerpo ardía y mi garganta explotaba, estaba rendido, el virus microscópico le había ganado a este muchacho que pesa y mide muchas veces más que aquel malévolo bicho. Mil pastillas tomé en la mañana, mil pastillas en la tarde y mil pastillas en la noche pero parecía que hacían cosquillas al intruso. Por eso días la fiebre influencia causaba estupor a todo lima, y pensé que aquel mal estaba instalado en mi cuerpo. Como si fuera planeado el mismo síntoma recaía en mí, fiebre, dolores de músculos, dolor de cabeza, ardor ocular, etc.
(…)

Me quedé quieto mientras que la guapa enfermera me revisaba y auscultaba mi cuerpo débil. Concluyó que lo que tenía no era la temible Fiebre Influencia sino más bien un fuerte resfriado con una inflamación de garganta y que estaría bien en unos días. Me incorporé y mientras que me disponía a irme, la guapa chica me dijo que tenía que ponerme una inyección, yo la mire horrorizado, le dije que si no había alguna posibilidad de saltarnos ese paso y que si podíamos reemplazar esa terrible aguja por algunas cuantas pastillas, ella se negó y soltó una sonrisa, quizás, por la maricona propuesta que hice.

Ya estaba todo consumado, ella llenaba la aguja con el líquido que me recuperaría de ese terrible transe, yo le daba la espalda y me odiaba sentirme tan vulnerable frente a esta guapa enfermera que miraba de reojo. Bajo mi pantalón hasta la mitad de mi nalga, cierro mis ojos con fuerza, mis manos apretujaron con fuerza la manta que cubría el sillón y sentí las manos delicadas de la enfermera y luego un aguijón que me hizo ver cuadros, aprieto la manta con más fuerza, mis ojos siguen cerrados con vehemencia y siento en mi pierna como se desparrama el aceitoso líquido que me curará. Sigo sintiendo la aguja y el dolor, no me muevo ni un ápice, sigo apretando cada musculo de mi cuerpo, siento que el dolor sigue, que se expande por todo mi indefenso cuerpo, siento que nunca sacara ese terrible instrumento de mi nalga, siento morir, mientras seguía inerte escucho una dulce voz del otro lado de la habitación “ ya acabe hace rato” y yo seguía en la misma posición sin moverme “maldita sea” me digo, me sentí ridículo frente a una bella dama, habrá pensado que soy el más maricón de todos y que no soporto ningún dolor por mas insignificante. Subí mi pantalón abochornado, le di las gracias y ya no me quedó aliento ni valentía de soltarle una frase coqueta, solo arregle mi vestimenta y me fui.

Coincido con muchos en decir, que en si hacemos un comparativo en quien es más resistente al dolor, las mujeres se llevan todas las palmas, se llevan todos los laureles y es más yo les hago un podio, donde el primer lugar están ella, el segundo ellas, y el tercero ellas, y nosotros solo nos quedamos como unos espectadores aplaudiendo su premiación.