viernes, 29 de abril de 2011

Ana Paula.

Aún siento que fueras la niña que tuve en mis brazos hace ya varios años, estoy recostado en el sofá esperando por ti, dejando una luz prendida para que sepas que te espero. Ahora siento la angustia que decía sentir mi madre cuando siempre nos esperaba, cuando siempre dejaba notar la luz intermitente del televisor reflejarse por la ventana de la sala. Sé que no llegaras a esta hora, porque el permiso que te di, o el que me obligaste a darte con esos besos tiernos, dura un poco más, son las dos y veinticuatro de la mañana y ya quiero que sea la hora de tu regreso. Tu madre esta acostada en el sofá, no terminó de ver la película que nos propusimos ver, pero la despertaré a tu llegada, así me lo encargo antes que entre en su expectante sueño. Nunca te lo dije, pero siempre quise que tú fueras un hombrecito, un varoncito que prolongue el apellido Domínguez a través del tiempo, un machito para enseñarle a patear una pelota e ir a sus campeonatos de fútbol y gritar en el estadio, pero cuando te vi por primera vez solo di gracias porque hayas sido tú, porque fue un momento mágico en el que me hipnotizaste con tu hermosura, aún me tienes tonto desde esa tarde hija mía. Desde muy antes de que planeara tu llegada ya tenía tu nombre, Ana Paula, sería perfecta para ti, pero la verdad te digo, que es como si desde siempre ya hubiera conocido tu rostro y que el nombre hubiera tenido un celestial unísono contigo.

Tienes esa bella sonrisa que heredaste de tu madre, porque creo que la mía no le llega ni a los talones, tu sonrisa tiene esa llave maestra que hace que siempre te diga sí, que no soporte un minuto una negativa, que hace que el hombre de hierro que me suelo convertir por un instante para negarte algo, se convierta en el hombre gelatina que siempre asiente a tus pedidos. Aunque sé que tengo que cambiar eso, no es bueno que tengas todo, siempre es bueno lucharla un poco, tener ingenio, picardía y creatividad. Ahora tu mamá ha preguntado por ti, le digo que aún no llegas pero que no tardarás, me dice que le avise y se recuesta nuevamente en el sofá, suelta una leve sonrisa formándosele esos mismo hoyitos que se te forman cuando sonríes. Creo que sacaste mis ojos, y presumo de ello con la familia, creo que sacaste lo mejor que tengo hija, no son lo más top del mercado de ojos, pero se ven bonitos en tu rostro, no sé si en el mío pasará lo mismo, pero te cuento que muchas chicas me decían que tenía ojos grandes y profundos, no se a que se referían con profundos pero les creía.


Han pasado tanto tiempo hija, tantos momentos vividos, cuando dormías en mi pecho luego de ver los dibujos animados que tanto te gustaban, cuando hacías tus primeros trazos y escribías “papá” miles de veces y llenabas hojas y hojas, todas las tarjetas que me hiciste por el día del padre que aún las tengo guardas aunque te de roche que las muestre en reuniones familiares y estoy intentado no hacerlo. Tu bautizo, cuando tu tio te agarraba y te recostaba en la pileta mientras que el cura te regaba el agua por tus cabellos lacios hermosos, yo veía tus ojazos mirando a todos lados sin saber que pasaba, yo idiotamente agarrando una vela y mirando fijamente lo que sucedía, fue un gran día.

He pasado orgulloso cada etapa de tu vida, tu promoción en sexto de primaria, tu promoción en quinto se secundaria, y me da gusto que en el colegio hayas sido una chica tan responsable, diametralmente opuesto a mí, nunca te lo dije tan explícitamente hija mía, yo no fui de los mas aplicado en mis épocas escolares, eso creo que es otro aspecto en donde tu madre tuvo mucho que ver en ti. Mi época escolar a comparación de la tuya queda hecha una insignificancia, y me da un tremendo gusto que sea así, sé que no fuiste la número uno, pero fuiste una muy buena alumna, tanto así que ingresaste a la primera a la universidad (no diste revotes furibundos como yo, donde la universidad me di un sí a la tercera oportunidad) donde ya llevas un año y me digo, como pasa el tiempo, la verdad ya no quiero que crezcas más, ni yo quiero envejecer, pero sé que el tiempo no es benévolo y avanza y los slides de tu vida pasan en mi cabeza y puedo de sentir una mezcla de alegría y congoja, y agradezco a que Dios me haya premiado en tenerte a ti hija mía, de haberme dado la posibilidad de amarte, de protegerte y de escucharte decir desde pequeña, te quiero papi. Justo acabo estas líneas y escucho el taxi que te trae de regreso (porque ya no quieres que te vaya a recoger, si si, lo entiendo) tu mamá se ha despertado sin avisarle, creo que lo hizo instintivamente, veo como abres la puerta y me ves en mi sofá con el computador sobre las piernas, saludas a tu madre, te acercas a mí, me abrazas y me dices, Buenas noches papi mañana te cuento lo de la fiesta, - está bien hijita, buenas noches, te amo -