domingo, 27 de mayo de 2007

Insurreción

Es irónico todo lo que puedes hacer por el amor de una persona. Dibujos entupidos sin razón, mails con las más grandes cursilerías de todo el planeta, algunas sacadas de Internet porque a veces la inspiración no da (nunca llegue a ese extremo), canciones, miles de peluches, cartas por doquier, fotos a mas no poder (gracia al gran invento de la digital) y mensajes de texto a cada instante.

Son cosas que a la postre crees que alimenta tu relación, pero ¿hasta que punto? Hasta que punto sabes que todo lo que escribiste y lo que hiciste te formará una base para seguir adelante. Hasta donde sabes que el dibujito de ese perrito tan tierno hará que tu relación siga, acaso el perrito las morderá para que no te dejen, acaso el peluche de conejito hablara con ellas en la noche y parlamentaran de la situación, acaso crees que escuchara tu canción y querrá llamarte o mejor aun, que leerá tus mensajes de texto.

No utilicen tan indiscriminadamente esas palabras que suelen resumir todo nuestros sentimientos, tomen con calma ese rápido latir de su corazón, tomen con calma esa sonrisa que los puedes llegar a derretir, tomen con calma esas palabras tiernas de una voz tan dulce, tomen con calma esa mira fija a sus ojos, y suelten poca a poco las letras de un TE AMO, porque puede suceder que cuando estén en la letras M, apunto de terminar esa bendita palabra, el latir de tu corazón siga siento el mismo, ya no estará esa sonrisa que te hará derretir, ya no escucharas esa voz tierna susurrando y tampoco tendrás esa mirada fija en tus ojos y seguirás esperando a la persona que desee tener cada letra de un TE AMO.

sábado, 26 de mayo de 2007

A ellos o a mí

Así como el agua y el aceite, en nuestras relaciones con una chica hay algo que nunca se podrá juntar y que si eso llega a suceder, es seguro que tiene que haber una pelea o un conato de bronca.

Son tres elementos que si se te juntan un sábado por la noche, de seguro te llevaras un amargo sabor de boca. Porque la enamorada, los amigos y la cerveza, serán muy difícil que se lleven.

Es como un molde en toda relación, siempre que digas las palabras voy a reunirme con los muchachos empiezan las caras largas, muecas y gestos de disgustos. Cuando uno nota estos gestos en su pareja e interroga por su estado de ánimo, siempre esta la respuesta típica de toda mujer amarga: no tengo nada, seguida de monosílabos cuando quieres entablar una conversación. Esos son los indicativos seguros para saber que tu novia le llega y detesta que vayas a tomar con tus amigos.


La interrogante es ¿que hay de malo en eso? Y ellas sueltan la pregunta típica. ¿Pero que necesidad hay de tomar? No logran comprender que es algo, que va mas allá del entendimiento, que mismo neardenthals acudimos al llamado de nuestra tribu con la infaltable, y siempre, siempre infaltable cerveza.

Y en plena reunión, donde hay miles de bromas, risas y diversión, donde sueltas todo lo que no podrías hacer con tu enamorada presente, llega un mensaje de texto aniquilador, que te hace sentir algo culpable, que te diviertas pues. Obviamente esa culpabilidad dura poco y se va diluyendo con cara salud interminable.

Estando en una reunión de un amigo muy querido por toda mi Promo, me di cuenta hasta donde puede llegar el desastre de esta combinación.
Era su cumpleaños y obviamente mis amigos habían ido con sus respectivas novias. La reunión empezó a tomar forma, entre risas carcajadas, y algunas bailes, fuimos formando inconscientemente y de lo mas natural un circulo donde nos encontramos puros hombres, pero faltaba alguien. Lejos de nuestro bien formado circulo de varones, estaba un amigo al costado de su novia, era tan extraño, estaba tan lejos pero a la vez tan cerca. Hablaba con ella y con una mirada disimulada observaba ese grupo que lo llamaba y notaba que deseaba con ganas locas acudir al llamado de los tambores y gritos de su tribu, pero no lo hizo.

Estuvo ahí por un buen lapso de tiempo, pero ni bien su novia se fue al baño, aprovecho e instintivamente se acopló al grupo, fue una imagen en cámara lenta, esbozando una gran sonrisa, mientras daba un paso la sonrisa se hacia cada ves mas grande y su brazo se estiraba para coger aquel vaso de vidrio lleno de cerveza tan anhelado y decir esa bendita palabra que siempre da inicio a las faenas chupísticas:
SALUD

Luego de un tiempo, ella salio y sus manos se juntaron para dar fin a aquella ceremonia con esas 8 palabras fulminantes: a quienes prefieres a ellos o a mí.
Creo que esta de más decir por lo que opto mi amigo, además creo que seria innecesario ponerlo y devastador para él, pero ese es el resultado de querer juntar algo que nunca podrá estar en armonía.
Muchos artificios he presenciado para evitar una chupeta., pero uno de los mas ingeniosos y maquiavélicos fue el que le hicieron a un amigo. Nos habíamos reunido para conversar cuestiones de la promoción, por ningún momento paso por nuestra cabeza comprar ese bendito líquido, pero si, sonó su celular y era ella, preguntando ¿Que están haciendo? (porque hacen eso) y luego se oyó una voz tierna que decía: ¡Papito no vayas a tomar ya!, ¿que diablos puedes hacer contra eso?, escuchas esa voz de tu primogénito pidiéndote algo y lo único que te queda decir es SI HIJITO y esbozar una sonrisa por la astuta jugada hecha por su chica. Nunca utilicen la inocencia de un niño para tan vil propósito.

Quizás será una combinación que siempre nos traiga problemas, porque el amor de tu novia y el sentimiento de amigo de compartir una cerveza, en algún momento se encontraran y esas caras típicas también las veras y solo te quedará lidiar con esta combinación explosiva, algunos mentirán, a otros no les saldrá la mentira y les ira peor, porque aparte de que vas a tomar le mientes, lo peor de la vida para ellas, otros dirán la verdad y enfrentaran a esos dragones, pero lo que si nunca faltara es una cerveza alrededor de unos buenos amigos.

viernes, 25 de mayo de 2007

EL Tortugon

Era un día como cualquier otro, salimos de las clases muy cansados de fastidiar a los profesores y también de algunos momentos de estudio, que la verdad eran muy pocos. Tengo el recuerdo de todos los profesores que nos enseñaron esos 5 años de secundaria, algunos solo estuvieron con nosotros un años, otros dos y otros permanecieron los cincos años de nuestra estadía en esos salones del San Francisco Javier (colegios Jesuita ubicado en Breña, no muy conocido por la familia jesuita, pero sin duda uno de los mejores).

Recuerdos que van y viene de muchos profesores, pero recuerdo uno en especial, uno que se gano nuestro rechazo y repudio que poniéndome a pensar fríamente no se porque.

Corría el año de 1996, estábamos en tercero de secundaria, eran épocas de guerra, épocas de 05 en conducta, de condicionamientos por bajo rendimiento, de salones de recuperación (salón que cumplía la función de albergar a los alumnos que habían estado haciendo mas chacota durante el día) y de suspensiones.

Nuestro colegios tenia la sana costumbre todos los años de servir de escuela entrenamiento a futuros profesores, algunos de ellos eran graduados de la Universidad Católica, otros eran jesuitas que estaban en etapa de formación, etc. Ese mismo año entro un aspirante a jesuita, un patita medio regordete, blancón, pelo corto lacio y muy bonachón. La primera mitad del año observaba al profesor titular, observaba y estudiaba su metodología de enseñanza para luego él tomar la batuta del curso.

No se si no se dio cuenta o tenia muchos cojones, porque esa primera mitad de observación se tuvo que dar cuenta que no éramos una salón normal, sino que éramos un salón que estaban dispuesto a todo con tal de fastidiar. Quizá debió retirarse en ese instante o quizás no, en todo caso no se si por valentía o por cuestiones de reglas dentro de la congregación jesuita, se quedó con nosotros hasta final de año.

Desde los primeros días notamos un defecto físico en él, defecto que fue tomado para múltiples burlas y apodos, pero el que mas recuerdo y el caía perfectamente con su anatomía era TORTUGON. El motivo de su apodo era su falta de cuello, era una cosa impresionante, como entre su tronco y cabeza no había nada de nada, solo se notaba el cuello de la camisa, pero no más.

Creo que nunca se pudo imaginar que dentro de un colegio jesuita, en donde se supone que hay una disciplina estricta, podía haber un salón tan jodido como el nuestro, quizá maldijo al cura que lo mando ahí o se le cruzo por la mente colgar la sotana.

En su afán de parar a la turba enardecida de tercero de secundaria, tome una medida drástica, que consistió en informar al Padre Director de todas las palomilladas que hacíamos; grave error, pues con ellos lo empezamos a ver con muy mala cara. Lo que pasaba, era que estábamos en la mira del Director y esas acusaciones que se nos hacían acababan por hundirnos más.

Yo me sentaba en la ultima fila del salón, lugar perfecto para hacer cualquier travesura y esconderse rápidamente, desde ahí vi las distintas bromas que le jugábamos, como silbar cuando explicaba, bromear con el compañero del costado, tirar tizas por todos lados, llevar muñecos tortunijas y ponerlos en pleno salón, etc.
Lo que rescato de este personaje era su gran persistencia, porque después de una clase desastrosa, en donde solo el 0.1% del salón te ha hecho caso, regresaba a la clase siguiente con las mismas ganas de enseñarnos algo de historia, de lo cual nosotros no queríamos saber nada.

Para él era un día como cualquier otro; para nosotros era un día especial; para él un día en el que quizás nosotros estemos un poco más tranquilos; para nosotros un día en el que nos íbamos a divertir muchísimo, para el otro día de lidiar con esos mocosos, para nosotros un día que recordaremos siempre.

Es necesario que nombre a otro profesor, para completar la narración de este día tan especial, un profesor que ya es leyenda dentro de mi colegio, una leyenda viviente pues sigue en perfectas condiciones, laborando dentro del San francisco. Hago referencia a Julio Aguirre, profesor respetado tanto por mi promoción como por otras promociones, crecimos con sus historias espectaculares, que en otra ocasión contare, y con sus recordados adjetivos hacia nosotros.

Julio Aguirre era nuestro profesor de Biología y teníamos clase con él una hora antes de la gran clase de diversión, o sea Historia con el Tortugon. Lo que el profesor Aguirre propuso para su clase, era hacer almidón de yuca; que consistía en exprimir con una tela la yuca rayada y a partir de ello, salía un líquido que se usaba perfectamente como almidón. De por sí el salón se mostró reacio a hacer esa actividad, nos llegaba hacer cosas que demandaran mucho esfuerzo, particularmente me daba mucha flojera estar llevando yucas en mi mochila, pelarlas, rayarlas, mucha vaina.

Pero contra todo pronóstico el día de hacer almidón de yuca llegó, todos estábamos exprimiendo el maldito tubérculo hasta llegar a un punto que ya no salía mas líquido. Después que hicimos esta cosa de yuca, procedimos a la revisión de nuestro profesor, obviamente todos lo hicieron bien y nadie utilizo el líquido ese, que disque era almidón, lo botamos irremediablemente al caño, uno que otro lo llevo a su casa.

Al contrarios de esto, se utilizó la masa que quedó después de la exprimida, era un masa blanca que se adhería al objeto que se le lanzaba, Entonces nos dimos cuenta que en ves de tirar papel podríamos tirar yuca, QUE GRAN IDEA.

Y así fue, todos prepararon sus municiones para la siguiente clase, yo ya tenía una muy buena cantidad de masa acumulada, así que solo nos quedaba esperar a que el siguiente profesor ingresara y comenzara la clase.

A penas el Tortugon piso el suelo de mi salón, ya se escuchaban murmullo y risas, quizás porque mucho de nosotros auguraban una clase tan desastrosa como divertida. El profesor dejó sus cosas en el escritorio y empezó su clase, enseguida empezaron a volar las primeras masas de yuca.

Luego de tirar las primeras municiones de yuca, ya todo llego a un descontrol, todo el salón tiraba yuca a discreción, y llego a ser una guerra sin cuartel. Lo peor de todo, es que a diferencia del papel, la yuca manchaba tanto el piso como las paredes. Cada ves que Tortugon se volteaba escribir a la pizarra, empezábamos a tirar yuca a todo el mundo y tanto los uniformes como las paredes y el piso, pagaban los platos rotos. . Luego, y ya en el clímax de la guerra, ya no nos importó si el profesor estaba viendo o no, solo tirábamos yuca, si no nos veían, bien, y si nos veían, que importaba.

La verdad, era unos chiquillos irrespetuosos, esto no lo hubiéramos hecho con profesores como Aguirre ni Janet, que aunque muy chata, gozaba de algún respeto nuestro. Pero llámenlo destino o cualquier otra cosa, pero justo esa clase en la que teníamos planeado la diversión tuvo que aparecer él, el profesor menos respetado por nosotros y el más odiado.

Recuerdo que nuestros pantalones eran de ese color, si, si, ese color característicos de colegios nacionales; un color rata bien feo que al final lo llegué a querer; pero con la diferencia que no éramos un colegio nacional. Debido a los jueguitos con esa masa blanca, nuestros pantalones quedaron muy manchados, se veían muy sucios, pero eso no nos detuvo ni nos importó.

Seguimos vacilándonos y tirando esa masa, el profesor no sabía que hacer, ya tenía varios nombres en el parte. El parte era una hoja en la cual, por clase, se ponía a los alumnos que habían hecho desorden; y finalizado el día escolar, estos alumnos se quedaban en un salón vigilados por el Padre director para recuperar el tiempo perdido.

En esa clase mi nombre, obviamente, fue a parar a dicho papel, acompañado de muchos otros nombres como: Miguel Ángel Moreno, Luís Antonio Mendives, Marcelo García, etc. así seguía una lista que no tenía fin.

El profesor no sabía que hacer, si ponerse a llorar o ponerse a tirar yuca con nosotros, pero lo que hizo fue muy gallardo y un poco estúpido, siguió su clase como si no pasara nada.
Al verlo que seguía su clase como si nada pasara, nosotros empezamos a jugar con mucho más ganas, masa de yuca por acá, masa de yuca por allá, masa de yuca por allacullay, no me tires oe, ya te cagaste, sueva que ahí ta el Tortugon, te apuesto que no le tiras al profe, te apuesto que si la hago, a ver. Y así fue como el profesor entro en nuestro juego, primero fue una masa en la pizarra, luego otro poco, y asi entro a esta pequeña guerra (que se convirtió en grande) de yuquita.

Recuerdo que desde mi último asiento en la clase, se veía la pizarra llena de yuca, y el profe sentado en su carpeta, hasta que sonó el timbre de recreo, por su puesto nosotros estabas contentos de toda esta situación, pero el profe no se veía muy animado. Había rastro de yuca en su camisa, era el precio que tenía que pasar por ser uno de los profesores que estaban en nuestra lista negra y nunca llegó a congeniar con mi promo todo ese medio año.

Claro que este relato solo fue un día más de los muchos que le hicimos pasar, pero es el que más recuerdo y el que mas risa me da; rio mucho de la vehemencia de adolescente que no nos hacia medir nuestro comportamiento. Dicen que la adolescencia es difícil, el profesor habrá tenido que decirse eso múltiples veces esas dos horas de clase, porque no se como pudo soportarnos.

Cuando hablo con gente de mi universidad, siempre me escuchan y no creen que hayamos hecho todas esas cosas en el colegio, pero esta fue una de las muchas cosas que hicimos, una de las mas suaves, porque hicimos otras palomilladas que nos costo mucho.

Ya estando en la universidad, salimos con un amigo de mi promo y nuestras respectivas enamoradas a una discoteca, a disfrutar de un sábado por la noche. Luego de unas jarras de cerveza y unos bailes, él me pasó la voz y me dice que vea a la otra mesa, si, era él, nuevamente, después de tanto tiempo.

Estaba el Tortugon en una mesa con unas chicas y unos amigos, ¡increíble!, estaba tomando cerveza y pasándola bien con una flaca, quizá su afán. Nos acercamos a su mesa y nos saludo sorprendido y podría decir, que se alegró, Hola que tal, como están; bien todo bien, luego que conversamos un momento, supe que había dejado el seminario, y que ya no sería cura.

Todo en la vida cambia y todo en la vida sucede de la forma como menos lo piensas, pensé que no me saludaría o quizás no se acordaría de nosotros, pero nos saludo, que gusto verlos muchachos, y encima le dios gusto conversar con nosotros. Es extraño, después que le habíamos hecho la vida casi imposible a ese individuo, a él le daba gusto vernos, era increíble, pero comprendí que siempre supo que todo lo que hacíamos era parte de una etapa y también era parte de crecer.

Lo que si se, es que ese año no hubiera sido tan chévere sin su presencia. Si, le hicimos la vida imposible, pero también nos divertimos mucho, además que fue uno de los profesores que llego a ver a mi promo en su totalidad, pues muchos de mis amigos que estuvieron ese año, se fueron, y no por propia voluntad, pero eso es parte de otra historia.

Lo que me reconforta es que contribuimos a que el Tortugon se diera cuenta que ser cura no era su vocación.

Biografia

Son los pequeños detalles, las bromas o las excentricidades, las que te hacen recordar a una persona. Mi colegio tenía mucho de eso, tenía mucho y poco de todo. Teniamos al gordito bonachón, que un tiempo fue Cesar Longa, luego Glenn lo reemplazó; teniamos al negro, infaltable en toda Prom.; teniamos al loco, siempre tiene que haber uno, recordamos todas sus locuras y sus flemas; teniamos al flaco hasta las huevas, mas papa al caldo Jason; teniamos al chato, siempre alguien se queda en el desarrollo, una wada chumin; teniamos al otro chato, pero este medio pavo, un mate de risa sus pavadas, grande Jose Carlos; teniamos a un bembon, aunque muy raro, nuestra promo lo tenía; teníamos al que tenía granos como mela, pobre él, le agarro mucho el desarrollo, acnomel pues Saenz; teníamos al cabezón y no por eso era el mas inteligente; teníamos al medio extraño, pero te comprendimos Tachi; teníamos al pornero, cinco dedos de furia, donde estará Felix; teníamos a unos gemelos, grande ellos; teníamos al crespón, una vaina su cabello y amigo de lo ajeno, devuelve las cosas Raúl; teníamos al rarito, aunque nosotros teníamos dos, Marito y Marcelito, saaaauuuu; teníamos al cholo, infaltable, siempre mostrando las raíces; al lorna, pobre él, fue una etapa, te queremos Jairo; a la bestia, primero Parrales y luego Paulo lo superó con creces, nunca cambiara; teníamos al mongolito, piña los lentes engañan, grande Huguito; al manón, suave con el saludo tio; teníamos a otro gordo, una vaina Tío; teníamos al que se le trababa la lengua, pero de ahí te comprendimos, Grande Tao, él tenia su compañero de secretos, buena Piri, ahí se compendian; al panudo, osea loco soy Oscar; teníamos a otra loca, esta se creía Arman, mas maricona, hasta ahora se la cree, bien por él; teníamos a una ruca, nadie entendió la chapa, pero ahí quedó; teníamos al mongolón, que aunque diferente del primero, a veces se le escapaban las deyleriadas, tenía al pelucón, tremendo chozón, bien ahí, mas choza que cuerpo, teníamos al bocón, hermano del bembón, Bien ahí jhOOOOOOOmmmmm; teníamos al feo, un tiempo fue Villa, pero de ahí fue bien reemplazado por Alan, recordado cara de pie; tuvimos al nuevo, entro en 5to, pero siempre recordamos sus mil apodos, cara de triangulo, bien ahí; teniamos al niño modelo que fue seducido por las sendas del mal, Grande manga, teniamos al chino, siemple hay uno, te encantala, teniamos al orejón, bien por él, siempre escuchaba de todo; teníamos al narizón, aunque no se notaba mucho, había que verla con detenimiento, grande los dos, chompi y su nariz, teníamos a un pirañita, que aunque salió temprano se sigue recordando, bien ahí Cano; teniamos a la bruja, la promo tenia su lado esotérico, grande Yepez.
Y si bien , había de todo y todo diferente, blanco, chino, negro, chato, alto, etc, había un nombre que nos agrupaba y hacia que todas nuestra diferencias queden reducidas a cero, un nombre como San Pablo Miki. Nos hacia ver, que siempre hay amigos que jamás olvidaras, siempre hay amigos que por mas etapas que pases, siempre habitaran en tu mente y siempre esbozaras una sonrisa quizá por el apodo, o por alguna anécdota y sentirás que formar parte de la promo San Pablo Miki, fue la mejor experiencia que pudiste haber pasado. Feliz Día Promo. 06/09/98,99,00,01,02,03,04,05,06,07 ….
9 añazos Grande Miki.

La colaboracion mas cara

Estábamos en quinto de secundaria, habíamos alcanzado la cima de popularidad y la cima del poder. Todo lo que sucedió antes de llegar a quinto sirvió para que todo el colegio hablara de nosotros y alcancemos el grado de respeto que merecíamos. Éramos la promoción, que después de haber pasado por tantas penurias, por fin llegaba al sitio donde siempre debió estar.

Como era habitual, dentro de nuestra reducida promo, debía haber un tutor y por supuesto debíamos elegir al brigadier general, él era la autoridad dentro de todo secundaria y porque no decirlo, el ejemplo en primaria. La elección se hacía de la siguiente manera: Un 50 % de la elección estaba en mano de los alumnos, es decir nosotros, otro 50% estaba en manos del Padre Director y también se tomaba en cuenta las opiniones de los profesores. Una elección que nos parecía medianamente justa, porque juzgando por elecciones anteriores, no habíamos tenido tanto tino para elegir a los representantes del salón. Años anteriores elegimos a Jairo y Tachi como las personas que tendrían que imponer respeto dentro del salón, por supuesto, esto nunca sucedió. Recuerdo las amenazas que nuestro buen amigo Jairo recibía de casi todo el salón, cuando quería poner mano dura al asunto, bórrame del parte conchatumare, ni me apuntes oe; o de lo contrario hacíamos cosas mas prácticas como, zurrarnos en su autoridad y ayudados de un Liquid Paper, borrar el arduo trabajo de Jairo y de Tachi de todo el día, apuntando nombres y apellidos. Como previendo todo esto, el Padre Forno se atribuía un porcentaje igual en la elección, porque si no imagínense a Tachi en plena formación tratando de poner orden, o a Jairo en la misma situación, desastre total. Es por eso que juntando ambos porcentajes, salió el brigadier general, que fue nuestro muy recordado amigo Alejandro Del Pozo, que hasta ese momento su chapa se movía entre palabras como Choza, Chozón, Caballón, etc.

Alejo tenía todos los requisitos que se esperaba, es decir, tenía las más altas notas del salón (hasta ese año, porque de ahí mi querido amigo cara de triángulo lo relegó del primer puesto), en todo el transcurso de secundaria no se había metido en problemas tan sonados, como las llaves por ejemplo, salvo la pavada que hizo con Mico de escribir con spray los baños de primaria, y todo pandilleros ponen sus seudónimos recontra caletas y recontra desconocidos: EL MICO y EL CHOZA, osea nadie se daría cuenta quien fue. A parte de eso, Alejo, no se metió en problemas mayores.

Parece que por fin el padre dio en el clavo con alguien, porque el choza hasta ese momento cumplía sus deberes muy bien, no hacía ninguna palomillada, no hacía cosas que hagan pensar, tanto a los profesores como al padre, que elegirlo fue una equivocación. Seguía con sus notas destacables, para beneplácito de su familia, pero ya notábamos un cierto abuso y maltrato por parte de nuestro delgaducho choza hacia años menores. En una ocasión, estando en cancha, unos niños de primaria entraron al patio como queriendo divertirse en los pocos minutos que la cancha se quedaba vacía, puesto que nosotros aún conversábamos para luego elegir la gente. Alejo les grito diciéndoles que se largaran, pero la vehemencia y las ganas de los niños pudo más, así que entraron nuevamente, pero esta vez fueron recibidos por un pelotazo casual. Luego de este pelotazo, el niño se sentó en la clásica banca de cemento, ya que el pelotazo le estaba causando mucho dolor, cuando de pronto se oyeron los gritos de Alejandro diciéndole: Ya ves carajo, te estoy diciendo que salgas, ahora llora pes carajo, quiero que llores, obviamente desconcertados lo quedamos mirando, viendo como el niño se acongojaba más con los gritos de su brigadier general, quiero que llores, llora pe. Después de varios gritos, el niño se fue cabizbajo con una lágrima en su rostro. Con ello comprobamos que esto del puestito de brigadier ya se estaba yendo muy lejos, que aunque a nosotros no nos decía nada atorrante, se la agarraba con los menores.

Por ese tiempo se había puesto de moda, una respuesta muy particular a cualquier petición o favor que nosotros hacíamos al compañero. De seguro todos la van a recordar, era una respuesta que rayaba en lo grosero y vulgar. Obviamente, esta respuesta solo la hacíamos entre nosotros, y a uno que otro alumno de distinto año que conocíamos. Esto estaba prohibido a profesores o a cualquier persona que podía tomar represalias, obviamente Alejo no se percató de esto.
Cualquier pregunta o petición al compañero como por ejemplo: Oe préstame tu lapicero, en el acto la respuesta era la siguiente: que te lo preste este, o por ejemplo; oe alcánzame el cuaderno, que te lo alcance este. Y este se refería a la sorPRESA Ustedes ya saben qué, no hay necesidad de decirlo. Y estas respuestas iban seguidas de las gesticulaciones recontra obscenas, haciendo el amague de enseñar la sorPRESA.

Sinceramente no me acuerdo los meses en que este gran suceso tan divertido ocurrió, pero era una época en la que alumnos de nuestro colegio colaboraba con la recolección de fondos contra el cáncer, o algo por el estilo. Los niños de primaria salían por todos lados con sus latitas para pedir una colaboración para tan noble causa. Estos chiquillos osaron pasar las rejas que daban a secundaria y empezar a pedir a todo los alumnos que se encontraban en nuestro patio. Pidieron a alumnos de tercero, de cuarto, y por supuesto a los jóvenes de quito de secundaria. A muchos de nosotros llego un niño, mostrando su lata tratando de sacarnos unas monedas, y fregando nuestra paciencia con su latita, pero la situación estaba muy critica, mas en esa época y recibió una negativa de casi todos nosotros.

Hasta que unos de estos niños, se le ocurrió una gran idea, mostrar su latita a este alumno que tenia cara de dadivoso, de seguro el niño pensó, este patita le enseñará a toda esta sarta de insensibles (nosotros) que es tener un buen corazón. Y dando pequeños y temerosos pasos, con cierto cuidado de hablarle a este alumno tan alto, se acercaba cada vez más a nuestro amigo Alejo. Ya estando frente a él, le mostró su latita y le hizo la pregunta que jamás deseo haber hecho. Podrías colaborar, a lo que nuestro gran brigadier general le respondió, que te colabore este y obviamente seguido de la ya clásica gesticulación obscena, como mostrando la sorPRESA. Claro, Alejo se encontraba acompañado de un grupo del salón, que segundos después de esta broma, se rieron, celebrando la gran burla de este nuestro gran brigadier.

La pregunta es, que habrá pasado por la mente del pobre niño, que después de una respuesta tan vulgar, se vio sumergido en las risas burlonas de los demás amigos de ese, su Gran brigadier. Se habrá preguntado, ese es el ejemplo que debo seguir, que se habrá creído este flaquito ahora lo acuso, solo quería diez céntimos, se han burlado de mi, ¿le digo a las profesoras lo que me han hecho?, sí les voy a decir tantas cosas que pudo haber pensando el pobre niño, en el transcurso del patio de secundaria al patio de primaria. Mientras que todos jugábamos y le sacábamos el jugo a nuestro recreo, el niño aquel que fue maltratado por nuestro gran brigadier, le contaba con lujo de detalles lo sucedido a las profesoras, estas profesoras que años pasados nos formaron y nos despidieron de primaria, dándonos una gran agasajo. Ellas ahora escuchaban horrorizadas, la grotesca broma que uno de sus ex alumnos, había cometido.

El timbre sonó, las bromas y los chistes se acabaron, para reanudarlas en el salón. Todos los años entraron a sus respectivos salones, entre murmullos y risas subíamos las escaleras, para ocupar nuestros asientos en ese nuestro recordado salón. Nos acomodábamos y Dante Hurtado, tutor de la promo, nos hacía poner de pie para recibir a nuestro profesor. Pero algo ocurría, algo andaba mal, el profesor entró, alumnos buenas tardes, un profesor de primaria desea hablarles, nosotros estábamos desconcertados, ya estábamos en quinto de secundaria a puertas de salir, qué podría querer un profesor de primaria en nuestro salón, muchos sentían miedo, es que ya estábamos medio traumados por todo lo que habíamos pasado, otros se miraban las caras. Hasta que el profesor entró, era Julio, un patita regordete que fungía de profe de religión. Nadie entendía nada y empezó el sermón de las mil horas, como es posible alumnos, ustedes que deben dar el ejemplo, están mostrando esta conducta incorrecta e inapropiada para un menor de edad, debería darles vergüenza, siempre los hemos educado con valores bla bla bla bla, que diablos estaba pasando, a que venia todo eso, nadie sabia nada, pero una persona si sabía muy bien de lo que hablaba, pero se quedaba callado, se cubría dentro de la muchedumbre. El profesor, este niño ha visto a uno de ustedes hacerles un gesto vulgar, ¿uno de nosotros? Pero ¿Quién?, todos se miraban, como muy pocas veces, ahora si nos encontrábamos desconcertados, porque en realidad no sabíamos quien era. La mayoría de veces, todos estaban enterados quienes habían cometido la falta, para las llaves, todos sabíamos quienes habían sido, pero ahora no sabíamos absolutamente nada. Cada cara era de desconcierto, cara miraba se cruzaba con la del compañero, unos miraron a Coco, otro miraron a Víctor, otros miraron a Mario, otros miraron a Raúl, etc., así cada miraba acusaba al amigo mas cercano, luego se escucharon los murmullos, quien fue quien fue, ¿tu fuiste on?, pero nadie daba con el culpable.

Luego de varios minutos, Julio optó por hacer pasar al testigo, QUE PASE EL NIÑO AGRAVIADO, y pasó aquel niño que ahora era la víctima de aquel muchacho grosero y sin corazón. El niño mientras daba pequeños pasos, miraba detenidamente a todo el salón, como buscando al culpable. Julio le dijo, pasa fila por fila y señala al muchacho que te dijo eso. El chiquillo pasaba cautelosamente mirando el rostro de cada uno de nosotros, yo sé que cada uno sabía que no había sido, pero no me digan que no sintieron temor al ver esa mirada acusadora pasar por nuestro costado, yo se que pensaron, ahora este chibolo falta que se equivoque y me señale, pero el niño tenia bien gravada la cara de aquel individuo. Pasó fila por fila, hasta que paró en una de esas filas, de verdad di un respiro tranquilizador porque el niño, no estaba ni cerca de donde me sentaba. Él se paro justo en la fila en la que se encontraba. Mario, Paulo, César, Archi y nuestro gran brigadier, y poco a poco alzó el dedo acusador y pasó lo que nadie esperaba, el dedo señalaba a nuestro gran brigadier y todo el mundo quedó asombrado, ¡el brigadier general había enseñado la sorPRESA a un niño se primaria! Se notó la sorpresa de los profesores, y el estupor de Alejo, fue tanta su desesperación, que obviamente negó todo con preguntas como: mira bien ah, estas seguro que soy yo, mírame bien ah, te has confundido, sabes quien soy yo, pero más que amedrentarse, el niño seguía señalándolo. Julio se sorprendió y dijo, el brigadier general ha sido, luego de ello Alejo salió con el profesor y el niño hacia la oficina del director. Obviamente, después de la impactante noticia, caímos en la tremenda carcajada, era muy chistoso recordar a Alejo increpando al niño a que mira bien su cara para saber si se equivoca. Todo nos reímos de Alejo ese día y producto de ello nacieron muchas chapas.

Lo impresionante es que tanto le impactó lo sucedido al niño, que después de fácilmente una hora se acordaba de esa cabellera en forma de choza, ese mentón recontra acentuado y esa cara de caballo que creo nunca se le borrara de la cabeza.

No sabemos lo que pasó en la oficina del director, pero lo que si sabemos es que Alejo, pidió disculpas a casi todo el colegio, pidió disculpas al niño agraviado, al Padre Forno, a todas las profesoras de primaria, que tan buena imagen de tenían de él, a Lauretti, a Chavela, a Martha, también pido disculpas a la señora Rosita, a Javier, a Guillermo, al carpintero, a Pedro Cordero, es decir, Alejo se derramaba en disculpas a todo el mundo para subsanar la tremenda falta cometida.

Ya al día siguiente, como dije, muchas chapas cayeron sobre nuestro gran brigadier Alejandro Del Pozo, primero alguien se aventuró a decirle Michael Jackson, por la reconocida pedofilia de este personaje y por ahí de ves en cuando se escapaba un AAAUUUUU dentro del salón. Otro le dijo el monstruo de breña, otro por ahí le puso Jesús, esta es la chapa que más causó risas dentro del salón, todos preguntaban porque Jesús, y otro dijo, DEJAD QUE LOS NIÑOS VENGAN A MI, las carcajadas no se hicieron esperar y las caricaturas referentes al tema tampoco.

Ahora el niño aquel será todo un joven, estará en la universidad o quizás aun en el colegio, habrá seguido una carrera o estará trabajando, nadie puede saber eso, pero lo que si les aseguro, es que aquel niño jamás volvió a tocar una lata para pedir una colecta.

COLOFÓN

Se que muchos de ustedes no vivieron estos momentos por motivos X que nos separaron, pero al narrar esta historia quiero que la sientan suya, sientan que estuvieron ahí, dando las mismas carcajadas que nosotros dimos, porque la promoción siempre fue UNA.
Gracias Promo.