miércoles, 26 de noviembre de 2008

Sabios ingredientes


Sin un adiós ya se que esto tiene un fin de la cual no tendré parte, solo me queda seguir buscando un amor del cual no tendré que agobiarme ni esperar un lejano final feliz, seguir mis pasos y sin buscar nada encontrarlo todo, porque fue así como llegaron los amores que marcaron mi vida. Cuando menos tenia la intención de buscar a alguien llegaba, mi corazón solitario daba un giro de 180 grados y se posicionaba en el libre mercado del amor.

Cuando algo no va mas no se porque siempre me dicen la ridícula frase tu te mereces a alguien mejor, debo confesar que esa ridícula frase se la dije a mi primera enamorada para calmar esa sed de culpa que me carcomía y tratando de ocultar mi frialdad hacia ella, es como si a tu perrito, a tu mascotita le rascaras la cabecita y le dijeras tu te mereces un dueño mejor, si el perrito hablara diría lo que yo hubiera querido decir cuando me decían esas ridículas frases, tu y tu frasecita estupita pueden irse a la madre porque yo no quiero alguien mejor simplemente te quiero a ti.

No se porque esa frase siempre se apodera de mis últimos encuentros con chicas que quise, supongo que muchos les paso lo mismo. De que realmente llegará alguien mejor, no tengo duda, pero te cierras la puerta a lo que puede ser mejor en ese momento y tu sabes que lo mejor es estar con ella, quizás sean solo un deja vu de esos labios y de esa mirada que en ese momento te vuelven loco.

Creo y con experiencia participante que el amor o lo que sea que sintamos en ese momento por alguien se esfuma, requisitos básicos y poderosos, tiempo y lejanía. Definitivamente me ha pasado. Cuando junte esos poderosos ingredientes en mi fallida relación todo cambio, los recuerdos cesaron, las ganas locas de llamar todos los días se disiparon, las ganas de verla se fueron por el inodoro y yo quede listo, purificado de ella, como si el chaman del norte me haya hecho un limpia a profundidad, me haya escupido el agua con olor a saliva que escupe a todos y me haya hecho olvidarme de ella.

Lamentablemente o quizás gracias al Poderoso volví a caer en el hoyo amoroso, lo bueno de eso es que supe que todo el feeling dulcete de enamorarte se puede volver a repetir y si eso pasa es indiscutible que el olvidar también puede suceder, solo es cuestión de mezclar sal convertida en tiempo y pimienta convertida en lejanía (ningún contacto ni telefónico, ni mensajes, ni saliditas de seudo amigos)

Ahora preparo la olla común donde meter esos dos ingredientes que siempre van acompañados de ajinomoto (para que le de gusto) convertido en esos apreciados amigos de tertulias y juergas inolvidables que nunca te dejaran.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Ironía

Es valido desnudar tus sentimientos. Aún con la resaca de una noche en donde comprobé lo irónico que puede ser la vida, lo falsete que puede ser una ceremonia y todos los secretos que puede haber tras un cliché romántico, quedé sentado con un pucho en la mano, revestido con corbata y saco para la ocasión con sentimientos encontrados y situaciones que son el polo contrario a lo que detrás de una mascara se vive. Comenzaba la noche y luego de una espera a la llegada de los novios quedé sentado junto a mi amigo, mirando a la chica que había soñado conmigo un sueño, que había llorado con mis letras perderse en ese grupo de chicas que esperan en un bouquet ser las próximas en un matrimonio. Ahí estaba yo, sentado y mirándola como ella entre todas las chicas esperaba ese buque, aun con mi pucho en la mano deseaba con todas las fuerzas que no la agarre, que ese bendito bouquet se pierda entre los aires del local, que se desintegre con algún aire enrarecido, que vaya a manos de otra fémina que no me interese, por la que no tenga un gusto tan desenfrenadamente loco.

Cuando el bouquet estuvo por los cielos, haciendo caso omiso a mis ruegos y pedidos iba tomando una curva marcada hacia ella., poco a poco el bouquet y ella se acercaron de una forma inusitada hasta que en un instante ella lo tenía en sus manos. Con esto comprobé que mientras mas desees que no pase alguna cosa, ten la certeza que va a suceder, que contra todo pronostico sucederá y maldecirás el momento.

Ella tenia el bouquet, yo sentado en mi mesa con corbata, saco y con el cigarro en la mano la miraba, vi como ella se acercaba a su novio, sonreía y ambos miraban el mágico bouquet que lo uniría en un futuro, los amigos a su alrededor los fastidiaban diciéndoles que serian los próximos en casarse, yo seguía con mi pucho en la mano con saco y corbata, sonriendo mas irónicamente, mi amigo que conocía mi idilio me miraba, yo imperturbable con mi cigarro la miraba fijamente, mientras que ella seguía recibiendo las risas de las amigas alrededor. Su pareja sonreía más que ella, ella soltaba sonrisas tímidas quizás por el peso de mi mirada, él dejaba notar su alegría extrema porque ese día el azar le sonreía. Cuando pasaron por mi mesa, ella volteo a verme, yo le asentí con la cabeza y la mire riéndome de lo falso de la situación, de lo irónico de la vida, de lo farsante de un cliché, de lo escondido y sórdido de un amor. Se tomaron fotos con dicho bouquet y me preguntaba como una imagen congelada puede mostrar todo y a la vez nada, puede mostrar una felicidad sin saber que hay detrás de sonrisas y risas, de bouquets, de novias, de amigas.

Detrás de ella estaba mi imagen, del pata con saco y corbata, que tenia un pucho en la mano, que la miraba sin pausas y que ella en un momento de la noche no pude contener las ganas de mirarlo, de sonreírle y de decirle con la mirada que deseaba irse con él, sin importar el fantasioso futuro que le depararía ese bouquet.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Ella y yo.

Mientras caminábamos por la calle, ella me decía que había descubierto muchas trabas y baches para que lo nuestro tenga un final feliz. Mientras me las nombraba iba esbozando una sonrisa pues las mismas trabas ya se las había nombrado en otra oportunidad.
El punto es que venimos de mundos totalmente distintos, ella de un mundo mucho mas acomodado y yo, chico de barrio, que aprendió a sobrevivir entre la jungla de calles, esquinas, murallas y que disfrutó cada segundo en su barrio

Cada uno fue forjando su mundo del que emergen miles de diferencias, ella de un colegio exclusivo de San Borja en donde su auditorio podía tener fácilmente el perímetro de mi patio principal, yo del San Francisco Javier colegio jesuita de Breña, en donde pase quizás los años más excepcionales de mi juventud.

Mientras que ella disfrutaba de diversión en el Daytona, nosotros nos refugiábamos en quinceañeros de Breña, Jesús María y San Miguel; mientras ella disfrutaba de salidas a KFC o Pizza Hut, yo me comia varias papitas rellenas de la Tia Papa que le encontrabamos siempre a la salida dispuesta a matar nuestro hambre. Salía con sus amigos por calles llenas de verde esperanza, calles calmadas, sosegadas y silenciosas, yo esquivaba esquinas como el Cruce (punto de encuentro de barra de la U) tenía un cuidadoso caminar por calles asfaltadas y sigilosamente custodiadas por barristas que de la nada me agarraron bronca.
Mientras ella, en su exclusivo colegio, disfrutaba de talleres de Banda (yo tan BANDAlico rompía las chapas de los salones de mi colegio) de Pintura (sin un profesor y a punta de carboncillo hice mis primeros trazos artísticos en una pedazo de papel y llené con Sprite algunas paredes) de Danza (sólo observando daba mis primeros pasos de salsa, porque en mi barrio si no bailas salsa estas perdido).

Ya en quinto se secundaria, ella en su fiesta de promoción en un club exclusivo de San Isidro, yo en el local de mi amigo en Pando. Ella en su fiesta adornada con el más fino buffet mientras que en mi mesa las meriendas aún faltaban completarse puesto que la señora Moreno aún no había traído las presitas de pollo que le tocó traer para armar nuestro buffet. Me imagino que las diferencias en esas fiestas fueron abismales, sin embargo creo que ambos disfrutamos esos momentos, yo con la chica que me acompañaba, ella con el chico que escogió mirando los dos la luz de la Luna reflejada en la piscina y yo mirando el patio de mi amigo mientras veía el lento caminar de su mascota, la tortuga Dorotea.

Ella mientras disfrutaba de su viaje de promoción en las ruinas de Machu Pichu yo caminaba estupefacto por las partes amarillas del pasto de Barba blanca, club inhóspito en Santa Eulalia al cual mi profesor nos llevó, quizás algo engatusados con su discurso. Mientras ella veía las piedras de los doce ángulos yo sacaba las doce piedras del pasto para poder montar mi campamento el cual fue llamado Tiwinza por los parches y cortadas que tenia. Mientras ella disfrutada de ricos tragos en su lujoso hotel mi amigo juntaba nuestras monedas para que veinticuatro energúmenos sedientos tomaran algo más de una caja de cerveza, quizás un ridículo vaso y medio por casa uno, sin nada mas que poder ingerir solo dejamos que pasara el día, entre juegos de naipes y mentadas de madre. La veo a ella disfrutando de una rica y deliciosa piscina, mientras que yo no me atreví a entrar a la piscina de mi club porque el descuido que aquel hueco lleno de agua, al que llamaban piscina, era tal que alucinaba encontrar serpientes o algún animal mutado al fondo, un perro cocodrilo, una cuculí piraña, qué se yo.

Ahora ya mas grande conozco el mundo donde ella se mueve, con el pasar de los años esas fronteras que se encontraban cerca de mi barrio se fueron expandiendo, mi distrito empezó a ser reaplazado por San Borja, San Isidro, La Molina, Miraflores y fue donde la conocí, donde ella supo que existía, que existe un mundo mas allá del suyo, que el destino nos junto y ese momento sin saber si nuestros mundos puedan conciliar nos dimos un beso y me abrazo fuerte como si no mi viera en muchos días, yo la abrace mucho, porque a pesar de todas las diferencias que hemos pasado, esa noche el mínimo común múltiplo de nosotros se resumió en un te adoro. Lo común que ahora nos une dentro de tantas diferencias es que ahora ella me necesita en su mundo y yo más que nunca la necesito en el mío.


jueves, 6 de noviembre de 2008

La cita del blogger

He tenido encuentros virtualmente armados, encuentros con chicas del chat (cuando el chat era un boom) teniendo como resultado un fiasco tremendo, lo que comenzó tan vertiginosamente bien y que se vislumbraba excelente cayó en el charco de un decepcionante encuentro real. El problema, creo, se suscita cuando creemos encontrar la imagen ideal de la chica que aún se halla en nuestra cabeza, cuando creemos enamorados o cuando creemos tener un encuentro romántico con aquellas féminas que no conocemos en absoluta, pensando que el destino ahora jugó a tu favor. Siempre iba con ese plan a algún encuentro y mientras más iba por lana, salía trasquiladazo.

Después de los desafortunados encuentros nunca más volví a ver a aquellas féminas, salvo una chica con la que aún tengo algún contacto por el MSN. Me es impresionante como la chica que encontré un día frente a la entrada de mi universidad después de un largo periodo en el chat (encuentro también desafortunado), haya encontrado el amor, ahora haya realizado su sueño gringo, que viva en Vermont y que ya tenga varios meses de embarazo. Como digo el destino y los amores son así de complicados, para ella su amor no se encontraba en un ventana de chat, ni se encontraba en un encuentro furtivo en calles limeñas, mas bien se encontraba a miles de kilómetros pasando por México y llegando a la tierra del tío SAM. Muchas felicidades Norma sigue haciendo de tu vida algo excepcional, son los sinceros deseos de un amigo que, a pesar de nuestro encuentro, siempre fue virtual.

Ahora ya no entro a los chat y me inmiscuyo en el mundo de los Blogs, algo que llena mucho más que un chat, sin hacer preguntas tontas y goyitas como el ¿Qué haces? o el ¿Cómo eres? etc. etc., puedes conocer a la persona tan solo leyendo las cosas que tenemos la suerte, desean compartir contigo.

Sin planes tan exquisitos y sin ninguna afán extra amical me encontré con una Blogger ya pasados algunos meses, fue un encuentro casual en donde nos sentamos a conversar en una cafetería de mi universidad, sin darme cuenta ya la conocía (y viceversa), el haber leído cada post me hizo conocerla más y aquel encuentro fluyó tan bien como si fuera una amiga que ya conocía tiempo. Con Chio no experimentamos el lastre amoroso que lleva cada encuentro con alguien que solo conoces virtualmente, sólo nos sentamos y nos cocimos, las letras que algunas vez leímos en nuestros respectivos blogs ahora se hacían palabras fonéticas, era como si el mismo protagonista de los textos que leíste tantas veces te las estuviera leyendo exclusivamente para ti. Le comenté mis amores, de cómo comencé esta aventura blogger y ella hizo lo propio, nos dimos cuenta que a parte de bloggers, de haber estudiado la misma carrera, de haber estudiado en la misma universidad, también teníamos ese corazón algo carcomido por las experiencias que todo blogger suele tener cuando se sienta en su computadora y empieza a teclear un texto.

Esos minutos juntos a Chio indagamos nuestros carcomidos corazones, le comente futuros post y de la incertidumbre de sus publicación, soñó conmigo futuros inciertos y yo me di cuenta que sin esa carga amorosa con la que iba a encuentros virtuales gané mucho más, colmé muchos mas mis expectativas, conocí a una amiga. Y aunque desde ese día no nos hemos vuelto a ver supe, que sin planes de ir por lana, tuve en frente mío la lana mas fina que pude haber encontrado.
:En la foto con Chio (la chica del reflejo) en la rotonda de la facultad