martes, 25 de agosto de 2009

Volver parte 4. Cruzando caminos.

Nos recostamos en su sofá, prendimos el equipo de sonido con un volumen moderado, por esos tiempos canciones de los adolescentes y otros grupos juveniles rondaban las emisoras radiales, teníamos la música como una canción de fondo, ella se sentó a mi lado y se recostó sobre mi pecho, yo la abracé.

R: K esto es realmente perfecto
Volteó me miró a los ojos y me di un beso. Aún seguía recordando la miel que tenía sus labios, de como todo se tornaba de una atmosfera narcótica que siempre ella hizo que nazca. La abracé muy fuerte y no quería que ese sueño, realidad, o lo que sea se acabe.
K: Unas chicas del colegio me preguntaron si yo estaba contigo
R: ¿Qué si? ¿Quiénes ah?
K: Unas chicas de cuarto (cuarto de secundaria)
R: Tu sabes eso pasa por estar con un chico famoso jaja
K: Anda sonso

Por ese tiempo nuestras preocupaciones se resumían de quien está con quien, o desde cuando estas con esa persona, era la comidilla de la semana, tanto en su colegio como en el mío. En mi colegio, a esa edad recordé que ya todos sabían mi gusto por K, pero no solía admitirlo, quizás por el miedo al roche tan latente a esa edad o por el sencillo hecho de que no me gustaba hablar de amores o no tenía un vocabulario para ello. Me contaba de todo, de sus clases

K: Mira mi prueba
R: Asu está bien buena nota (ella era mucho más aplicada que yo en el colegio)
K: Si y eso que no había estudiado mucho
R: Si la verdad es que yo tampoco estudio mucho pero como que mis notas no son tan altas, los profesores no me comprenden jaja
K: Jajaja seguro ¿no?
R: De hecho prefiero estar contigo mil veces, que estar estudiando esas cosas que en el futuro no me servirán de nada. Algoritmos, geometría del espacio, esas cosas. Bueno me servirán para entrar a la universidad. Pero lo que más deseo ahora es estar contigo, que me abraces y que me hables al oído.

Se sorprendió, seguro porque a mis dieciséis años, no podía unir palabras ni frases, ni hablaba más de cinco minutos seguidos. Ahora ella veía a otra persona enfrascada en un delgado muchacho con cara de niño que le gustaba tanto. Creo que escuchaba de mi todo lo que siempre quiso escuchar, y yo le decía todo lo que siempre le tuve que decir.

R: En verdad, siempre doy gracias por haberte encontrado en ese encuentro juvenil, de haberme quedado a pesar de lo aburrido que estaba, de haberme atrevido a besarte y que no rechazaras ese primer beso, de haberte dicho para estar contigo y de que me hayas hecho descubrir algo.
K: ¿Que te he hecho descubrir?
R: Has hecho que descubra el amor hacia ti, creo que hay personas que por alguna razón son parte de ti, que se comprenden sin una explicación, y en ti lo he encontrado. K a pesar que los años pasen quiero que recuerdes que siempre te voy a tener presente.
K: Te quiero mucho, pero porque me dices eso parece que estuvieras despidiéndote.

Sabía que del tiempo de donde venia K y yo ya no seguiríamos, que acabaríamos por las estupideces de chiquillos que yo cometí. ¿Podía cambiar algo con todo lo que ahora le decía a K?

R: ¿Qué crees que pasará con nosotros más adelante? (Sabía que ella más adelante estaría con otro muchacho, que tendría una linda bebe con él y que nuestros caminos no se cruzarían mucho)
K: No lo sé Raúl, solo sé que te quiero mucho, que te adoro como no tienes idea, y que por mas años que pasen siempre estarás en mi corazón. Ahora solo eres tú Raúl, y quiero que siga así.
R: Ahora también eres solo tú K. Mira no sé cuando tiempo este acá -me miró con extrañeza- pero sólo quiero que el momento que me quede sea para ti el mejor y que tengas siempre este recuerdo.
K: ¿Qué? ¿a dónde te vas?
R: jaja a ningún lado, solo dime que si y que me quieres
K: Si y sabes que te quiero mucho, te adoro.
R: Mañana a ver si te busco ojala que la monja no me bote
K: La madre Konce o la madre Josefina.
R: No sé las dos iguales, son monjas y botan a su projimo jaja
K: jaja

La abracé y estuve toda la tarde con ella, llegó su tía, la saludé, me miraban con una cara de extrañeza y solo me quedó sonreírle.

Regresé a casa, cené lo que mi madre había preparado, un rico puré con pollo frito, eso era algo que no había cambiado, mi madre cocinaba tan rico como siempre. Luego de desparecer el pollo frito y el puré, entré a la computadora y no pude hacer lo que rutinariamente haría, no había MSN, ni Hotmail, ni facebook, me metí el aburrimiento del planeta.

R: ¿De qué sirve una computadora sin internet?
: Y para que quieres internet (mi hermana que estaba sentada en el sofá viendo una telenovela)
R: Para estar conectado con el mundo, los amigos, tu sabes…
: ¿Qué hablas oye?

Mi hermana no entendía lo que le decía, era tan neófita en el asunto, que seguir hablándole del tema sería en vano.

Curiosamente a las 10 de la noche me dio sueño, mi insomnio ya no existía, ahora dormiría mis ochos horas reglamentarias, agarré el control del televisor y noté lo reducido de los canales, sólo había canales nacionales, el zapping habitual que duraba un tiempo regular, lo hacía en segundos, 2 – 4 – 5 – 7 – 9 – 11 – 13…y el infaltable Uranio 15, 2 – 4 – 5 – 7 – 9 – 11 – 13 -15, dios que aburrido. Después de miles de zapping, el ojo izquierdo comenzó a caer, trate de mantener el derecho un tanto abierto pero fue inútil, me fui a mi cama pensando que cuando despertara todo sería tal cual, traté de mantenerme despierto, quería saber cómo era la transición, el paso de un época a otra, pero no pude, mi cuerpo se desvanecía, mis ojos se cerraron, y mi mente se nubló.

Al día siguiente todo sería igual, el mismo rayo de luz entrando por el tragaluz algo lleno de tierra, las mismas paredes, el mismo poster, mi hermano recostado aferrándose a sus frazadas, lo gris de mi habitación y mi contextura delgada. Me levanté y seguía la rutina clásica de cualquier día por la mañana, ducha, alistarme, desayuno, caminar por las húmedas calles de breña hasta llegar a mi colegio. Otra vez mis melenudos amigos me saludaban, de repente todos voltearon, agarraron la pelota y tiraron un furibundo cañonazo hacia el buen Guillermo, eterno conserje de mi colegio. Obviamente el pelotazo no era dirigido a él, sino al costado, era solo para fastidiar, para asustarlo, aunque muchas veces no teniamos mucha puntería. Él nos miraba muy amargo y nos mandaba sus frases que siempre terminaban con un carajo. Qué te pasa CARAJO. Chumin CARAJO. No jodas CARAJO. Cogimos nuevamente el balón e hicimos el queco de volver a patear, él se acercaba a nosotros, con su debilucho cuerpo, que parecía casi desaparecer ayudado de ese viejo polo que era talla L creo.

Me acerqué a saludarlo, de todo el tiempo que pasé en el colegio, Guillermo llegó a ser un icono para toda mi generación, si bien lo fastidiábamos, creo que el grado de respeto que le llegamos a tener, fue una retribución por tanta ayuda prestada y por su fiel trabajo y su fidelidad a nuestra esencia siempre jesuita.
Me acerqué porque me dio gusto ver a mi flacuchento amigo conserje, le quise dar la mano y el desgraciado me recibió con un escobazo

R: ta mare carajo que te pasa, te voy a saludar
Guillermo: Ándate a la remierda oe (frase célebre del buen Guillermo)
R: oe guille de mierda, no jodas, te voy a saludar y me friegas con tu escoba.
Guillermo: Tan que joden pe CARAJO.
R: Yo no he pateado la pelota
Guillermo: Chumin CARAJO. (algo mas calmado)

Bajó la guardia, aunque aún con cautela, su escoba la tenía a un costado pero me tendió la mano algo dubitativo
R: Hola Guillermin, que gusto saludarme chochera, sigues igual de flaco como te dejé. Tranqui compare que no te hare nada. (vivía algo paranóico). No te olvides nunca de mi promo.
Guillermo: Si tan que joden como voy a olvidarlos pes CARAJO.
R: jajaja Claro Guillermo gracias por todo

Guillermo se extrañó de mis buenas frases hacia él, de tirarle pelotazos botando su recogedor, a decirle gracias había bastante trecho, por eso me dio gusto mirar una sonrisa, algo tímida, dibujarse en su rostro.

Entré a mi salón a mi acostumbrada bulla matutina y a la joda, a los ojos con legañas, vi el calendario y dictaba viernes catorce, extrañamente di otra salto al tiempo, esta vez algo más pequeño. De nuevo a las clases, dimos una práctica de historia que sin estudiar la di bien, mis clases en la Trilce, que por esa época se supone aún no existían, me sirvieron de mucho, aseguraban un 17 o 18.

Dejé de jugar un recreo y subí a la biblioteca, quería buscar alguna explicación de lo que me había pasado. Lo vi al Quijote (el bibliotecario), un señor flaco, viejo y tan jodido que consigo cargaba todo el repudio de los alumnos de mi colegio. La leyenda contaba que acabadas las clases y las hora de atención de la biblioteca, el Quijote, cerraba la puerta, sacaba las revistas porno, ocultas estratégicamente en un lugar ultra secreto de la biblioteca y daba rienda suelta a su lujuria, se complacía en su soledad, en términos bibliotecarios, tenía su propio sistema manual para la satisfacción literaria.

R: Profe voy a sacar unos libros un toque
Quijote: ¿Qué?
R: Otra frase no congruente - dije en voz baja – es decir voy a leer un rato.
Quijote: Pasa pues.
R: Todo esto sería mucha más fácil con Google.
Quijote: ¿Qué?
R: Nada profe.

Busqué en los clásicos libros de CÓMO CUÁNDO DÓNDE Y POR QUÉ. Libros chéveres que no me dieron ninguna respuesta. Después de buscar libros de historia rápidamente, busqué en un libro de inexplicables sucesos, en un capitulo decía lo paranormal. Saltos al tiempo. Leí rápidamente una parte que me interesaba:

Es posible que el conflicto entre este tiempo cósmico o universal y la cronología humana sea la causa de los extraordinarios, fenómenos denominados "lapsus temporales" o "saltos en el tiempo", en los que dos aspectos o dimensiones de éste parecen funcionar simultáneamente: el sujeto puede hallarse viviendo en el presente y en el pasado (o, en algunos casos, en el presente y en el futuro) al mismo tiempo. La experiencia suele ser, por lo menos, desconcertante, y a veces confusa y alarmante.

Bueno en conclusión decía que si era posible, el timbre sonó tan chillón como de costumbre. Y sí, la experiencia me era desconcertante pero a la vez excitante, me gustaba. No mencionó el tiempo que me quedaría atrapado en este presente, solo supe que esto no era un sueño, que no duraría mucho y que bueno tenía algo de locura en mi cerebro.

Salida. Timbre. Apanado a J. Formación. Salón de recuperación. A casa.

: oe hoy al quinceañero del Patro
R: Claro de hecho ahí nos vemos.

Echado en mi cama, me plantee algunas cosas que quería saber. Que sería en estos días de la chica que rondaba mi cabeza antes de llegar a este año 98. Me aliste busque mis bolsillos, mi billetera y solo me alumbraban dos poderosos soles. Qué diablos voy a hacer con esto. Recordé el viejo truco del adolescente desesperado.

R: Mamá dame tres soles pues.
: Para que quieres
R: Ya pues mamá
: Dime para que és
R: Voy a ir a la casa de una amiga por acá por la Católica (Si le decía más lejos iba a morir)
: ¿Qué amiga?
R: - Maldición ya basta, esto no me gustaba de haber regresado – Se llama Roxana (cualquier nombre)
: Ahí está mi monedero saca.
R: Otra cosita mamá, en la noche tengo un quinceañero de una amiga del la hermana de M.
: ¿Y?
R: Y voy a ir pues
: ¿Voy a ir? ¿Y quien te ha dado permiso?
R: Ups. Ete (A esa edad había que pedir permiso y en casos extremos suplicarlo) Ya pues mamá
: No sé que venga tu papá

Eso me hizo recordar que me iban a tenerme en una peloteadera alucinante pero que al finla me iban a dejar.

Saque los tres soles y me plantee ir a La Molina, mas lejos no podía elegir el distrito. Se supone que de ahí unos años más adelante mi tía construiría su casa y la chica que me gustaría por mis épocas veintisiete añeras también vivía por ahí.

Combi hasta la Marina, de la Marina un carro que vaya todo Javier Prado. El tráfico era mucho más pesado, yo no tenía mp3, y escuchaba a Chacalón y la nueva crema de la radio de la combi. Todas las calles estaban distintas. Aún no se hacia la vía expresa de JP, y todo era un tramo recto, El CC Jockey Plaza no estaba tan constituido y se notaba dos tiendas muy grandes a cada costado, estaba la U de Lima algo menos perfecta, no estaba el Icpna y mi carro seguía. Noté claramente la Av. la Molina, en vez que ese globo de Metro que me daba la bienvenida, estaba el globo de Wong.

Crucé y me bajé en el mismo paradero de siempre. Caminé unas cuantas cuadras y me quedé parado con mi figura delgaducha en la esquina de su casa. Estuve por un rato ahí, esperando que algo cósmico pasara y que quizás me cruce con ella, después de unos minutos me vi tan ridículo, parado sin saber si ella aún vivía ahí, ni saber que horarios tenia o si se había ido de viaje o qué se yo. Di media vuelta y me fui de nuevo a tomar otra vez la combi y pasar por el mismo trance.

Cuando regresaba, vi que se acercaban una chica y un chico, ambas con ropa escolar, ella con una linda falda escocesa, el con cara de ganso característicos de chicos de camisa con ridículas corbatas. Pensé que serian dos escolares más, cuando se acercaban noté que una de ellas era I, notoriamente más joven, un tanto más delgada, con su hermosa piel morocha, se veía bastante linda con su uniforme. Obviamente para esa época ella no tenía ni idea de quién era, ni tenía idea de que de ahí a muchos años aparecería en su vida, quizás para complicarla un poco. Mientras más se acercaba, noté que sus cachetes tenían la misma descomunal fuerza magnética conmigo, me encantaban, al igual que sus ojos algo chinitos. Pasé por su costado, ella y sus dulces trece años me quedaron mirando, yo y mis dieciséis hicimos lo mismo. Ya a unos pasos de distancia ella volteó a verme, quizás creyendo conocerme yo hice lo mismo, pero ni siquiera hice el esfuerzo de hablarle, nuestras mundos tenían que seguir tal cual, perfectamente paralelos, el tiempo ya se encargaría de juntarlos otra vez, o quizás no.

Me gustó que voltee a verme y me dé una de sus fulminantes sonrisas, sabía que algo dentro de ella le decía que me conocía, pero aún a ella le faltaba vivir tanto como a mí. Apuré mi paso y regrese a mi casa. El quinceañero me esperaba.
Prometo que ponto la quinta y ,espero, ultima parte. Prometo una mejor foto.



Poco a poco - Torbellino

Canción que K me cantó al oído, minutos antes de irme de su casa. Era todo perfecto.

domingo, 16 de agosto de 2009

Volver Parte 3.

Entró mi profesor de religión, estaba tan delgado, y con esa misma voz chillona de toda la vida. Primero nos hizo rezar, recordé que era la rutina que seguía todos los días. Nadie dejaba de hablar en el salón, yo solo me reía, parecía un alumno nuevo, me sentía algo extraño, conforme pasaba el tiempo, empecé a disfrutar cada joda, ya había olvidado de lo tan jodido que éramos.

Pasaba la clase de religión con la reflexión del día, leer un pasaje de la biblia y poner lo que pensamos de ella en un papel. Sentí que me llamaban golpeándome la espalda


M: Oe won, que lectura era
R: Puta on, no sé ni lo que dijo, con la justa escuche el rezo
M:oe lechugon, que lectura es
Lechugón: pera acá lo tengo, Mateo 3 versículo uno, habla de Juan Bautiza de la venida de Jesús. ¿O sea la venida del won de alejo pes?

M: se empezó a matar de risa y yo también, nunca había olvidado que a mi amigo le decíamos Jesús por motivo muy graciosos..
Alejo: Ah pendejo eres.

Se levantó de su asiento y empezó a lapear a mi amigo, era tan divertida la situación.
Siguió la clase de religión y Alejo se para y sale del salón para tocar el timbre, él era el brigadier general y uno de sus funciones aparte de estar parado a la derecha del director en cada formación, era tocar el timbre cada recreo.

Todos en fila saliamos del salón, dejábamos las carpetas y caminábamos hacia el patio. Muchos de nosotros no bajábamos, nos quedábamos ahí, en el segundo piso, en la puerta del salón como haciendo notar a todo el colegio que quinto de secundaria está ahí. Otros se iban a la sala de profesores quizás a intercambiar opiniones o rogar por una nota, otros se iban a la cancha de básquet y otra vez un duelo con la gente de cuarto de secundaria. La cancha de básquet no era de parquet ni nada, digamos que era mi mismo patio de fulbito solo que de forma horizontal y dos aros nos respaldaban la idea de imaginarnos una cancha con todas las de la ley. Me llamaron nuevamente a jugar, también sabia jugar básquet pese a mi estatura no tan bien dotada como otros amigos.

Después de varios idas y vueltas y canastas, acabó el juego y fuimos al segundo piso donde se encontraban todos los muchachos. Todos parados formando un circulo a la expectativa de algo, no comprendía que sucedía, luego vi que dos de mis amigos movían una carpeta y la ponían a un extremo de la clase, comprendí y recordé rápidamente, era la carpeta de J el eterno lorna de mi salón. Ya con el tiempo las bromas muy acidas que le haces a una persona no suelen parecer muy graciosas sin embargo no puedes evitar dejar escapar una sonrisa cuando dejaban la carpeta lejos de su sitio y llevaban el tacho de basura a rosear su contenido por alrededor dejando el tacho encima de su asiento.

Cuando llegó hizo toda la rutina que recordé siempre hacia, primero buscar la ubicación exacta de su carpeta, segundo despejar el área de todo la basura existente, tercero, sacar el tacho de su asiento, cuarto, mover la carpeta a su sitio, quinto, sentarse y mirar como todos reíamos. Sí, la verdad noté lo crueles que éramos y lo palomillas, siempre recordé que él era el que pagaba pato de todas nuestras ganas impetuosos de fregar la pita. No hice nada para que esto cambiara, todo debía seguir su curso, sabía además que muy por el contrario de lo que pensábamos en esa época J sería uno de los miembros del grupo que siempre estaría en todo las posteriores reuniones de la promoción, nunca falló en ningún evento, extrañamente encontró en nosotros a verdaderos amigos, a pesar de todo lo basura que pudimos ser con él. Dejé que todo pase como debería.

Luego entró a clase él, la legendaria leyenda de mi colegio, el hombre que no envejecía, el hombre que había peleado con un tiburón, que había saltado tan alto que llegó al segundo piso de un edificio, el hombre que fue mejor futbolista que Lolo y Cubillas, el hombre que le había ganado a la fuerza de un huayco, el señor que nos narraba cada historia espectacular desde que estábamos en primero de secundaria, recordaba a la perfección su caminar, como tiraba su cuerpo hacia atrás, y como en una pasarela parecía pedir permiso a las losetas de mi salón, dando paso a su caminar elegante y medio reptilito. Se recostaba sobre su silla y tiraba en su pupitre nuestras pruebas mensuales, acá están sus cachivaches, quería soltar una tremenda carcajada, estaba viviendo de nuevo ese pasaje en donde entregaba nuestras desastrosas pruebas y se mofaba de ellas. Llamaba a cada uno, entregando las malas y limitadas notas que sacábamos.

JA: Domínguez

Me levanté de mi carpeta y me dirigí hacia su pupitre. Vi como miraba con desprecio mi nota y me la daba. Yo sonreía a pesar del 8 que había sacado

JA: Y todavía te ríes
R: No profe, es que estaba recordando sus historias
Todo el salón se carcajeó. En esa época, aunque gozaba de popularidad dentro de mi reducido salón, nunca había hecho comentarios tan atrevidos a los profesores.

JA: A ver si recuerdas así los temas de las clases, vaya a su asiento

Regresé a mi asiento con la misma sonrisa, no me importaba mi prueba desaprobatorio, luego le di una ojeada y la vi tan sencilla que supe que las posteriores prácticas tendría definitivamente mas puntos.

JA.: golfos, comechados, sus cerebros estas carcomidos por el germen de ignorancia. (…) Ustedes son más flojos que la mandíbula superior.

Que genial escucharlo decir lo mismo que nos dijo por espacio de cuatro años, genial que sus palabras hayan calado en algo en nuestras vidas, y que al menos lo recordemos por esos discursos lapidarios e irreverentes. Su extraño rostro en forma de reptil me daba mucha gracias y me alegraba de que este ahí, dictando una clase que creí nunca podría revivir.

Recreo nuevamente, básquet otra vez, no podía creer mi estado físico, inquebrantable, seguía corriendo como si fuera el primer partido y ya me estaba jugando como cuatro.

La última clase fue con nuestro tutor, G. Abogado que nos hacia miércoles todos los días. Entre a mi querido salón, me senté en mi añorada carpeta y luego estuve atento a escuchar sus palabras. Después de una larga conversación empezó a decir lo que estaba esperando.

G: No sé para que van a estudiar si acá no rinden, de verdad traten de buscar algo más sencillo, ustedes no son para la universidad, no le hagan gastar plata a sus padres, tienen que ser sinceros consigo mismo, ustedes están para otras cosas, no los veo estudiando cinco años más.

Otra vez mi sonrisa y quería decirle que a los chiquillos que hablaba serían de acá unos años, todos profesionales, que muchos saldrían graduados de la misma universidad que él habia graduado, que nadie se quedaría sin un cartón en sus brazos de las prestigiosas universidades. Creí saber lo que hacía, nos retaba a hacer lo contrario, pero sin embargo no me pude aguantar las ganas de decirle Leguleyo cubriéndome en el cuchicheo del salón, él solo reía.

Salí de esa clase, estaba tan alegre de poder visto a muchos de mis profesores, de haber conversado con ellos, de revivir sus clases rayadas y tan enriquecedoras que quería no acabaran.

De nuevo en el patio de mi colegio, de nuevo la formación, eran casi las dos de la tarde y ya había que regresar a casa, de nuevo con mi mochila artesanal y conversando con mis amigos.

:Entonces vamos el viernes ¿no?
R:Bueno normal vamos pes (recordé que no era tan sencillo en esa época salir y polular por calles y fiestas, había que tener la venia de mi madre)
:Ya entonces el viernes somos
R: Ya chochera quienes van
:el sapo también fácil va

Usualmente en quinto se secundaria los quinceañeros eran auspiciados por la hermana de mi amigo, chicas de tercero de secundaria del patrocinio que veían en nosotros a chicos mayores y más atractivos que chiquillos de su mismo año.

: ¡ya! hoy hay cancha ¿bajas a jugar?
Quería decir que si, mis pies se empezaron a mover cuando supe que íbamos a jugar una pichanga, pero más pudo mis ganad de ver a K.

R: No causita me voy a ver a K
:Puta on la cagas, recontra pisado

A diferencia de otras veces y con todo el sentido que tenía de mis veintiocho años, no me intereso en absoluto las burlas.

:Te veo mal broder
:Recontra perro

R: Bueno si pes, pisado, además mírenlo de esta forma, vamos a tener aparte de este día miles de ocasiones para jugar, campeonato de ex alumnos y demás. (Sabía que nunca dejaríamos de encontrarnos, por eso quería darme esta tarde porque moría por ver a K)

Fue muy extraño ver la cara de impávidos de mis amigos por lo que decía, fue un minuto de silencio, nadie habló nada y sólo me miraron, y después siguieron diciéndome pisado y sus derivados.

Acabó la formación y mi director nos decía que ya deberíamos estudiar mas, que el año se acababa.

JF: ya queda poco, santa rosa, señor de los milagros, navidad y se acaba el año

Recordé eso, tenía las fechas exactas que resumían y hacían tan corto el año, que no pude evitar grabármelas en mi cabeza otra vez, para decirme que el tiempo se pasa cual tren bala. Llamó a los que se quedaban en salón de recuperación (salón que servia para recuperar los, segundos, minutos, horas que habíamos perdido durante el tiempo en el colegio).

R: menos mal que no me llamó
JF: Rompan filas

Salí por la puerta de madera del portón que daba a la calle que se llama Fulgencio Valdez, me fui con mi amigo M que su casa quedaba camino a la mía. Cuando salía vi a C irse con R, por ese tiempo aún no nacía la mistad que al salir del colegio llegamos a tener. Sabía que ese chiquillo flaco y con su prominente labio inferior seria mi amigo del alma y me acompañaría todos los años después de salir del colegio. A los segundos se acercó M y me dijo

M: oe won mao por ahí
R: ya pes vamos.

Camino a casa conversamos de las chicas, no recordaba ni un carajo los nombres salvo el de su hermana y el de la chica que por ese tiempo afanaba pero aún no quería admitirlo

M: nada on no pasa nada
R: Te apuesto que estarás con ella y es mas seguirás con ella por un largo largo largo tiempo
El me miró extrañado por lo seguro de mi aseveración, por lo rayado de mi pronóstico, parecía un Nostradamus escolar, tan seguro de lo que decía, en mis tiempos él seguía con ella, la novia del colegio, con la que en ese año estaría.

M: Nada on tas loco

Quería apostarle algo pero me pareció que tenía mucha ventaja sobre mi amigo, sabia que iba a pasar con su vida en los próximos doce años, así que apostar era sinónimo de ganar y de trampa.
Llegué a mi casa comí apurado, me cambie las prendas escolares, por inercia busqué en el bolsillo de mi pantalón buscando mi celular, no hallé nada, en esa época nadie tenía celular, no había internet y por ende no recordaba ningún número del teléfono de K. Solo atiné a decirle a mi mamá.

R: Mamá voy a la casa de K ya vuelvo
:¿Quien es K? (nunca había hablado de K en mi casa, ellos creían que nunca tuve enamorada cuando estaba en el colegio)
R: Mamá K es mi enamorada
: ¿Enamorada? Ni sabes lavar tu ropa y ya estas pensando en enamorada
R: No sabré lavar pero ella es mi enamorada.

Mi mamá se sorprendió de que yo dijera eso, nunca era de hablar de esas cosas, creo que fue la primera vez que dije en mi casa tantas veces enamorada. Sin embargo, me dejó salir. Recordaba a la perfección la casa de K, así que me dirigí allá.

Cuando me bajé del micro, crucé la pista, caminé unos pasos, entré en el laberinto de Palomino que siendo un laberinto tenía muy bien recordado el camino que me llevaba a su casa. Toqué el timbre y salió su prima V. Me miró muy seria.
R: Hola q tal V estará K

Me miró con cara de pocos amigos por la forma como le hablé, debí recordar también que yo para V en esa época era tan extraño como el panadero de la esquina. Con V después de años pude forjar una buena amistad, pero por esa época me veía como el petiso flaco y con cara de niño de primaria que buscaba a su prima.

V: Un ratito

Quise dar un paso porque pensé que me dejaría entrar, pero sin vacilar me hizo esperar en la puerta.

Esperé unos cinco minutos y salió K. La miré como si la mirara por primera vez, estaba tan hermosa, con ropa hogareña sin embargo eso no mellaba en nada lo bella que se veía, con su cabello negro y lacio, con su rostro angelical y su sonrisa que me hizo llegar al cielo. Cruzó la puerta de madera, caminó por el pequeño patio, me miró y me dijo Hola, mientras trataba de abrir la puerta de la reja que nos separaba.

R: Hola mi amor

Se sorprendió de mi saludo, creo que a mis dieciséis años esas palabras de amor no salían por tan fácilmente de mi boca., por eso se quedó tan fría cuando le dije amor.
K: No me avisaste que venias
R: No tengo que avisarte, simplemente necesitaba verte.

Abrió la reja y la abracé y besé sus labios, después de haber vivido once años sin tener contacto con ella, nuevamente la besaba y quería que ese extraño viaje nunca termine. Todo el mundo parecía perfecto cuando estuve a su lado. Mi beso se extendió por un tiempo, no quería dejarla de besar, parecía que ese día fuera el último que viviría a su lado, así que quise tener el sabor de sus labios por mucho tiempo. Besaba tan bien, con tanta delicadeza y con el fuego de la ilusión de chiquillos que aun éramos. Me separé de sus labios, mis brazos rodeaban su delgada figura y me miró con sus ojos tan llenos de sinceridad y de amor por mí, besé sus mejillas y le dije:

R: no sabes cuánto he esperado esto, no sabes lo mucho que te adoro y con todo mi corazón deseo que tu imagen nunca se aparte de mí.
K: te quiero mucho Raúl. (Algo extrañada por mi forma tan fácil de expresarle lo que sentía)

Y me seguía abrazando, yo la abracé y quería protegerla de todo, nadie existía para mí cuando sentía su cuerpo junto al mío, me sentía tan bien de oír sus palabras decirme nuevamente que me quería

R: Ahora te diré todos los días que te quiero, que te adoro que te amo.

En mis frágiles dieciséis la palabra te amo era nada recurrente en mis amigos ni en mi, pero se lo dije porque mi corazón saltaba tanto y tan rápido que necesitaba más palabras para expresarle lo que sentía.

K: También te quiero, te adoro y te amo Raúl. No sé qué te ha pasado, ayer no estabas así.
R: Creo que tuve un sueño y en mi sueño tú no estabas y todo me salía mal, creo que es por eso
K: No se si sea el sueño o no, pero me gustas que me digas esas cosas que aunque sabía que las sentías no las escuchaba
R: Ahora las escucharas mucho, tanto que me dirás que me detenga.
Me agarró de la mano y entramos a su casa. Estaba entrando a su sala y mi corazón no dejaba de brincar como loco.
Próximamente en sus cines más cercanos la parte cuatro.

lunes, 10 de agosto de 2009

Volver 2. Como si fuera ayer.

Ya me había olvidado de cómo el reducido patio de mi colegio parecía explotar de alumnos, algunos alumnos de promociones me miraban, ahora los recordaba con más detalle, en su momento no me hubiera importado mucho ni percatado de ellos.
Me gustaba estar de nuevo en ese patio descolorido que había sucumbido a los días lluviosos de ese notorio invierno. Como era lógico algunos se sorprendieron que llegara tan temprano, recordé que ese no era una de mis virtudes en el colegio. Yo me sorprendí mucho de verlos, estaba tan anonadado, que cuando estrechaba sus manos lo hacia férreamente probando quizás que no estaban en un estado gaseoso. Estaba el Nero, Hugo, el Pelao, algunos de mis amigos de salón que llegaban temprano. Vi el aspecto que tenían, veía sus frondosas melenas con corte hongo simulando quizás a un grupo salsero de muchachos adolescente, Vi que empezaron a llegar conforme pasaban los minutos, estaba tan emocionado de ver a mis amigos nuevamente, si bien nunca perdí contacto con ellos, era una sensación increíble verlos ahí, tan chiquillo, tan escolares, tan jodidos, haciendo bromas, fastidiando.

:Habla chumin (asi me decia la gente de mi promo y hasta mi actualidad lo hacían)
R: Que hay tio
: ¿Tio? (La forma de hablar por esa época era evidentemente distinta, trate de amoldarme como pude.)
R: Una forma de decir pe chochera
:oe y vas a ir al quino del viernes de las flacas de tercero de Patro (Patrocinio de San José, muy conocido colegio de mujeres)
R: (qué decir) No se voy a ver si me dan permiso
: Bacan. Va a estar chévere.
R: Bien y a ver quien más vá.

Luego me llamaron para jugar fulbito contra la gente de cuarto de secundaria. Sí, recordé muy bien que aprovechábamos cada minuto para jugar fulbito, les digo que si de todas maneras y empiezo a correr por el patio lleno de charcos de agua por la lluvia matutina. Era increíble volver a jugar con mis amigos de antaño, si bien aún seguía jugando con ellos antes de este día, ahora era especial, estaba jugando con amigos que se no sabían que su destino estaba fuera de estas tierras. Era especial pisar el patio que en la actualidad de mi época nos iba a ser esquivo, que nos cerrarían las puertas como extraños, como si toda nuestra vida no la hubiéramos pasado acá. Disfruté cada minuto de esa mañana, aunque aún no recordaba cómo jugar con zapatos de colegio, me las ingenié, sentía mis pulmones tan despejados y me sentía bastante ligero, de seguro porque a esa edad aún no tenía en mis pulmones el humo destructor de los cigarrillos. Gol tras gol mostrábamos la superioridad que teníamos.

Cuando llevaba el balón por banda, esquivando a un rival y un charco de agua peligroso, veo que entra por la puerta de fierro de mi patio el director de mi colegio, mi corazón salto de alegría al verlo, su imagen inquebrantable, su caminar lento y seguro por todo el patio, me quede petrificado al verlo, mi corazón latía a mil, me quitaron el balón y nos metieron gol, ni las mentadas de madre por parte de mis compañeros pudo hacerme entrar en razón. Me llené de nostalgia y alegría al verlo, el día antes de ese retroceder, mi director ya llevaba varios meses de haber fallecido, hecho que llenó congoja a toda mi promoción, ahora lo veía tan erguido, con un semblante de siempre, inspirando un respeto de todo el colegio. Una lágrima cayó y sin que recorra mucho de mi mejilla la sequé rápidamente antes que alguien se diera cuenta, ahí estaba nuevamente la imagen que tantas veces respeté y respeto, cruzando tan seguro sus dominios, subiendo por las escaleras al segundo piso y con su voz enérgica diciendo: con todos descaaaaaanzo.

Todos se paraban de las bancas, guardaban las pelotas, y empezábamos a formar, luego
Jorge: Ahora rendiremos honores al pabellón nacional

Dios, todo era como lo recordaba, tan idéntico, visiblemente real, y empecé a cantar en voz alta, luego todos voltearon a mirarme por la estupidez que hice, debí recordar que nosotros nunca cantábamos solo balbuceábamos el himno nacional, creo que nos demandaba mucho esfuerzo o quizás no queríamos arruinar nuestra mañana con tan horrendo cumulo de voces.
Después de tan desganado cantar cada fila pasó a los salones. Cuando avanzábamos pasamos por el lado del director, salí de la formación y sin pensar en las cosas que debía respetar de esa época, me acerqué a él y le dije.

R: Buenos días, Jorge (como le decía en mi actual condición de ex alumno)

Él se extraño, porque solo ex alumnos de confianza le decían así, lo trataban de tu y lo saludaban por su nombre, en nuestra condición de alumnos le solíamos decirle Padre.

Jorge: Buenos días Chumín (algo extrañado, creo que nunca nadie le daba los buenos días)

Él me puso ese apodo, así que era justo que me diga así. Me alegró tanto verlo, estrecharle la mano, saludarlo, era la imagen de una de las personas que más respeto, que había fallecido y que por cuestiones que no entiendo le estaba dando la mano otra vez y con mi mirada diciéndole que nunca dejaré de respetarlo y recordarlo.

Luego de saludarlo entre a mi salón, de forma pausada porque me emocione tanto volver a entrar a ese salón, de color verde agua con un zócalo algo grande pintado de verde esmalte algo brilloso. Cortinas marrones y esas ventanitas verdes (que en conjunto formaban todo un ventanal) por las que tenias una vista panorámica a la siempre divertida avenida Venezuela. La pizarra era tal cual la recordaba, empotrada contra la pared, con un marco de madera, dos florecentes, un papelógrafo de algo de matemática pegado en la pared, el periódico mural siempre hecho un desastre, un cuadro con la imagen de la virgen María y otro de San Francisco Javier colgados encima de la pizarra y mis muy recordadas carpetas, un tanto quiñadas, con asiento movible, de una sola pieza, incomoda para algunos, estratégicas al momento del plaje para otros. La carpeta del profesor de madera, que estaba por encima de todos levantado por un altillo, desde esa posición el profesor tenia la vista de todo lo que ocurría con nosotros.

Estaba tan emocionado, que mirada cada detalle de mi salón. Mire el calendario de mi salón, y entre tanto pintarrajeo divise que me dictaba martes once de agosto del año 1998. Sobé mis ojos y miré nuevamente, no había duda estábamos en el 98 y yo estaba en quinto de secundaria.

Cogí nuevamente mi mochila artesanal y recordé claramente donde era mi asiento, en la pequeña fila de la izquierda del salón, justo al lado de la ventana, delante de M y atrás de E S.

Ese día la pasé espectacularmente. Ya había pasado una clase, la de literatura con la profesora J, con mis amigos jodiéndome porque por su baja estatura decían que era mi mamá. Las clases me parecieron sencillas, la experiencia de lo que yo había vivido me seguía, así que cada cosa que decían mi profesores ya lo habia escuchado antes, sólo apuntaba para recordar. Teóricamente diría, que en el salón, había chicos de quince y dieciséis años y yo era el único que ya tenía encima tres ciclos pre universitario, una carrera universitaria y sabía lo que era trabajar.

Quería disfrutar todo esto, aun quería ver a todos mis profesores, quería también acabar el día, ir nuevamente a mi casa, y volver a ver a K, una idea que no quitaba de la cabeza a pesar de los mágico de este día.

Cuando estaba en clase mi amigo me prestó un audifono de su wallkman (asi se escribe creo) me hizo escuchar esta canción y me dieron más ganas de ir a ese dichoso quinceañero.


Los Pericos - Maravillosa - Dj Dero & El General

Mas pronto de lo que creen la tercera parte.

domingo, 2 de agosto de 2009

Volver. Parte 1

Me desperté y aun tenía ese letargo características cuando me levanto, no quería salir de mis siempre abrigadoras frazadas, y por más que me esforzaba porque mis músculos corporales no se movieran, la responsabilidad del trabajo pudo más. Cuando abrí mis ojos, mire a todos lados, mi ojos no daban crédito a lo que veía, estaba en mi antigua casa, eran las antiguas paredes de mi cuarto, mi hermano se encontraba dormido a mi costado y yo no podía creerlo. Estaba muy desconcertado porque esas paredes ya no deberían existir y mi hermano no debería estar durmiendo apaciblemente en mi cuarto, porque simplemente él ya estaba casado. Volteo hacia mi pared y veo pegoteado el poster gigante de Alianza Lima, todos una pared con un poster que se formaba con laminas de tamaño a4, mi desconcierto se incrementa, trato de ver la hora y me topo con ese horroroso despertador de metal que no veía desde años luz, no le di mucha importancia porque vi que me indicaba las siete de la mañana, por la ptm otra vez tarde. Toda mi casa era como antes, el mismo amplio comedor, la gigantesca mesa, el pasadizo que dejaba pasar la lluvia de la noche anterior.

Todo era tan idéntico, pensé primero en un sueño, cosa que descarte cuando mis manos calientes palparon lo gélido del agua. Junté un poco de agua entre mis manos y la llevé hacia mi cara, al momento de levantarme vi mi rostro en el espejo y había cambiado, era mucho más delgado, mi pelo largo y lacio cubría parte de mi cara, tenía dos barros prominentes en mi cachete izquierdo y mi estatura no era la misma.
Mientras miraba estupefacto mi rostro rejuvenecido, mi padre me dice.
: Tan temprano levantado
R: ¿Temprano?, es un cuarto para las siete, voy a llegar tardazo (para ir al trabajo esa hora es de más tardísima)
: ¿Tarde?, si entras a las 8.
R: Por eso pues.
: O sea por caminar unas cuadras te vas demorar más de un hora
R: Un par de cuadras Son más de un par
: Ya bueno bueno, sal del baño que lo necesito.

Luego de esperar a que mi viejo salga, pensaba que el duchazo matutino me regresaría a la realidad, y mi preocupación cesarían, mis asombros y sustos se atenuarían, pero mientras estaba en la puerta del baño esperando al viejo, mi mamá llegó, pegué un salto y mi mama me miró con extrañeza,
: Qué te pasa oye
R: Nada chata nada.
: Tu pantalón y tu camisa están en la pancha.

Seguía mirando a mi madre sin creerlo, muchas de sus arrugar se habían desparecido, las primera canas que notaba antes de despertar en este limbo ya no existían y me recibía esa mañana algo apurada porque el desayuno aun no estaba listo. Entré a la ducha y parecía que nada cambiaba, que lo frio del agua no me hacia reaccionar y que todo era como antes. Salí de la ducha, esta mi hermana que se preparaba para ir a la universidad, mi hermano que hacía lo mismo, mi papá que presuroso preparaba sus cosas para ir a trabajar. Todo estaba mal, antes de despertar en este día tan extraño, mi papá ya estaba jubilado mi hermana y mi hermano ya se habían casado y ya no vivían con nosotros, pero ahora todo había cambiado, todo volvió a ser como antes. Ya no se qué época era, ya no sé si estaba en un mundo paralelo o si mi mente había creado todo este teatro de falsos recuerdos.

Fui a buscar mi ropa que mi madre me había dejado en el planchador y me encontré con el mismo pantalón color rata que usaba en el colegio, y una diminuta camisa que creí no me iba a entrar. Me lleve las prendas a mi cuarto, pensé que el pantalón me iba a reventar pero me quedó perfectamente. Lo que me preocupaba era la camisa, la veía muy pequeña, sin embargo encajó sin problemas, mi contextura definitivamente era más delgada.

Estaba nuevamente con mi uniforme de colegio, sin comprenderlo supe que nuevamente estaba en el colegio, que nuevamente todo se repetía, no sé qué evento físico, químico, cuántico, protónico, puedo llevarme a esto. Salí de mi cuarto, y me alegre de ver nuevamente todos en la mesa de mi casa, desayunando apuradamente, mientras que los olores del café pasado y los huevos fritos se mezclaban dando a esa mañana el toque especial que antes tenían.

Después de tomar mi desayuno reconfortante, de alistar mi mochila; con separatas, papeles, cuadernos de matemáticas, de lenguaje, literatura; salí de mi casa y tomé la misma ruta que miles de veces había tomado, y miré como chicos con el mismo pantalón color rata tomaban la misma dirección. Me topé también con niñas, que tenían de uniforme una chompa roja y una falda del color rata que mi pantalón, reconocí inmediatamente ese uniforme, era del colegio de mi mujeres que siempre visitábamos y del que nació en sus salones mi primer amor.
Mi caminar seguía y vi a una pequeña chica, que recordaba haberla visto muchos veces por ese camino, era “M” una buena amiga, ahora ese pasaje nuevamente regresaba, tenía el cabello crespo, blancona y de menuda talla, me acerqué a ella para saber si ella había pasado por los mismos trances que yo

R: ¿Hola M?
M: Ah Raúl hola
R: Que tal como estas… todo bien, ¿nada del otro mundo?

Se sorprendió de mi forma tan fresca de hablar, como si la conociera años, en realidad si la conocía años, pero ese momento digamos que solo había cruzado algunas palabras con ella.

M: Si todo bien Raúl tu que tal
R: Bien también, un tanto pesada y diferente pero está bien. (Me miro extrañada y me sonrió un tanto confusa, tanto con mi desenfado al hablar y por mis respuesta.)
M: Oye y hoy iras a la casa de K.
R: ¿Qué? ¿Y para qué voy a ir?
Mi miró con sus ojos que se desorbitaban y me dijo.
M: ¿Como que para qué?, ¿Qué te pasa?
Trate de seguirle el corriente de la conversación, obviamente si era lo que yo pensaba, K. no estaba con su novio ni tenía una bebe, y más bien era yo su enamorado.
R: Ah es que… tenía unas cosas del cole que aun no acabo, pero fácil voy más tardecito.
M: Ah ok está bien
R: Le mandas mis saludos pues yaaa, dile que le escribiré algo en su correo
M: En su correo, que correo.
Cada vez la seguía embarrando más. En estos tiempos (en el que creía hallarme con más certeza) no muchos sabían de la existencia de internet y menos sabían ni de emails, ni MSN, ni nada, pero tanto era la costumbre y tan cotidiano el uso que le daba que no podía evitar decirlo.

R: Bueno o sea le haré un carta que ya le hare llegar
Llegábamos a la esquina donde nos separábamos, se despidió de mí y se dirigió a su colegio, yo al mío.
No puedo negar que me llenaba de emoción estar nuevamente en esta situación, aunque tenía la contextura de antaño, vestía las mismas prendas, pero aún me quedaba la sensación de saber mucho más, aún tenía todos los recuerdos que ya había pasado, ya sabía que era estar en la universidad, que era trabajar, que era enamorarse, todo lo que había pasado seguía aún en mi cabeza.

Ya estaba llegando a mi colegio, el gran choque y la alegría de volver entrar a mi salón de clase me inquietaban. Vería nuevamente a todos mis amigos sentados en las cuatro paredes que nos cobijaban todas las mañanas, algo que siempre había querido revivir, ahora lo tenía tan real. Quería pasar todas esas horas en mi salón, bromear nuevamente como antes y también quería ver a K.

Resultaba extraño, aun estando ahí y queriendo volver a vivir mejor las cosas del pasado, tenía también el recuerdo de la chica que estaba en mi cabeza una noche antes de despertar en este extraño revivir, sin saber cómo quería volver a verla para saber que sería de ella en estos días, que pasaría si cruzábamos nuestros caminos.

La otra parte en unos días.