domingo, 2 de agosto de 2009

Volver. Parte 1

Me desperté y aun tenía ese letargo características cuando me levanto, no quería salir de mis siempre abrigadoras frazadas, y por más que me esforzaba porque mis músculos corporales no se movieran, la responsabilidad del trabajo pudo más. Cuando abrí mis ojos, mire a todos lados, mi ojos no daban crédito a lo que veía, estaba en mi antigua casa, eran las antiguas paredes de mi cuarto, mi hermano se encontraba dormido a mi costado y yo no podía creerlo. Estaba muy desconcertado porque esas paredes ya no deberían existir y mi hermano no debería estar durmiendo apaciblemente en mi cuarto, porque simplemente él ya estaba casado. Volteo hacia mi pared y veo pegoteado el poster gigante de Alianza Lima, todos una pared con un poster que se formaba con laminas de tamaño a4, mi desconcierto se incrementa, trato de ver la hora y me topo con ese horroroso despertador de metal que no veía desde años luz, no le di mucha importancia porque vi que me indicaba las siete de la mañana, por la ptm otra vez tarde. Toda mi casa era como antes, el mismo amplio comedor, la gigantesca mesa, el pasadizo que dejaba pasar la lluvia de la noche anterior.

Todo era tan idéntico, pensé primero en un sueño, cosa que descarte cuando mis manos calientes palparon lo gélido del agua. Junté un poco de agua entre mis manos y la llevé hacia mi cara, al momento de levantarme vi mi rostro en el espejo y había cambiado, era mucho más delgado, mi pelo largo y lacio cubría parte de mi cara, tenía dos barros prominentes en mi cachete izquierdo y mi estatura no era la misma.
Mientras miraba estupefacto mi rostro rejuvenecido, mi padre me dice.
: Tan temprano levantado
R: ¿Temprano?, es un cuarto para las siete, voy a llegar tardazo (para ir al trabajo esa hora es de más tardísima)
: ¿Tarde?, si entras a las 8.
R: Por eso pues.
: O sea por caminar unas cuadras te vas demorar más de un hora
R: Un par de cuadras Son más de un par
: Ya bueno bueno, sal del baño que lo necesito.

Luego de esperar a que mi viejo salga, pensaba que el duchazo matutino me regresaría a la realidad, y mi preocupación cesarían, mis asombros y sustos se atenuarían, pero mientras estaba en la puerta del baño esperando al viejo, mi mamá llegó, pegué un salto y mi mama me miró con extrañeza,
: Qué te pasa oye
R: Nada chata nada.
: Tu pantalón y tu camisa están en la pancha.

Seguía mirando a mi madre sin creerlo, muchas de sus arrugar se habían desparecido, las primera canas que notaba antes de despertar en este limbo ya no existían y me recibía esa mañana algo apurada porque el desayuno aun no estaba listo. Entré a la ducha y parecía que nada cambiaba, que lo frio del agua no me hacia reaccionar y que todo era como antes. Salí de la ducha, esta mi hermana que se preparaba para ir a la universidad, mi hermano que hacía lo mismo, mi papá que presuroso preparaba sus cosas para ir a trabajar. Todo estaba mal, antes de despertar en este día tan extraño, mi papá ya estaba jubilado mi hermana y mi hermano ya se habían casado y ya no vivían con nosotros, pero ahora todo había cambiado, todo volvió a ser como antes. Ya no se qué época era, ya no sé si estaba en un mundo paralelo o si mi mente había creado todo este teatro de falsos recuerdos.

Fui a buscar mi ropa que mi madre me había dejado en el planchador y me encontré con el mismo pantalón color rata que usaba en el colegio, y una diminuta camisa que creí no me iba a entrar. Me lleve las prendas a mi cuarto, pensé que el pantalón me iba a reventar pero me quedó perfectamente. Lo que me preocupaba era la camisa, la veía muy pequeña, sin embargo encajó sin problemas, mi contextura definitivamente era más delgada.

Estaba nuevamente con mi uniforme de colegio, sin comprenderlo supe que nuevamente estaba en el colegio, que nuevamente todo se repetía, no sé qué evento físico, químico, cuántico, protónico, puedo llevarme a esto. Salí de mi cuarto, y me alegre de ver nuevamente todos en la mesa de mi casa, desayunando apuradamente, mientras que los olores del café pasado y los huevos fritos se mezclaban dando a esa mañana el toque especial que antes tenían.

Después de tomar mi desayuno reconfortante, de alistar mi mochila; con separatas, papeles, cuadernos de matemáticas, de lenguaje, literatura; salí de mi casa y tomé la misma ruta que miles de veces había tomado, y miré como chicos con el mismo pantalón color rata tomaban la misma dirección. Me topé también con niñas, que tenían de uniforme una chompa roja y una falda del color rata que mi pantalón, reconocí inmediatamente ese uniforme, era del colegio de mi mujeres que siempre visitábamos y del que nació en sus salones mi primer amor.
Mi caminar seguía y vi a una pequeña chica, que recordaba haberla visto muchos veces por ese camino, era “M” una buena amiga, ahora ese pasaje nuevamente regresaba, tenía el cabello crespo, blancona y de menuda talla, me acerqué a ella para saber si ella había pasado por los mismos trances que yo

R: ¿Hola M?
M: Ah Raúl hola
R: Que tal como estas… todo bien, ¿nada del otro mundo?

Se sorprendió de mi forma tan fresca de hablar, como si la conociera años, en realidad si la conocía años, pero ese momento digamos que solo había cruzado algunas palabras con ella.

M: Si todo bien Raúl tu que tal
R: Bien también, un tanto pesada y diferente pero está bien. (Me miro extrañada y me sonrió un tanto confusa, tanto con mi desenfado al hablar y por mis respuesta.)
M: Oye y hoy iras a la casa de K.
R: ¿Qué? ¿Y para qué voy a ir?
Mi miró con sus ojos que se desorbitaban y me dijo.
M: ¿Como que para qué?, ¿Qué te pasa?
Trate de seguirle el corriente de la conversación, obviamente si era lo que yo pensaba, K. no estaba con su novio ni tenía una bebe, y más bien era yo su enamorado.
R: Ah es que… tenía unas cosas del cole que aun no acabo, pero fácil voy más tardecito.
M: Ah ok está bien
R: Le mandas mis saludos pues yaaa, dile que le escribiré algo en su correo
M: En su correo, que correo.
Cada vez la seguía embarrando más. En estos tiempos (en el que creía hallarme con más certeza) no muchos sabían de la existencia de internet y menos sabían ni de emails, ni MSN, ni nada, pero tanto era la costumbre y tan cotidiano el uso que le daba que no podía evitar decirlo.

R: Bueno o sea le haré un carta que ya le hare llegar
Llegábamos a la esquina donde nos separábamos, se despidió de mí y se dirigió a su colegio, yo al mío.
No puedo negar que me llenaba de emoción estar nuevamente en esta situación, aunque tenía la contextura de antaño, vestía las mismas prendas, pero aún me quedaba la sensación de saber mucho más, aún tenía todos los recuerdos que ya había pasado, ya sabía que era estar en la universidad, que era trabajar, que era enamorarse, todo lo que había pasado seguía aún en mi cabeza.

Ya estaba llegando a mi colegio, el gran choque y la alegría de volver entrar a mi salón de clase me inquietaban. Vería nuevamente a todos mis amigos sentados en las cuatro paredes que nos cobijaban todas las mañanas, algo que siempre había querido revivir, ahora lo tenía tan real. Quería pasar todas esas horas en mi salón, bromear nuevamente como antes y también quería ver a K.

Resultaba extraño, aun estando ahí y queriendo volver a vivir mejor las cosas del pasado, tenía también el recuerdo de la chica que estaba en mi cabeza una noche antes de despertar en este extraño revivir, sin saber cómo quería volver a verla para saber que sería de ella en estos días, que pasaría si cruzábamos nuestros caminos.

La otra parte en unos días.

2 comentarios:

Glenn K. dijo...

El matri no fue tan bravo como para que te haya dado tremenda resaca compare... jejeje

Te imaginas... de nuevo en el cole... en ese vieji salón a la izquierda en el primer piso que tantas aventuras guarda....

MaPo dijo...

q lindo me hiciste revivir varias cosas!