viernes, 30 de noviembre de 2007

..Reina de mis noches.

Irremediablemente nos enfrascamos en un beso extraño, un beso que nunca jamás nos imaginamos y que nunca pasó por nuestra cabeza, pero ahí estábamos, experimentando nuestros labios, descubriendo el como besarnos y coronando una noche de gente ficha, trago ficho y de un lugar ficho. Me dejé arrastrar por el reto de darle un beso, fue un beso suave, que se confundía con el sabor del licor multicolor que me había tomado y del calor de la brisa veraniega que se alejaba. Nunca imaginé que pasaría esto con ella desde ese primer día que la vi.

Extasiado y muy confundido, pensé en seguirla besando por mucho tiempo, para no darle a mi cerebro la chance de pensar qué estaba haciendo, ni de pensar en el irremediable amanecer. Estaba claro que no era el amor encontrado, tanto para ella ni para mí, porque creo que ambos vivíamos romances inescrupulosos que aún nos perseguían.

Aún rondaba en mi cabezas otras cosas que necesitaba olvidar, cosas que cual sepia se proyectaba en el ecran de mi memoria. Lo extraño es que estando con ella ese día, olvide todo esa vieja película. Sí, después esos antiguos recuerdos volvieron a mí, pero aún me alucinaba el nuevo recuerdo de aquel encuentro con ella, un encuentro lleno de deseo y quizás sentimientos, lleno de vino, de trago y besos.

Teníamos claro el porqué de las cosas, el porqué de ese momento, no tendríamos que decir palabras tontas y falsas después de un suceso así. Fue tan claro como que ninguno necesito decir un disculpa fue un error, ni esto no volverá a pasar. Palabra a palabra, se notaba lo sincero que fuimos, nos dijimos lo que había que decir, las dos palabras que definen y trazan una línea entre lo real y lo utópico, sin compromisos.

Fue así como lo sentimos y lo experimentamos. En los siguientes encuentros los besos se hicieron más intentos y el furor de la noche dejaba notar el deseo que había encendido. Ambos respetamos la línea que habíamos trazado, respetamos cada milímetro de ese límite, no pasamos ni pusimos el pie al otro lado, solo disfrutamos el abrazarnos y el besar, que después de muchos y sorpresivos encuentros, llegamos a disfrutar más.

Abrazados, alucinábamos que todo esto acabaría cuando alguien tenga un enamorado(a), o si alguien pasaba al otro mundo, o si uno de los dos hacia un gran viaje o si uno de los dos llega a enamorarse del otro. Sin embargo, aún sin tener esos obstáculos vivíamos este presente.

Un corto tiempo que a veces pienso lo pasamos a mil, intentamos dar marcha atrás al reloj en una noche, porque el tiempo no nos alcanzaba para descubrirnos, para sentirnos, para desearnos; intentamos robar minutos a un día, para fundir cada centímetro de nuestra piel en lo entrañable de un abrazo; intentamos dar una pausa gigantesca a este mundo, para que nos deje viviendo ese momento juntos.

Luego de todos esos intentos infructuosos, el reloj marca esa bendita hora que nunca quería que existiera, y el separarnos se hizo inminente. La línea de esa promesa siguió y la llamada al día siguiente no existió, porque no debía existir, y el mensaje madrugador se perdía en el vació, porque debía perderse, y otro encuentro con ella se haya en un futuro, espero cercano, el cual estoy esperando, para intentar, nuevamente, dar marcha atrás al reloj.


miércoles, 28 de noviembre de 2007

Una mejor visión.

Después de un tiempo de haber acabado una relación, te das cuenta que eres otra persona, que aquél individuo que estuvo tan enamorado ya no eres tu, que ya se alejó ese tipo tonto que babeaba con cada sonreír de su entonces enamorada, que se aleja cada vez más ese idiota que no lograba despedirse de ella y que regalaba poemas por doquier. Que se hunde en lo profundo del mar, el poeta que revivía cada tarde y que llegaba a fascinarle, que ahora ese poeta nada esporádicamente para alegrar corazones ajenos, que el poeta que antes vivía las veinticuatro horas, ahora disfruta con asomarse sólo dos horas al día , suficientes para saciar algunos corazones de chicas solitarias.

Tuve la oportunidad de verme, de ver a ese yo anterior, el yo enamorado, el yo ciego, y me di cuenta de muchas cosas. Era demasiado dulce, era una melcocha andante, al verme, la diabetes se hizo grande, y el ahora, agrio y menos dulce yo, lo reprocha y se avergüenza.

Ahora aprendo de todo lo sucedido, me arrepiento de no haberme amargado nunca con ella, de no haber mandando al carajo todo sus estupideces por alguna vez, estupideces que no tenían ni pies ni cabeza y que me las adueñaba como si fueran mi rollo, de no haber choteado niñerías tontas; de haber hecho el ridículo delante de otras personas con el afán de solucionar sus problemas sinrazón, problemas propio de niña engreída.

Me arrepiento de no querer pasar un día peleados, siendo lo justo y necesario dejarla con la palabra en la boca e irme; de no haberle colgado el teléfono por lo menos una vez; de haberme dejado poner en el asqueroso dilema de elegir entre ella o mis amigos, por consiguiente, alejarme de mis amigos, personas que no merecieron ver mi espalda en algún momento y de olvidarme de esas reuniones interminables de mi promo.

Me arrepiento de no haber empezado una pelea, de querer ser perfecto, de querer ser el perfecto estupido chico enamorado que nunca pelea y de vivir en una burbuja que ahora se torna insoportable.

Ahora soy la antípoda de ese yo que algún día todas las chicas calificaron de tierno, aunque algunas chicas me siguen calificando así, ya no voy al cine un sábado por la noche sin dejar de dormirme, de aburrirme; no hago paseitos recreativos a algún club; no veo películas en casa de alguien (solo en algunos casos donde si es necesario); ni soy el típico chico casero que busca hacer, con alguna amiga, seudo salidas de enamorados.

Cuando S se sentó conmigo en mi local barranquito, me abrazaba y me contaba el día perfecto que había pasado con su amigo, un día de campo, un día de sol, un día tranquilo. Pero sin embargo con el amigo campestre nunca pasó nada, mientras que conmigo se envolvía en esa oscuridad de la noche y en lo fresco de esa aire madrugador, en besos que quizás merecía más aquel chico lleno de sol y campo, que éste su servidor bohemio y solo.

Le decía que jama iría con ella al campo, que no montaría ese teatrín de vida perfecta de enamorados, que no actuaría ni me transformaría en ese papel que algunas chicas quieren que interpretes. En cambio, le dije, sería su clandestino, su parte mala, su chico solo y loco, que conmigo disfrutaría de noches en donde el final es insospechado, que pasaría noches inacabables y que sin llegar a actuar, disfrutaríamos de ser nosotros mismo.

Generalizando un poco, creo que muchas chicas prefieren a un chico malo, que sin buscar nada serio, les hacen pasar ratos geniales. No gustan de un melcocha asqueroso, que al ver un sunset derrama lagrimas (película Al diablo con el diablo en una de sus transformaciones). Aún no sé cuanto más me apegue al prototipo de chico malo, quizás hasta que llegue la chica que apacigua las aguas de mi vida, que aún siguen movidas.



lunes, 26 de noviembre de 2007

@mor Virtual

¿Quién no ha hecho del Chat por algún tiempo su mundo?, el mundo del chat, en donde te asalta la duda de poder encontrar a tu media naranja y donde tienes la quimérica idea de que al mismo tiempo que tu prendes tu computador esa persona hace lo propio. Mientras creas un Nick y tratas de entrar a ese canal, piensas que ella hace lo mismo, y de las miles de salas, crees también que ella escogió la misma, para luego entablar una conversación que podría ser mágicamente virtual.

He tenido muchas de estas conversaciones, conversaciones que rayan en preguntas clásicas como:

¿Qué tal? y sus derivados: ¿Cómo estas?, ¿Que haciendo?, etc. Con, quizás, palabras como princesa, preciosa, amor, mi vida, y artilugios tontos para que una dama te siga la conversación.

El Clásico ¿Qué haces por la vida?

Los infaltables, ¿De dónde eres y qué edad tienes?

Y el bien preguntado pero estúpido, ¿CÓMO ERES?

El ¿cómo eres? te encierra en un estupida expectativa de querer que ella te diga el prototipo de mujer que estas pensando. Vas comparando cada rasgo de tu bien definida mujer perfecta con tu nueva amiga virtual. Empiezan con los ojos, la talla, si es gordita o flaquita, trigueña o blanca, las medidas necesarias y color de cabello. Conforme tú te vayas describiendo y ella también lo haga, la vas armando cual muñeco; dándote una idea física de la persona que está sentado al igual que tú en una computadora, pero a miles de kilómetros.

Si tu alto grado de exigencia ya está satisfecho, ya está todo listo para ir a un plano más intimo, es decir el MSN. El Messenger se convierte en una suerte de cómplice, una suerte de lugar solitario para la nueva pareja virtual, se habla con más seguridad y frescura. Es ahí donde inevitablemente ves su foto. Si bien no es el muñeco imaginario que armaste, queda el 20% de esa chica perfecta que se encuentra en tu cabeza.

Luego los demás medios entran a tallar, el teléfono se complemente muy bien con el Messenger, los celulares hacen lo suyo, sonando y dándose timbradas absurdas para saber que uno está pensando en el otro, y los mensajes de textos se vuelven toda una exquisitez en estos atareos.

Si bien ya tienes todos los medios donde poder comunicarte con el espejismo de mujer que te habla, te escribe y piensa en ti, aún no la conoces en vivo y en directo, sin tener de por medio esos medios fríos que los aleja.

Quedan en un lugar donde encontrarse, ya estando ahí esa espera será tensa, pues ves pasar mucha gente a tu alrededor sin tener la más mínima idea de quién es la chica con la que has tenido largas conversaciones. Tienes miradas que van y vienen, sintiendo que todas van hacia ti. Luego ves a una chica parada esperando a alguien, te armas de valor y vas a preguntarle; Disculpa tu eres Cinthia, te mira de manera extraña y te dice, eh no, teniendo que lidiar con el gran bochorno de retirarte y de saber que esa chica mirará lo estupido que te ves esperando a alguien que no conoces.

Después de un rato la encontrarás, parada al igual que tú, esperando sin saber a quien. Bueno, no es tan alta como dijo, tampoco es trigueña, ni tiene el cabello de ese color, ni es tan delgada que digamos y poco a poco esa ficción que creaste con las descripciones que ella te dio, se va cayendo mientras la sigues viendo. La foto no es de gran ayuda, porque no se ve para nada como en la foto, pero sigues en esta cita que fue sacada de lo virtual y que ahora ves convertida en realidad.

Quizá a muchas personas les haya funcionado, pero a mí me dio como resultado tres planchas quemadas alucinantes. Uno, porque físicamente no hubo ese gusto magnético que suele haber en una pareja que a la postre llega a tener algo y, dos, porque al hablar por MSN o el chat no demuestras como eres en realidad, es decir, callada, habladora, alegre, triste, tradicional, un toque más liberal, y muchos cabos más que no tienes como solucionarlos a través de Internet.

Primero fue C, pero todo quedó ahí. Una buena chica, ahora no se que será de su vida. Luego fue N, con quien sólo salí una vez sin mayor resultado. Después tuvimos cruces esporádicos por las facultades de mi universidad. A veces hablamos, pero ya no con ese afán anterior. Y con un grupo de chicos y chicas de una sala del MIRC, ellos hacían reuniones seguidas. Sólo fui una vez y no la pase bien, no era mi grupo, no eran mis amigos, así que opté por alejarme y conocer amigos en vivo y directo, dando un mejor resultado.

Por eso ahora esbozo una sonrisa cuando alguien me habla de alguna chica del chat, o que mantiene un contacto virtual. Se me es difícil no recordar esos pasajes tontos, pasajes de locura en mi vida. Ahora, tan solo imaginándome, parado, esperando a alguien que no conozco me es vergonzoso.

Muy de vez en cuando suelo entrar a este mar de Nicks que pugnan por un amor o por una aventura, al mirar sus conversaciones recuerdo de esa etapa en mi vida, etapa que me sirvió para saber que lo virtual, siempre será virtual.


lunes, 19 de noviembre de 2007

Luz en una soledad.

A veces cuando pierdes un amor es muy difícil recuperarte de esa perdida. Quizás lo puedas lograr si otra ilusión te sonríe y puedas olvidar todo lo sucedido. Después de varios días yo encontré lo que creí imposible, encontré una sonrisa que me hizo olvidar de absolutamente todo, encontré una voz que me hizo sólo escuchar melodía.
Era nuevo en ese trabajo y no conocía a nadie, con el tiempo mi soledad se fue volviendo nula, conocí a cada persona, recibiendo un saludo de cada uno de ellos.

Fue una mañana en la que recién caía en la cuenta que ya había llegado y trataba de safarme de la flojera habitual de un lunes por la mañana, ella pasó por mi oficina y con sólo mirarme, supe que a veces, la chica con la que soñaste, puede ser real. Puede sonar descabellado pero olvidé de todo el momento que pasaba y de todo a mí alrededor, quizás fue esa carita de niña, quizás sus labios o su lindo rostro que me hipnotizó, lo cierto es que quedé en la nebulosa con corazones alrededor.

Siempre he caído en la cuenta que todas las chicas linda como ella, tienen novio o enamorado. Hice una estadística en mi mundo social femenino, en donde la mayoría de chicas simpáticas tiene algo, llámese relación o quasi relación amorosa con alguien del sexo opuesto y ella no fue la excepción. Me enteré tiempo después que estaba con alguien y que el imaginario de salir y cenar en una velada romántica con ella, sería imposible. Sin embargo, no me desanimé ni sucumbí en la depresión, mas bien sucumbí ante ella, me dejé arrastrar por esa sonrisa angelical y de niña que me atraía tanto.

Suele pasar, que siendo el hombre más comunicador del mundo, aparece la chica que te gusta, y pierdes el habla, las palabras no suelen salirte con la misma fluidez que de costumbre y sólo te limitas a mirarla, eso me pasaba. Cuando conversaba con alguna amiga y ella aparecía, mis palabras se ahogaban en el aire, mis labios se tornaban lentos y mi pensamiento se hacia torpe intentando buscar frases coherentes.

Decidí plantearme soltar frases poco a poco e ir conociéndola. Con el tiempo ella se volvía cómplice de mis bromas, y poco a poco, también, se volvió cómplice de mis conversaciones, y yo me volví su cómplice en las horas de almuerzo.

No podía creer que de no poder hablarle, ahora estaba sentada junto a mí, compartiendo esa bendita hora que nos daba el trabajo para descansar, deseaba no regresar y aunque siempre le decía en son de broma que deberíamos escaparnos, algo de verdad tenia, quería escaparme con ella y disfrutar de su compañía. Alucinaba verla en el ocaso de un tarde, ver como en su perfecto rostro se reflejaría esa tímida luz de un atardecer en la playa, la perfección de mi momento romántico, el estar junto a ella, pisando los mismos granos de arena, confundiendo el olor de la brisa del mar con el olor de su frágil piel.

Llegó el día que nos tuvimos que despedir y me llenó de nostalgia el saber que ya no la vería, el saber que ya no reiría de mis bromas, que las mañanas se tornarían más grises sin tener su sonrisa y que irremediablemente nuestro mundo se tomaría un brake. Es así como lo quiero pensar, porque se que la volveré a ver nuevamente y que así como el destino a veces juega conmigo, jugará esta vez a mi favor.

Aun recuerdo su voz preguntando por mí, y aun siento sus brazos, dándonos un abrazo de despedida. Me mando un mail por su cumpleaños, invitándome a su fiesta, pero no logré ir, se que habrán otras oportunidades para verla y que me vuelva hacer volar, imaginando las estupideces románticas que siempre me hacía pensar.

Después de una semana de estar sin ella en el trabajo le mande un mensaje, que quizás reveló algo de lo que pude sentir por ella:

Es raro pasar por el auditorio, voltear, ver tu computadora y no verte. Inexplicablemente verte me hacia bien. Un beso I.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Otro día mágico con tres Maravillas. Día 3 (Parte 2)

Tomamos el tren de vuelta a Cusco, mientras que por la ventana veíamos como Karen y Anabel se alejaban de nosotros y con ellas el bello recuerdo de Mapi, de Aguas Calientes y de ellas. A veces pienso ir a Europa y encontrarlas y también cuando entran gringas al Tizón irremediablemente las buscamos, esperando pasar más tiempo con ellas.

El recorrido por el tren fue mágico, cada paisaje era indescriptible, los arbusto se confundían con el sueva hablar del rió y mi creo que mi cámara no podía captar tanta magia, filme, tome fotos, pero el estar ahí es algo distinto. Recorrí todo el camino fijando mi mirada por la ventana y disfrutando de Cusco y recordando el cada vez más lejano adios de Karen y Anabel.

En Ollantaytambo nos metimos un viaje tremendo hasta Cusco, Jason delante en el carro y yo compartiendo con gente cusqueña que no conocía. Ya en la plaza de Cusco, fuimos presa de ese espíritu indomable por seguir conociendo, y caímos en San Blas, a tomar unas Cusqueñas, a conversar de todo lo loco que nos había pasado y ver aquella chica que escribía en una mesa como intuyendo una repentina conversación. No conversamos con ella, porque el idioma Español no es tan universal como quisiéramos, pero disfrutamos de un rato tranquilo, viendo Cusco de noche con esas luces mágicas y acompañados de las primeras gotas de una lluvia.

Fuimos a la casa de la amiga de Chasca, a lo que fue la última celebración y despedida de esa tierra bendita y de esos muchachos que no olvidaré jamás. Nos recibieron todas las personas que ya conocíamos y dos nuevos amigos más, que cayeron muy bien. Lo particular de esto fue que no celebramos con cerveza, sino con Pisco, Pisco puro, Pisco con Coca Cola, Pisco con Sprite y sus derivados.

Jason y yo teníamos que estar en el Aeropuerto a las 6, eso quería decir que dicha reunión tenía que acabar a eso de las dos de la mañana. Bueno eso solo fue una intención que tuvimos, porque después que nos secamos las tres botellas de pisco en la casa de Ángela salimos presos de la noche y fuimos a un Karaoke, ya empilados las canciones se hacían tan fáciles. Yo opté por ya no tomar en un determinado momento, Jason optó por todo lo contrario, y propagaba a todo el mundo que yo no debería tomar porque lo tenía que llevar y fue textualmente así. Después de la larga jornada de Pisco, diversión, música y noche, Jason acabo terco, borracho y con un viaje por hacer.

Regresamos a la casa de Chasca a las 5:30, empacamos como pudimos nuestras cosas y salimos raudamente, después de un abrazo interminable con Chasca. Fue increíble, después de ese abrazo tímido que nos dimos a la llegada, ahora nos perdíamos en un abrazo de amigo que ya no se verán por un largo tiempo. Gracias Chasca por estos momentos en Cusco que no hubieran sido iguales sin tu presencia.
, y me pareció lo más justo y correcto, pero la diferencia era que yo no tenía que subir a un avión.
Llegados al aeropuerto, mi preocupación era que notaran el estado de mi amigo, que tambaleaba de un lado a otro. Me decía, al igual que tu estuviste así el sábado, ahora me tocó a

Pasamos la entrada a los vuelos nacionales, donde una señorita no se dio cuenta de él, pasó como pudo el detector de metales, sacándose ni se cómo, todo lo que tenía de metal y lo mas difícil estaba por venir, pasar el ultimo chequeo para subir el avión, Previo a esto se dio una dormida que no le vino nada bien. Luego de la espera de veinte minutos y de caminar por todo el aeropuerto, porque la amanecida y el café me tenían medio stone, lo desperté. Me asusté, porque se despertó con una mirada perdida y sin horizonte, hablando incoherencias y sin saber donde estaba, después de varias cachetadas para que reaccioné, me entendió las dos palabras que le dije: NO HABLES. Estaba asustado, la astucia de la señorita que recibía los boletos se confundía con una gran sonrisa, pensé que lo descubriría y a unos paso de ella, di los boletos. Nos miró, Jason sin emitir una palabras y yo de lo más cortes, nos dejó subir y ya todo estaba solucionado.

Me di cuenta que llegamos a Lima, por lo triste de su mañana, gris, con muchas nubes, con smoke, ahí extrañe Cusco, pero también me alegre porque veríamos a la gente que queríamos y porque pasamos días incomparables. Llegamos al aeropuerto, de nuevo a vigilar a Jason y llevarlo al taxi, después de unas horas ya estábamos en Lima, de nuevo en la rutina. Tenía la idea de ir a trabajar ese mismo día, pero no lo hice, porque necesitaba un momento en blanco para poner integrarme a las labores después de tanta diversión extrema, necesitaba saber que ya estaba en Lima y necesitaba contar todo mi viaje.

Lo defino como tres días que no voy a olvidar, que puede que haga viajes buenos, hermosos, llenos de perdición y borrachera, pero jamás se compararán a esos días que pase junto a Jason en Cusco, donde salimos presos de recuerdos que nos perseguían y que por esos tres días pudimos ser nosotros mismos, pudimos ser niños, pudimos ser adultos, pudimos hacer y deshacer y también pudimos conocer la maravilla mas grande que tiene nuestro país. Cusco espéranos, que tarde o temprano pisaremos nuevamente tus calles. Gracias a todo Cusco y su gente.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Otro dia mágico con tres Maravillas. Día 3 (Parte 1)

Nos despertamos a las nueve de la mañana y la primera idea que teníamos era tomar el primer bus a Machu Picchu. Definitivamente no tomamos el primer bus, debido a nuestro carácter relajón, primero fuimos a buscar un lugar respetable donde tomar un buen desayuno, y lo encontramos. El mejor lugar de Aguas Calientes, un mercado muy bien distribuido que se encontraba en un segundo piso, ahí saludamos efusivamente a la señora que posteriormente nos sirvió un jugo a la grande, proporcional a un buen Kero cusqueño.

Ya lleno el estomago partimos rumbo a los buses. Lo curioso de esto fue que no había mucha gente en nuestro bus, pensamos que los buses estarían repletos y que iríamos colgados tipo un micro limeño, pero fue todo lo contrario, el viaje fue tranquilo y espectacular, disfrutando cada paisaje, disfrutando cada cuadro incomparable, viendo lo majestuoso de nuestro Perú, cada girar del bus nos descubría parte de la ciudadela perdida de nuestros abuelitos y de verdad que estaba perdida, porque cada vez notábamos lo lejos que lo habían hecho. Me ponía a pensar, que alucinante cargar cada piedra para construir una ciudadela que conocerían algunos y encima que se iba a perder, recontra locos. (LLegada a Machu Picchu)

Llegamos a Machu Picchu y nos rodeamos de gente de todo el mundo, árabes, chinos, europeas, brasileros, y los infaltables gringos norteamericanos. Nos dirigimos a la entrada y rápidamente nos interceptaron para que nos floree un guía, sin poner resistencia aceptamos la invitación, era un grupo muy aburrido al cual pusimos pilas en cada momento que era propicio. Lo primero a donde teníamos que ir, era al sitio donde se muestra la clásica foto, las típicas postales que recorren todo el Perú y el mundo. Para llegar ahí tienes que subir unas escaleras que parecen no tener fin. Subimos grada a grada, parecía que habíamos recorrido el 10k de Nike, porque estábamos cansados, exhaustos, algunas chicas del grupo tuvieron que detenerse en medio del camino, para recuperar el aliento y retomar, con un poco mas de aire, la marcha.

Ya estábamos ahí, justo ahí, donde tantas veces quisimos estar, en medio de esa maravilla que siempre habíamos visto retratada en postales o fotos, estábamos parados en ese cúmulo de piedras que formaban un ciudad tan majestuosa como su pueblo, tan divina como el cielo mismo y tan o mas espectacular que todas las demás maravillas. Creo que todo el mundo tuvo razón al rendirse ante Machu Picchu, por es algo fuera de serie.

Los primero que hicimos fue esperar, porque para tomarte foto en dicho lugarcito tienes que hacer una cola, no tan distribuida pero cola al fin. Sí, estábamos hipnotizados por lo bello del paisaje, pero también nos hipnotizó ella, su frescura para tomarse una foto, su sonrisa y su belleza. Nos tocó el turno de tomarnos una foto, foto por allá, foto por acá, payasada por acá, otro también mas allá y cuando estaba dando mi discurso tonto en ese lugar famoso donde se ve todo Machu Picchu, una voz dulce me conversó, era la chica que les hablé al principio, no dude en hablarle y entablar junto con Jason una amena conversación.

Ella se llamaba Karen y su amiga Anabel, ambas francesas. Hablaban perfectamente el español, pero con ese dejo que nos embrujaba, que nos atraía. Estuvimos con ellas por un buen lapso, conociéndonos, conversando de todo, ellas se quedarían más tiempo tanto en Cusco como en Aguas Calientes y renegamos del corto tiempo que teníamos. Por lo desafortunado del plan, nosotros teníamos que ir con la guía que ya nos estaba fastidiando para seguirla y nos separamos, pero nunca las perdimos de vista.

Paseamos por cada centímetro de Machu Picchu, sin perdernos de nada, cruzándonos con gente de todo el mundo, tomándonos fotos por doquier, alucinando nuestra propia historia de los hechos ocurridos en la ciudadela y tomándole el pelo a la guía.

Acabamos el recorrido exhaustos pero con la gran satisfacción de haber pisado las ruinas que veíamos en nuestros libros de Escuela Nueva, y en casi todas las láminas de historia de Navarrete, ruinas que por años conocíamos y que la incógnita de cuando iríamos siempre nos perseguía. Ahora era toda una realidad porque mis zapatillas recorrían los mismos pasadizos que miles de años antes fueron recorridos por ojotas de recios incas.

Luego que todo este largo recorrido acabó, buscamos a nuestras francesas que nos habían quitado el aliento, más que la altura. Ya estando ahí retomamos la conversación con estas dos francesas, de las cuales Karen me envolvía en sus ojos, ojos claros que me traían más estupido que de costumbre. Salimos de Mapi (como le dicen cariñosamente a Machu Pichu) con ellas, aún me sentía extasiado tanto de estar en ese lugar sagrado como de estar a lado de una chica distinta, diferente, que hacia que te sumerjas en sus ojos claros.

En el bus, tanto Jason y yo nos sentamos con cada dama, ahí las palabras se extendieron, me gustaba ese arrastrar de palabras que tenía, ese suave hablar para no confundirse, cada palabra me acercaba más a ella, y creo que lo notó, pero al contrario de alejarse, se acercaba, después de varias palabras me sumergía en un beso fuera de serie, un beso que valió los miles de kilómetros recorridos, un beso de otro mundo, un beso de otra dimensión.

Era alucinante saber que ella había recorrido tanto y a la vez yo haya recorrido otro tanto y que todo haya hecho que estemos sentados en un bus disfrutando de un beso nuevo para mí, y quizás también para ella. Cuando ese beso acabó y sus ojos se abrieron, me estremeció lo bello de su mirar. Voltee a ver a Jason y andaba en lo mismo con Anabel, y creo que sentía lo mismo que yo, porque encontrarte a francesas hermosas, no ocurre todos los días.
Nos quedamos aún en Aguas Calientes con ellas, recorridos esas pequeñas calles y conocimos mas de ellas, donde se hospedaban y el porqué de estar en el Perú. Pasamos con ella toda la tarde, donde supimos que es tocar el cielo con dos bellezas, donde las conocimos en su totalidad, donde maldecimos el caer del sol, donde abrazados con ellas dudamos de lo mortal del momento.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Ruinas, lluvia y Aguas Calientes nos da la bienvenida. Día 2

Me levanté con un dolor de cabeza alucinante, el cual no pudo detener mis ganas locas de seguir disfrutando de esos días en Cusco. Me preocupé mucho cuando vi la luz del nuevo día, ya eran las once de la mañana y aún no había comprado mi pasaje de tren para ir a Aguas Calientes, rápidamente hice la interrogante a Jasón y me dijo que ya todo estaba listo, ya teníamos los pasajes. ¡QUE GRANDE! Me vino el alma al cuerpo y me tire nuevamente a la cama.
Jason fue a la boletería con una cara de zombi alucinante, diciéndole a la señora boletera le de dos boletos por favor, pero eran necesarios los números de DNI, obviamente no se sabia el mío, llamó a Chasca para decirle que me pregunte. Después de varios intentos de Chasquita por sacarme esos benditos números, lo hizo. Lo curioso es que no recuerdo ninguno de esos pasajes, y lo más curioso es que le dicté cada cifra a la perfección, haciéndome saber que por más que pase lo que pase, esos números nunca se borraran de mi cabeza. El detalle de toda esta hazaña es que no todo salió tan perfecto, porque la señora boletera me cambio de apellido, ya no era el Raúl Domínguez que todos conocen, me había convertido en Raúl Málaga, pues bueno con mi nuevo nombrecito emprendí esta nueva travesía.

Después de comer y recuperarnos de una noche extrema, nos esperaba el auto que nos llevaría por todo el valle sagrado de nuestros abuelitos.
Recuerdo el imponente Saqsayhuaman, donde solo estuvimos de pasada por lo apremiante de la hora, vimos todo el imponente paisaje del Cusco desde lo alto, donde nos acompañaba la grandiosa escultura de un Cristo Blanco y paseamos por paisajes exquisitos donde respiras un aire fresco y el azul del cielo te invita a descubrir más de esta maravillosa ciudad.

Pasamos por varias ruinas, entre ellas la que recuerdo más fue Puca Pucará, donde descubrimos que los guías son recontra fanfarrones, que te preparan una historia recontra alucinante, que si bien tiene parte de verdad también tiene parte de su ficción y que mientras ellos hablan sólo se te quedará una parte de lo que dicen, porque toda tu concentración se rendirá ante lo majestuoso del paisaje y lo mágico de las ruinas.

Seguimos el camino, disfrutando casa segundo de ese bello paisaje, no nos perdimos un segundo de todo el camino, no cerramos los ojos porque queríamos disfrutar cada instante del atardecer cuzqueño dibujado en esas bellas praderas. Imaginé que cada casa y persona tenían una historia detrás, quería conocer todo esa historia tras esas paredes y esas personas pero el tiempo apremiaba y el carro corría con gran velocidad y solo nos dejaba dar un vistazo rápido a esas casas y nos dejaba un recuerdo eterno de lo mágico del horizonte.

Llegamos a Ollantaytambo y luego de comprobar que los boletos si servían y que no me iban a ser ningún problema por mi nuevo nombrecito, fuimos a la plaza a hacer hora, puesto que el tren iba a demorar. Fuimos en un mototaxi suicida, que con cara parada, sonaba una pequeña explosión tipo turbo, que hacia que la dicha moto de un avance furibundo. Gracias a dios llegamos a la plaza sin lesión de algún tipo. Ahí dimos una vuelta sin ninguna novedad, luego nos mentimos por una de esas calles donde se hallaba una feria de juegos y sin pensarlo nos dirigimos a las mesitas de fútbol mano,. Jugamos cuatro partidos y debo reconocer que me ganaron, la verdad muy poco me importó, puesto que ambos nos concentrábamos en la mesa del costado, en donde se encontraban dos españolas jugando lo mismo y divirtiéndose con cada gol y con cada autogol. Su dejo me parecía exquisito, me gustaba cada límite de su rostro y cada palabra que pronunciaba. Tenía una ganas locas que esas palabras se dirigieran a mí, que me hablará por unos minutos, pero tontamente dejamos escapar la oportunidad de intercambiar palabras con esas dos españolas, que al hablar nos transportaban a la imagen de Penélope Cruz o de aquellas traducciones españolas, en una antiquísima serie.

Regresamos a la estación, refunfuñando por no haber tomado el camino correcto con esas españolas, y después de caminar por la oscuridad de la trocha, llegamos a la cola y a esperar para subirnos al tren. En ese esperar nos dimos cuenta que las dos españolas tenían su grupito, parecía una convención de españolas, quería acércame pero todas estaban en otra, la oportunidad ya se había perdido, así que mientras la cola avanzaba veíamos como ella se perdían y se iba al vagón donde quisimos estar, el de los extranjeros.

Luego en el tren, me puse a pensar que en dos días hice viajes en transportes que nunca había subido, es decir, en un avión y en un tren, obviamente no será la ultima vez, pero siempre la primera vez la recuerdas. Sí, creo que lo sospechan, hicimos lo que todos creen, sacamos la cabeza por la ventana del tren, obviamente no veía nada porque era de noche, pero quería darme el gusto, si dirán que niños, pero porque diablos no sacar el niño de vez en cuando. La verdad viajar de noche de tren es monse, con Jasón hacíamos las típicas payasadas para pasar la hora y de una y otra payasada, llegamos.

Todo era un diluvio, nunca había visto que lloviera así, y mientras buscábamos un refugio de la abundante lluvia, veíamos como muchos turistas bajaban del tren. Lo que teníamos planeado era buscar un sitio donde hospedarnos y salir a juerguear porque nos habían dicho que Cusco nunca duerme.

Lo primero era buscar donde comprar esos ponchos de plástico recontra clásicas en Cusco, para poder seguir buscando, porque si seguíamos caminando con esa torrencial lluvia quedaríamos empapados. Luego de comprar nuestro ponchito, nos dimos a la búsqueda de un hospedaje, después de una hora y teniendo la mitad del pantalón empapado al igual que las zapatillas, conseguimos un cuarto. Gracias a la gracia divina dejó de llover, preguntamos a la señora del Hospedaje si llovería nuevamente, y nos respondía: Noooo para nada, ya no lloverá. Confiados por esas palabras salimos a comer.

Terminando nuestro apetitoso plato, veo asomarse una gota, como saludándonos, luego otro, luego otra, y luego otra y de nuevo la torrencial lluvia. La tía nos engañó, porque la realidad fue que no dejó de llover, al contrario llovió pero con más fuerza. Ya en esa situación nos pusimos a caminar en búsqueda de diversión nocturna, ya no teníamos poncho plastificado, así que la lluvia se apoderó de nosotros.

Después de caminar mucho descubrimos que para AGUAS CALIENTES, eso de Cusco no duerme, no se aplica pero en absoluto, porque si Cusco no duerme a Aguas Calientes le han hecho la cura del sueño. Las discotecas estaban totalmente vacías, ninguna tenía gente como para probar un ligue inesperado o buscar esa suerte bricheresca con alguna turista. Era increíble como después de que tanta gente bajo del tren, ya no haya nadie en este pueblito.

Después de mucho caminar nos dimos por vencidos, las discotecas ahí estaban de más, lo que nos reventaba la cabeza era que algunos turistas si la estaban haciendo linda, pero no sabíamos donde.

Maldiciendo nuestra suerte, compramos dos botellitas de ron, una gaseosa, piqueos, infaltables cigarros y acompañados de la lluvia cusqueña y sentados en la puerta de nuestro hospedaje, tomábamos sorbo a sorbo este calientito que nos acompaño por muchas horas.
Lo mágico de ese ir y venir de copas, fue que nuestra conversación era acompañada por el ruido de una lluvia jamás vivida, nunca habíamos tenido la oportunidad de ser parte de una verdadera lluvia, de esas que cuando sales un ratito estas totalmente empapado.

Estuvimos sentados ahí, conversando de la vida, saludando a cada persona cusqueña que pasaba, haciendo salud con personas que recién conocíamos por lo fortuito de la situación y acompañados de música melancólica, que irremediablemente y escoltados de esa sobria noche, hacia que recordáramos pasajes de aquellos amores que nuestros corazones nos dictaban.

Fuimos a dormir después de una larga velada, en donde descubrimos varias cosas como por ejemplo que la lluvia es excelente (pero la buena lluvia, no esa tímida y melancólica lluvia limeña). Aguas Calientes duerme y duerme bien (no sabemos donde se meten los turistas). El ron es un buen acompañante de una noche lluviosa. Cuando alguien te dice no va a llover no le creas. La frase ningún perro te ladra, es totalmente falsa, porque mientras estábamos solos en medio de la lluvia sentados en el Hospedaje, un fiel amigo perruno se sentó a nuestro costado, quizás acompañándonos en este paso veloz por este pueblo y dándonos la bienvenida y despedida de Aguas Calientes, que en ningún momento fueron calientes, mas bien aguas frías de la lluvia que nos siguió toda la noche.
Al dis siguiente Machu Pichu nos esperaba y muchas sorpresas que contar.