lunes, 12 de noviembre de 2007

Otro dia mágico con tres Maravillas. Día 3 (Parte 1)

Nos despertamos a las nueve de la mañana y la primera idea que teníamos era tomar el primer bus a Machu Picchu. Definitivamente no tomamos el primer bus, debido a nuestro carácter relajón, primero fuimos a buscar un lugar respetable donde tomar un buen desayuno, y lo encontramos. El mejor lugar de Aguas Calientes, un mercado muy bien distribuido que se encontraba en un segundo piso, ahí saludamos efusivamente a la señora que posteriormente nos sirvió un jugo a la grande, proporcional a un buen Kero cusqueño.

Ya lleno el estomago partimos rumbo a los buses. Lo curioso de esto fue que no había mucha gente en nuestro bus, pensamos que los buses estarían repletos y que iríamos colgados tipo un micro limeño, pero fue todo lo contrario, el viaje fue tranquilo y espectacular, disfrutando cada paisaje, disfrutando cada cuadro incomparable, viendo lo majestuoso de nuestro Perú, cada girar del bus nos descubría parte de la ciudadela perdida de nuestros abuelitos y de verdad que estaba perdida, porque cada vez notábamos lo lejos que lo habían hecho. Me ponía a pensar, que alucinante cargar cada piedra para construir una ciudadela que conocerían algunos y encima que se iba a perder, recontra locos. (LLegada a Machu Picchu)

Llegamos a Machu Picchu y nos rodeamos de gente de todo el mundo, árabes, chinos, europeas, brasileros, y los infaltables gringos norteamericanos. Nos dirigimos a la entrada y rápidamente nos interceptaron para que nos floree un guía, sin poner resistencia aceptamos la invitación, era un grupo muy aburrido al cual pusimos pilas en cada momento que era propicio. Lo primero a donde teníamos que ir, era al sitio donde se muestra la clásica foto, las típicas postales que recorren todo el Perú y el mundo. Para llegar ahí tienes que subir unas escaleras que parecen no tener fin. Subimos grada a grada, parecía que habíamos recorrido el 10k de Nike, porque estábamos cansados, exhaustos, algunas chicas del grupo tuvieron que detenerse en medio del camino, para recuperar el aliento y retomar, con un poco mas de aire, la marcha.

Ya estábamos ahí, justo ahí, donde tantas veces quisimos estar, en medio de esa maravilla que siempre habíamos visto retratada en postales o fotos, estábamos parados en ese cúmulo de piedras que formaban un ciudad tan majestuosa como su pueblo, tan divina como el cielo mismo y tan o mas espectacular que todas las demás maravillas. Creo que todo el mundo tuvo razón al rendirse ante Machu Picchu, por es algo fuera de serie.

Los primero que hicimos fue esperar, porque para tomarte foto en dicho lugarcito tienes que hacer una cola, no tan distribuida pero cola al fin. Sí, estábamos hipnotizados por lo bello del paisaje, pero también nos hipnotizó ella, su frescura para tomarse una foto, su sonrisa y su belleza. Nos tocó el turno de tomarnos una foto, foto por allá, foto por acá, payasada por acá, otro también mas allá y cuando estaba dando mi discurso tonto en ese lugar famoso donde se ve todo Machu Picchu, una voz dulce me conversó, era la chica que les hablé al principio, no dude en hablarle y entablar junto con Jason una amena conversación.

Ella se llamaba Karen y su amiga Anabel, ambas francesas. Hablaban perfectamente el español, pero con ese dejo que nos embrujaba, que nos atraía. Estuvimos con ellas por un buen lapso, conociéndonos, conversando de todo, ellas se quedarían más tiempo tanto en Cusco como en Aguas Calientes y renegamos del corto tiempo que teníamos. Por lo desafortunado del plan, nosotros teníamos que ir con la guía que ya nos estaba fastidiando para seguirla y nos separamos, pero nunca las perdimos de vista.

Paseamos por cada centímetro de Machu Picchu, sin perdernos de nada, cruzándonos con gente de todo el mundo, tomándonos fotos por doquier, alucinando nuestra propia historia de los hechos ocurridos en la ciudadela y tomándole el pelo a la guía.

Acabamos el recorrido exhaustos pero con la gran satisfacción de haber pisado las ruinas que veíamos en nuestros libros de Escuela Nueva, y en casi todas las láminas de historia de Navarrete, ruinas que por años conocíamos y que la incógnita de cuando iríamos siempre nos perseguía. Ahora era toda una realidad porque mis zapatillas recorrían los mismos pasadizos que miles de años antes fueron recorridos por ojotas de recios incas.

Luego que todo este largo recorrido acabó, buscamos a nuestras francesas que nos habían quitado el aliento, más que la altura. Ya estando ahí retomamos la conversación con estas dos francesas, de las cuales Karen me envolvía en sus ojos, ojos claros que me traían más estupido que de costumbre. Salimos de Mapi (como le dicen cariñosamente a Machu Pichu) con ellas, aún me sentía extasiado tanto de estar en ese lugar sagrado como de estar a lado de una chica distinta, diferente, que hacia que te sumerjas en sus ojos claros.

En el bus, tanto Jason y yo nos sentamos con cada dama, ahí las palabras se extendieron, me gustaba ese arrastrar de palabras que tenía, ese suave hablar para no confundirse, cada palabra me acercaba más a ella, y creo que lo notó, pero al contrario de alejarse, se acercaba, después de varias palabras me sumergía en un beso fuera de serie, un beso que valió los miles de kilómetros recorridos, un beso de otro mundo, un beso de otra dimensión.

Era alucinante saber que ella había recorrido tanto y a la vez yo haya recorrido otro tanto y que todo haya hecho que estemos sentados en un bus disfrutando de un beso nuevo para mí, y quizás también para ella. Cuando ese beso acabó y sus ojos se abrieron, me estremeció lo bello de su mirar. Voltee a ver a Jason y andaba en lo mismo con Anabel, y creo que sentía lo mismo que yo, porque encontrarte a francesas hermosas, no ocurre todos los días.
Nos quedamos aún en Aguas Calientes con ellas, recorridos esas pequeñas calles y conocimos mas de ellas, donde se hospedaban y el porqué de estar en el Perú. Pasamos con ella toda la tarde, donde supimos que es tocar el cielo con dos bellezas, donde las conocimos en su totalidad, donde maldecimos el caer del sol, donde abrazados con ellas dudamos de lo mortal del momento.

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