lunes, 18 de octubre de 2010

3. Pia. Un verano de calor y sobrepeso.

Si bien Pia había besado a más de un sapo que no se había convertido en príncipe, seguía con ánimos y sonriente. Le había llenado de angustia en algunos tiempos esos sapos que lograron ilusionarla pero la nueva mudanza hacia el departamento de Lorena no le había dejado mucho tiempo para volver a pensar en ellos. Lorena era un amiga que recién conocía, una amiga de saltarines, robustos y juergueros 25 años, eso contagió mucho a Pia, se infectó de todo el bullicio de noches pintadas por luces de neón, de canciones que no tenían un fin, de tragos que sabían tan igual a como se veían.

Lorena era una chica bastante light, yo la veía como una robot muy bien diseñada, con robustas piernas, delicada cintura, prominentes pechos, una sonrisa cautivante y con un chip dentro de su cerebro que daba órdenes estrictas de "NO ENAMORARSE". La torta se volteaba con ella, en su caso no eran los hombres que jugaban con ella, ella jugaba con los hombres.

Cuando la conocí, como todo chico que conoce a Lorena, quedé impactado con todo la carne tan bien distribuida que tenía, todo lo bien que le había hecho esas largas horas en el gimnasio, lo bien que le habían hecho las ensaladas y los edulcorantes. Lorena era una chica que como mínimo le caían cada noche de juerga tres a cuatro chicos. No era muy simpática de rostro, pero tampoco era fea, la sutil operación de su nariz, que nunca me la comentó pero siempre sospeché, hacían que su rostro tomara una delicadeza que de seguro le hacía falta y de la que antes no disfrutaba.
Así era Lorena, con una vida rápida, sin tener la más mínima idea de estancarse con alguien o buscar un futuro con ese alguien, muy por el contrario de Pía, sin embargo, esas dos formas distintas de pensar las hizo unirse, complementarse, Lorena cogía un poco de la vida tranquila de Pia y Pia cogía mucho de la vida loca de Lorena.

Salían juntas los fines de semana, cuando a Lorena le invitaban a salir, y eso era frecuente, decía que tenía que ir con su amiga Pia, y los wevas tristes que afanaban a Lorena invitaban no sólo a Lorena sino también a Pia, había que quedar bien con la amiga. Pia conoció mucha gente, supo de mucha juerga, de chicos que la perseguían en noches de discotecas, en amigos que hacían pasar a las discotecas sin necesidad de cola ni entrada, de tragos y juergas de dos días.

Fue en esa mezcolanza de noches que conoció a Enrique Parodi, dueño de una cadena de restaurants, con un inmenso carisma, con una gorda billetera y un descomunal cuerpo lleno de mucho tejido adiposo. Enrique o Kike, como le decían, era un gordito jueguero, que no escatimaba en gastos cuando había que divertirse, junto a Lorena y Pía todo era excelente, hicieron un grupo muy alocado. Pia se sentada al costado de Kike en su camioneta negra 4x4 y Lorena se sentada atrás con Richard, un chico que estaba loco por ella, un chiquillo por el que Lorena me decía, es lindo pero no pasa nada, nunca entendí que buscaba Lorena, creo que sólo diversión y el saberse poderosa.

Todo el recorrido del tramo sur hacia las playas de El Bosque, Santa Maria y Punta Hermosa se hizo rutina los fines de semana. Mientras que Pía trataba de planear todo lo que haría sus fines de semana, Lorena lo hacía todo sin planes y rompía el estricto papiro de actividades que tenía Pia, que después entendió que sólo era cuestión de dejarse llevar, que no era necesario cargadas actividades planeadas para pasarla bien, que lo que ocurre sin planes tiene un gusto diferente, tiene un dulce adictivo y que mientras sus ánimos de salir existieran no planearía nada, no mediaría nada, Kike también entró en ese desbande de pasiones que experimentaba Pia.

Sin medir y sin fijarse Pia ya salía con Kike, ya se besaban y abrazaban de más. Pia sonreía, Kike sonreía más, no creía que una chica como Pia se haya fijado en él, en su oronda figura y su regordete rostro. Cuando vi a Kike por fotografías, entendí menos a Pia, ella que gustaba de chicos atléticos, varoniles, y con un buen porte, había anclado con Kike que era todo lo contrario, era un gordo descomunal, con una sonrisa bonachona, blancón, y con un aspecto bastante porcino cuando no sonreía. Lo que si no puedo negar que a diferencia del pitufo anterior, Kike era más alto que Pia, su altura hacia disimular en pequeños grados su descomunal volumen.

Veía las flores que Kike mandaba por la mañana, Pia orgullosa y con un corazón que no cabía en su pecho, mostraba las delicadas flores rojas que Kike mandaba, el gordito hacia bien su trabajo, día a día conquistaba a Pia. Con lo bien que se portaba Kike, hacia que Pia deje de notar esos muchos kilos de más que tenía, y lo proyectara como un adonis saliendo de una piscina, con el cabello largo y mojado.

Ese fin de semana, Pia le regalo un beso de largos minutos a Kike, mientras que en la parte posterior del auto se escuchaban los besos desaforados que Lorena le daba a Richardcito pobrecito es muy bueno, pero ojala de esto no se me pegue como lapa. Kike después del beso de Pia creyó estar en la estratosfera y se notaba comprometido o al menos así lo notó ella. Pia le dijo que era divorciada, él le comentó que había pasado un proceso igual y que ya estaba totalmente separado, y toda esa noche fueron de revelaciones que no impidieron que se sigan besando. En la parte posterior Richard ya había quedado enamorado y planeaba llamar a Lorena al día siguiente, ojala no me llame al día siguiente.

El verano siguió siendo excelente, Pia y su gordito salían todas las noches, pero ella ya había notado que muchas veces Kike contestaba su celular apartado del bullicio de la noche, algo que irritaba y desconcertaba a Pia.

Ya mi amor, está bien, mañana iré a la casa
¿Tantas cosas tienes por hacer?
Si mi amor los negocios tu sabes, son un loquerio
Bueno mi amor
Si amor, con esto de la inauguración del próximo local en el sur, estamos a tope
Ok mi amor te entiendo, pero mañana ven temprano ¿sí?
Ya mi amor, ¿como está tu pancita?
Bien amor, el doctor hoy me dijo que Rodriguito ya esta acomodado y que sólo nos queda esperar
Ok amor, será un machazo como su padre
Claro que si mi amor
Ya te dejo me llaman.
Amor cuídate mucho ¿si?

Kike regresó con cautela a la sala de la casa, entro sigilosamente para no ser visto por Pia y luego de rodear todo el perímetro, la abrazó por detrás y le enfrascó un beso en el cuello diciéndole al oído que la quería mucho, Pia no pudo contener la ternura que produjo en ella ese abrazo y también lo abrazó y le dijo que lo quería.

Las salidas constantes de Kike a contestar el teléfono se incrementaron, su esposa ya tenía ocho mese y medio y tenían que estar en constante comunicación. Pia que ya sabía el comportamiento de tanto sapo, se di cuenta lo de lo que se trataba.

Una noche, cuando el verano ya soltaba sus últimos suspiros calurosos, Pia casi obligó a Kike a contarle toda la verdad, al principio Kike como todo buen pendejerete lo negó, pero vio a Pia tan convencida que algo pasaba que no tuvo otra salida que contárselo.

No me vengas con cosas, yo sé que algo pasa, solo quiero que me digas la verdad
(Un masoquista proceder que tenemos todos, el querer escuchar de los labios de la otra persona la desquebrajadora verdad)
Pero Pia, la verdad es que te quiero mucho, que no me había sentido así con nadie
Pero pasa algo Kike, te llaman al celular y no lo puedes contestar cuando estoy yo
Pero…
Y no me digas que es mi parecer, porque ha sido más de una vez, todos lo notan.
Pía…
Estas con alguien mas ¿no?
No…
¿No?
No exactamente Pia, la verdad es que no me he divorciado, sigo viviendo con mi esposa
¿Qué? Tú estás loco, eres un pendejo…
Pero no siento nada por ella, no es lo mismo cuando estoy contigo

Pia ya se sentía asqueada de todo lo que escuchaba, ahora vio con mayor claridad los rollos asquerosos que a ese gordo seboso se le formaban, vio la cara de porcino similar a la que los carniceros ponen en los mercados exhibiendo sus carnes de chancho. Lo vio asqueroso, mantecoso, adiposo, aceitoso y mentiroso. Pia bajó del auto y junto a Lorena partieron de las playas del sur a Lima.

Luego Pia se enteraría que la esposa de Kike esperaba un hijo y lo tachó mucho mas, lo maldijo más, no le cabía en la cabeza como pudo haber negado un hijo, un hijo que Pia deseaba tener y que nunca hubiera negado.

Las noches de juerga se trasladaron a Lima. Pia ya no quiso saber más de Kike y rechazaron todas las invitaciones a los tonos que los amigos de Kike les hacian. Richard pagó por los platos rotos, su corazón no había borracho a Lorena desde aquella noche del beso, besos apasionados que Lorena le dio como queriendo que él se quede obsesionado por ella. Richard llamaba y Lorena siempre tenía una excusa para no salir con él.

Las noches de juerga iban bajando sus decibeles, Pia se sobrecargó de actividades académicas y laborales mientras que Lorena acompañada de otras amigas de su nuevo trabajo emprendía viajes y seguía sacandole el jugo a las noches.

Pia, errante como siempre, gitana como muchos, se volvió a mudar con otra amiga casi de su misma edad y con la calma de los treinta, no se compenetró tanto como con Lorena, pero vivía tranquila aislada ya de noches de bohemia y recordando los pasajes divertidos que pasó junto a su amiga. A escasas cuadras de su nueva casa se inauguró hace unos días un restaurant de la cadena de Kike, hasta el momento no se encuentra con él, ni ella pretende hacerlo, pero cuando puede toma otra ruta menos cargada de malos recuerdos.

….
Hace unos meses entré al restaurant del gordito Kike, mientras deglutía mi salchipapa, vi como bajaba de su 4x4, entraba a su local, daba algunas indicaciones y volvía a su camioneta donde lo esperaba su esposa que cargaba con mucho cariño a su bebe.


lunes, 11 de octubre de 2010

2. Pía. Esto es lo que mereces.

Pía lo conoció en el matrimonio de un amigo, en una de esas salidas bochornosas que sus amigos concretan para ella con el afán de poner fin a tu soltería infinita. Sus amigas o estaban casadas o tenían sus bebes y Pía seguía quedando en el tintero, al borde, al filo de encontrar a alguien y al final no hacerlo. Mercedes, su amiga, había decidido hacer de Cupido y concreta con Pía ir al matrimonio en parejitas, ella ya le tenía listo una parejita.

Gustavo era amigo del esposo de Meche, Ingeniero Electrónico, el tipo no tenía el gran porte de Rubén, era más bien un tanto chiquito para la figura espigada de Pía, cabello con raya al costado, ojos un poco caídos y una sonrisa algo tonta. Coincidieron en el departamento de Meche y dispararon palabras rápidas, escuetas pero muy respetuosas. Gustavo a primera vista no era de agrado a Pía, ella fue tan cordial como siempre es, con risas a veces fingidas para quedar bien, conversaciones que no interesaban mucho, él dejaba claro constancia que la vida le estaba sonriendo y sus negocios iban viento en popa.
Sin llegar a gustarle físicamente le atraía esa convicción al hablar de sí mismo, le gusto ese tremendo Hyundai Tucson que se veía gigantesco al lado de su bocho del 87, le gustaba su terno Hugo Boss que le hacía crecer unos centímetros más a su resumida estatura y su voz gruesa y varonil cuando decía su nombre.

Pero lo que más inquietaba a Pía y agradaba era que Gustavo no había dejado de mirarla, cada vez que hablaban él inyectaba su mirada muy fuerte sobre sus ojos, ella sostenía un momento la mirada pero luego volteaba hacia otro lado, se avergonzaba. Gustavo quedó muy inquieto después de esa reunión, Pía le había gustado mucho, le había gustado bien, le encantó la noche que pasaron juntos, le gustó esa figura que tenía Pía, veía sin reparo sus largas piernas que para él no tenían un final pero que lo llevarían a la gloria, sus caderas y la timidez que ella mostraba. Las tímidas son las mas bravas, golpeaba esa frase enfermizamente en su cabeza.

Pía se proyectó, porque algo que hace Pía a estas alturas es proyectarse, es irse sin ninguna razón hacia el futuro, futuro y más futuro, no pisa freno, mete primera, segunda y no para hasta la quinta, y no deja de irse. Se había imaginado con él, había visto un flash en donde su vida transcurría tranquila, domada y sobretodo segura, asentada con Gustavo que le daría todo.
Gustavo no dudo en llamarla y salir con ella, después de un breve coqueteo por teléfono ella accedió

Vamos a donde tú quieras. Que deseas cenar
Bueno deseo comer pastas
Conozco un lugar perfecto
¿Si? ¿Cuál es?
A Don Vito
No lo conozco
Es perfecto, paso por ti a las 7
¿Mejor que sea a las 8?, ¿te parece?
Ok a las 8 espérame lista
Ok Un beso
Te doy dos mejor
Está bien Pía dejó escapar una risa coqueta.

Gustavo fue a recogerla y la veía mucha más alta, los tacos talla 9 hacia de Pía mucho mas espigada, más imponente y a Gustavo mas minúsculo y retaco. Más allá de minimizarlo lo agrandó, le agradó entrar a la tratoría con ella sosteniendo con disimulo su cintura y que los mozos lo miren de reojo.

El silencio del restaurant y la intimidad en que estuvieron los comprometía, los camuflaba, fue como si el ambiente agradable del lugar y Gustavo hubieran tenido una complicidad para encantar a Pía. Ella sonreía y coqueteaba con Gustavo, Gustavo sonreía y con disimulo miraba las contornadas piernas de Pía, más al fondo el mozo susurraba al oído con su compañero ya viste a Blanca Nieves con su enano.

El vino tinto rosado de Barbera que despedía olores de uva fina estaba delicioso, justo y adecuado para el momento. Pía se sonrojó y puso algo caliente producto del afrodisiaco vino, Gustavo estaba carreta y algo empilado.

Todo le salió excelente a Gustavo, la comida, el vino, todo había encantado a Pía, que dejando de lado el sube y baja que parecían cuando caminaban, se notó más accesible. Todo estuvo bien hasta que vino el mozo y le dejó la cuanta, Gustavo la miró, miró a Pía y le dijo el precio. Pía quedó algo consternada y sorprendida, Gustavo dejó la cuenta sobre la mesa y la arrimó hasta el centro, saco su billetera y puso unos billetes pagando la mitad, Pía miró los putañeros billetes que dejó Gustavo y lo miró con algo de rabia, quería decirle en su cara maldito enano no me estabas invitando, pero no lo hizo, solo atinó a sacar de su cartera el resto de billetes que completaba la cuenta.

Pía estaba muy amarga, todo lo mágico que había construido Gustavo esa noche, se habría quebrado como un cristal, se había destrozado. Pía es muy chapada a la antigua y aunque ha tratado de cambiar cuando vino a Lima, siempre le ha gustado que los chicos con los que sale sean los que paguen la cuenta, lo ve algo así como un gesto caballeroso y machista por lo que siente una extraña atracción.

Con ese bochornoso pasaje Pía dejó de contestar las llamadas, los mensajes de textos y los mails. Mientras más se escapaba Gustavo, Gustavo más insistía. Él se había dado cuenta lo que había hecho, se dio cuenta el instante que puso la cuenta en medio de la mesa, como se le cuadriculó la cara a Pía, pero ya no podía dar marcha atrás, tenía bien clara la frase que había escuchado a sus cavernícolas amigos de la UNI, si ya la metiste, muévete no más.

La insistencia de Gustavo hizo doblegar a Pía, bueno ya dale una oportunidad quizás se le fue, le decía su amiga, ella dudaba, pero finalmente contestó una llamada, Gustavo no tocó el tema, ya no había forma de tocarlo, sólo dijo las palabras correctas para invitar nuevamente a Pía a salir, dale Pía, vamos a comer, te juro que esta vez será diferente, y vaya que lo fue, todo fue perfecto y al final de la cena Gustavo tomó la cuenta y cubrió el integro de los gastos, pero sintió un vacio cuando vio que su dinero se alejaba, no había que darle vuelta, Gustavo era un tacaño de aquellos, un hombre codo, en el colegio solían decirle pingüino, porque sus manos no llegaban al bolsillo y en su época universitaria le había puesto ausencia, porque al momento de la chancha nunca lo encontrabas. Sintió nostalgia ver su dinero esfumarse, pero trato de no pensar en eso.

A la semana se fue de viaje al norte del país, se despidió de Pía y le prometió traerle algo. Pía extrañaba sus llamadas por la mañana, ahora que estaba lejos y en un trabajo que le quitaba más que la respiración, las llamadas se redujeron. Pasada la semana llamó a Pía y le dijo que le había traído algo, Pía se emocionó mucho, supo que dentro de toda su ajetreada semana laboral había hecho un espacio para engreírla con un regalo.

Sonó el timbre, era Gustavo, Pía fue rápidamente a abrir la puerta lo vio y se abrazaron, se habían extrañado, Pía esperaba un tanto ansiosa por la sorpresa, Gustavo sacó de su mochila un gran bolsa de chifles, miró a Pía sonriendo y le dijo, toma, esto es lo que mereces gracias por todo, a Pía se le cuadriculó la cara nuevamente y quiso aventar por la ventana al pigmeo maldito que le había dicho que todo lo que ella merece es una ridícula bolsa de chifles. Pía le dijo Gracias, y cogió su bolsa gigante de chifles, Gustavo entró al departamento de Pía como Pedro en su casa, a los minutos Pía con la sangre hirviendo le dijo que tenía mucho trabajo y que viniera luego, Gustavo se fue y Pía cerró la puerta y le hecho mil candados, maldito retaco asqueroso, vete a buscar otra estúpida Blancanieves que guste de chifles, imbécil.
Pía vio los chifles, los cogió y se las aventó a Dorotea, su gata, que merodeaba por la sala. Dorotea se acercó, lo olió, miró con desconfianza a Pía y se fue a su canasta.

Pía no contesto nunca más a Gustavo, por más insistente que se puso.