viernes, 25 de mayo de 2007

La colaboracion mas cara

Estábamos en quinto de secundaria, habíamos alcanzado la cima de popularidad y la cima del poder. Todo lo que sucedió antes de llegar a quinto sirvió para que todo el colegio hablara de nosotros y alcancemos el grado de respeto que merecíamos. Éramos la promoción, que después de haber pasado por tantas penurias, por fin llegaba al sitio donde siempre debió estar.

Como era habitual, dentro de nuestra reducida promo, debía haber un tutor y por supuesto debíamos elegir al brigadier general, él era la autoridad dentro de todo secundaria y porque no decirlo, el ejemplo en primaria. La elección se hacía de la siguiente manera: Un 50 % de la elección estaba en mano de los alumnos, es decir nosotros, otro 50% estaba en manos del Padre Director y también se tomaba en cuenta las opiniones de los profesores. Una elección que nos parecía medianamente justa, porque juzgando por elecciones anteriores, no habíamos tenido tanto tino para elegir a los representantes del salón. Años anteriores elegimos a Jairo y Tachi como las personas que tendrían que imponer respeto dentro del salón, por supuesto, esto nunca sucedió. Recuerdo las amenazas que nuestro buen amigo Jairo recibía de casi todo el salón, cuando quería poner mano dura al asunto, bórrame del parte conchatumare, ni me apuntes oe; o de lo contrario hacíamos cosas mas prácticas como, zurrarnos en su autoridad y ayudados de un Liquid Paper, borrar el arduo trabajo de Jairo y de Tachi de todo el día, apuntando nombres y apellidos. Como previendo todo esto, el Padre Forno se atribuía un porcentaje igual en la elección, porque si no imagínense a Tachi en plena formación tratando de poner orden, o a Jairo en la misma situación, desastre total. Es por eso que juntando ambos porcentajes, salió el brigadier general, que fue nuestro muy recordado amigo Alejandro Del Pozo, que hasta ese momento su chapa se movía entre palabras como Choza, Chozón, Caballón, etc.

Alejo tenía todos los requisitos que se esperaba, es decir, tenía las más altas notas del salón (hasta ese año, porque de ahí mi querido amigo cara de triángulo lo relegó del primer puesto), en todo el transcurso de secundaria no se había metido en problemas tan sonados, como las llaves por ejemplo, salvo la pavada que hizo con Mico de escribir con spray los baños de primaria, y todo pandilleros ponen sus seudónimos recontra caletas y recontra desconocidos: EL MICO y EL CHOZA, osea nadie se daría cuenta quien fue. A parte de eso, Alejo, no se metió en problemas mayores.

Parece que por fin el padre dio en el clavo con alguien, porque el choza hasta ese momento cumplía sus deberes muy bien, no hacía ninguna palomillada, no hacía cosas que hagan pensar, tanto a los profesores como al padre, que elegirlo fue una equivocación. Seguía con sus notas destacables, para beneplácito de su familia, pero ya notábamos un cierto abuso y maltrato por parte de nuestro delgaducho choza hacia años menores. En una ocasión, estando en cancha, unos niños de primaria entraron al patio como queriendo divertirse en los pocos minutos que la cancha se quedaba vacía, puesto que nosotros aún conversábamos para luego elegir la gente. Alejo les grito diciéndoles que se largaran, pero la vehemencia y las ganas de los niños pudo más, así que entraron nuevamente, pero esta vez fueron recibidos por un pelotazo casual. Luego de este pelotazo, el niño se sentó en la clásica banca de cemento, ya que el pelotazo le estaba causando mucho dolor, cuando de pronto se oyeron los gritos de Alejandro diciéndole: Ya ves carajo, te estoy diciendo que salgas, ahora llora pes carajo, quiero que llores, obviamente desconcertados lo quedamos mirando, viendo como el niño se acongojaba más con los gritos de su brigadier general, quiero que llores, llora pe. Después de varios gritos, el niño se fue cabizbajo con una lágrima en su rostro. Con ello comprobamos que esto del puestito de brigadier ya se estaba yendo muy lejos, que aunque a nosotros no nos decía nada atorrante, se la agarraba con los menores.

Por ese tiempo se había puesto de moda, una respuesta muy particular a cualquier petición o favor que nosotros hacíamos al compañero. De seguro todos la van a recordar, era una respuesta que rayaba en lo grosero y vulgar. Obviamente, esta respuesta solo la hacíamos entre nosotros, y a uno que otro alumno de distinto año que conocíamos. Esto estaba prohibido a profesores o a cualquier persona que podía tomar represalias, obviamente Alejo no se percató de esto.
Cualquier pregunta o petición al compañero como por ejemplo: Oe préstame tu lapicero, en el acto la respuesta era la siguiente: que te lo preste este, o por ejemplo; oe alcánzame el cuaderno, que te lo alcance este. Y este se refería a la sorPRESA Ustedes ya saben qué, no hay necesidad de decirlo. Y estas respuestas iban seguidas de las gesticulaciones recontra obscenas, haciendo el amague de enseñar la sorPRESA.

Sinceramente no me acuerdo los meses en que este gran suceso tan divertido ocurrió, pero era una época en la que alumnos de nuestro colegio colaboraba con la recolección de fondos contra el cáncer, o algo por el estilo. Los niños de primaria salían por todos lados con sus latitas para pedir una colaboración para tan noble causa. Estos chiquillos osaron pasar las rejas que daban a secundaria y empezar a pedir a todo los alumnos que se encontraban en nuestro patio. Pidieron a alumnos de tercero, de cuarto, y por supuesto a los jóvenes de quito de secundaria. A muchos de nosotros llego un niño, mostrando su lata tratando de sacarnos unas monedas, y fregando nuestra paciencia con su latita, pero la situación estaba muy critica, mas en esa época y recibió una negativa de casi todos nosotros.

Hasta que unos de estos niños, se le ocurrió una gran idea, mostrar su latita a este alumno que tenia cara de dadivoso, de seguro el niño pensó, este patita le enseñará a toda esta sarta de insensibles (nosotros) que es tener un buen corazón. Y dando pequeños y temerosos pasos, con cierto cuidado de hablarle a este alumno tan alto, se acercaba cada vez más a nuestro amigo Alejo. Ya estando frente a él, le mostró su latita y le hizo la pregunta que jamás deseo haber hecho. Podrías colaborar, a lo que nuestro gran brigadier general le respondió, que te colabore este y obviamente seguido de la ya clásica gesticulación obscena, como mostrando la sorPRESA. Claro, Alejo se encontraba acompañado de un grupo del salón, que segundos después de esta broma, se rieron, celebrando la gran burla de este nuestro gran brigadier.

La pregunta es, que habrá pasado por la mente del pobre niño, que después de una respuesta tan vulgar, se vio sumergido en las risas burlonas de los demás amigos de ese, su Gran brigadier. Se habrá preguntado, ese es el ejemplo que debo seguir, que se habrá creído este flaquito ahora lo acuso, solo quería diez céntimos, se han burlado de mi, ¿le digo a las profesoras lo que me han hecho?, sí les voy a decir tantas cosas que pudo haber pensando el pobre niño, en el transcurso del patio de secundaria al patio de primaria. Mientras que todos jugábamos y le sacábamos el jugo a nuestro recreo, el niño aquel que fue maltratado por nuestro gran brigadier, le contaba con lujo de detalles lo sucedido a las profesoras, estas profesoras que años pasados nos formaron y nos despidieron de primaria, dándonos una gran agasajo. Ellas ahora escuchaban horrorizadas, la grotesca broma que uno de sus ex alumnos, había cometido.

El timbre sonó, las bromas y los chistes se acabaron, para reanudarlas en el salón. Todos los años entraron a sus respectivos salones, entre murmullos y risas subíamos las escaleras, para ocupar nuestros asientos en ese nuestro recordado salón. Nos acomodábamos y Dante Hurtado, tutor de la promo, nos hacía poner de pie para recibir a nuestro profesor. Pero algo ocurría, algo andaba mal, el profesor entró, alumnos buenas tardes, un profesor de primaria desea hablarles, nosotros estábamos desconcertados, ya estábamos en quinto de secundaria a puertas de salir, qué podría querer un profesor de primaria en nuestro salón, muchos sentían miedo, es que ya estábamos medio traumados por todo lo que habíamos pasado, otros se miraban las caras. Hasta que el profesor entró, era Julio, un patita regordete que fungía de profe de religión. Nadie entendía nada y empezó el sermón de las mil horas, como es posible alumnos, ustedes que deben dar el ejemplo, están mostrando esta conducta incorrecta e inapropiada para un menor de edad, debería darles vergüenza, siempre los hemos educado con valores bla bla bla bla, que diablos estaba pasando, a que venia todo eso, nadie sabia nada, pero una persona si sabía muy bien de lo que hablaba, pero se quedaba callado, se cubría dentro de la muchedumbre. El profesor, este niño ha visto a uno de ustedes hacerles un gesto vulgar, ¿uno de nosotros? Pero ¿Quién?, todos se miraban, como muy pocas veces, ahora si nos encontrábamos desconcertados, porque en realidad no sabíamos quien era. La mayoría de veces, todos estaban enterados quienes habían cometido la falta, para las llaves, todos sabíamos quienes habían sido, pero ahora no sabíamos absolutamente nada. Cada cara era de desconcierto, cara miraba se cruzaba con la del compañero, unos miraron a Coco, otro miraron a Víctor, otros miraron a Mario, otros miraron a Raúl, etc., así cada miraba acusaba al amigo mas cercano, luego se escucharon los murmullos, quien fue quien fue, ¿tu fuiste on?, pero nadie daba con el culpable.

Luego de varios minutos, Julio optó por hacer pasar al testigo, QUE PASE EL NIÑO AGRAVIADO, y pasó aquel niño que ahora era la víctima de aquel muchacho grosero y sin corazón. El niño mientras daba pequeños pasos, miraba detenidamente a todo el salón, como buscando al culpable. Julio le dijo, pasa fila por fila y señala al muchacho que te dijo eso. El chiquillo pasaba cautelosamente mirando el rostro de cada uno de nosotros, yo sé que cada uno sabía que no había sido, pero no me digan que no sintieron temor al ver esa mirada acusadora pasar por nuestro costado, yo se que pensaron, ahora este chibolo falta que se equivoque y me señale, pero el niño tenia bien gravada la cara de aquel individuo. Pasó fila por fila, hasta que paró en una de esas filas, de verdad di un respiro tranquilizador porque el niño, no estaba ni cerca de donde me sentaba. Él se paro justo en la fila en la que se encontraba. Mario, Paulo, César, Archi y nuestro gran brigadier, y poco a poco alzó el dedo acusador y pasó lo que nadie esperaba, el dedo señalaba a nuestro gran brigadier y todo el mundo quedó asombrado, ¡el brigadier general había enseñado la sorPRESA a un niño se primaria! Se notó la sorpresa de los profesores, y el estupor de Alejo, fue tanta su desesperación, que obviamente negó todo con preguntas como: mira bien ah, estas seguro que soy yo, mírame bien ah, te has confundido, sabes quien soy yo, pero más que amedrentarse, el niño seguía señalándolo. Julio se sorprendió y dijo, el brigadier general ha sido, luego de ello Alejo salió con el profesor y el niño hacia la oficina del director. Obviamente, después de la impactante noticia, caímos en la tremenda carcajada, era muy chistoso recordar a Alejo increpando al niño a que mira bien su cara para saber si se equivoca. Todo nos reímos de Alejo ese día y producto de ello nacieron muchas chapas.

Lo impresionante es que tanto le impactó lo sucedido al niño, que después de fácilmente una hora se acordaba de esa cabellera en forma de choza, ese mentón recontra acentuado y esa cara de caballo que creo nunca se le borrara de la cabeza.

No sabemos lo que pasó en la oficina del director, pero lo que si sabemos es que Alejo, pidió disculpas a casi todo el colegio, pidió disculpas al niño agraviado, al Padre Forno, a todas las profesoras de primaria, que tan buena imagen de tenían de él, a Lauretti, a Chavela, a Martha, también pido disculpas a la señora Rosita, a Javier, a Guillermo, al carpintero, a Pedro Cordero, es decir, Alejo se derramaba en disculpas a todo el mundo para subsanar la tremenda falta cometida.

Ya al día siguiente, como dije, muchas chapas cayeron sobre nuestro gran brigadier Alejandro Del Pozo, primero alguien se aventuró a decirle Michael Jackson, por la reconocida pedofilia de este personaje y por ahí de ves en cuando se escapaba un AAAUUUUU dentro del salón. Otro le dijo el monstruo de breña, otro por ahí le puso Jesús, esta es la chapa que más causó risas dentro del salón, todos preguntaban porque Jesús, y otro dijo, DEJAD QUE LOS NIÑOS VENGAN A MI, las carcajadas no se hicieron esperar y las caricaturas referentes al tema tampoco.

Ahora el niño aquel será todo un joven, estará en la universidad o quizás aun en el colegio, habrá seguido una carrera o estará trabajando, nadie puede saber eso, pero lo que si les aseguro, es que aquel niño jamás volvió a tocar una lata para pedir una colecta.

COLOFÓN

Se que muchos de ustedes no vivieron estos momentos por motivos X que nos separaron, pero al narrar esta historia quiero que la sientan suya, sientan que estuvieron ahí, dando las mismas carcajadas que nosotros dimos, porque la promoción siempre fue UNA.
Gracias Promo.

1 comentario:

Julio Cesar dijo...

no me gusta tu cole! :P