jueves, 6 de octubre de 2011

¿Quién aguanta más?

Saliendo de mi trabajo, escucho en la radio una emisora que es recurrente en mi travesía hacia mi hogar, hacen comentarios sobre ¿Quién soporta más el dolor? ¿Los hombres o las mujeres? Mis ideas son bastante similares a las que los radioescuchas expresan, las mujeres son mucho más fuertes que nosotros, son mucho más machas al momento de soportar el dolor, desde el hecho que son ellas las que traen vida a este mundo con un dolor que nosotros no sentiremos jamás y que creo no soportaríamos. Solo me imagino que nosotros, los hombres, estemos abriendo las piernas velludas exponiendo nuestra intimidad y esperando a un pequeño angelito, se me hace complicado, no creo que seamos capaces de soportar eso ni en mil vidas.
Algo que también coincidí con los señores que hablaban por la radio es que lo que no soporto y que trato de evitar son las jeringas. Mientras que muchas de las mujeres toman este hincón como algo que se les puede presentar en algún momento y lo pasan de una forma más fresca, nosotros y en particular yo, evito por todas las formas una jeringa, sería capaz de tomarme veinte pastillas en vez de que mi nalga será ahuecada por un delgado y puntiagudo instrumento.
(…)

Estaba refriado y el virus dentro de mi cuerpo se entercaba más en salir, es más se enfureció y arremetió con todo su poderío tumbando indefenso en la cama. La mañana del día siguiente mi cuerpo ardía y mi garganta explotaba, estaba rendido, el virus microscópico le había ganado a este muchacho que pesa y mide muchas veces más que aquel malévolo bicho. Mil pastillas tomé en la mañana, mil pastillas en la tarde y mil pastillas en la noche pero parecía que hacían cosquillas al intruso. Por eso días la fiebre influencia causaba estupor a todo lima, y pensé que aquel mal estaba instalado en mi cuerpo. Como si fuera planeado el mismo síntoma recaía en mí, fiebre, dolores de músculos, dolor de cabeza, ardor ocular, etc.
(…)

Me quedé quieto mientras que la guapa enfermera me revisaba y auscultaba mi cuerpo débil. Concluyó que lo que tenía no era la temible Fiebre Influencia sino más bien un fuerte resfriado con una inflamación de garganta y que estaría bien en unos días. Me incorporé y mientras que me disponía a irme, la guapa chica me dijo que tenía que ponerme una inyección, yo la mire horrorizado, le dije que si no había alguna posibilidad de saltarnos ese paso y que si podíamos reemplazar esa terrible aguja por algunas cuantas pastillas, ella se negó y soltó una sonrisa, quizás, por la maricona propuesta que hice.

Ya estaba todo consumado, ella llenaba la aguja con el líquido que me recuperaría de ese terrible transe, yo le daba la espalda y me odiaba sentirme tan vulnerable frente a esta guapa enfermera que miraba de reojo. Bajo mi pantalón hasta la mitad de mi nalga, cierro mis ojos con fuerza, mis manos apretujaron con fuerza la manta que cubría el sillón y sentí las manos delicadas de la enfermera y luego un aguijón que me hizo ver cuadros, aprieto la manta con más fuerza, mis ojos siguen cerrados con vehemencia y siento en mi pierna como se desparrama el aceitoso líquido que me curará. Sigo sintiendo la aguja y el dolor, no me muevo ni un ápice, sigo apretando cada musculo de mi cuerpo, siento que el dolor sigue, que se expande por todo mi indefenso cuerpo, siento que nunca sacara ese terrible instrumento de mi nalga, siento morir, mientras seguía inerte escucho una dulce voz del otro lado de la habitación “ ya acabe hace rato” y yo seguía en la misma posición sin moverme “maldita sea” me digo, me sentí ridículo frente a una bella dama, habrá pensado que soy el más maricón de todos y que no soporto ningún dolor por mas insignificante. Subí mi pantalón abochornado, le di las gracias y ya no me quedó aliento ni valentía de soltarle una frase coqueta, solo arregle mi vestimenta y me fui.

Coincido con muchos en decir, que en si hacemos un comparativo en quien es más resistente al dolor, las mujeres se llevan todas las palmas, se llevan todos los laureles y es más yo les hago un podio, donde el primer lugar están ella, el segundo ellas, y el tercero ellas, y nosotros solo nos quedamos como unos espectadores aplaudiendo su premiación.

1 comentario:

Moka dijo...

Oh, genial, por fin se reconoce que las mujeres somos mejores y ustedes solo un error de la naturaleza...jajaja ok, no, no es cierto. Hombres y mujeres son diferentes y buenos en distintas cosas. Las mujeres somos mas observadoras, cursis, irritables e iracundas, los hombres olvidadizos, distraidos y chillones. Pero las mujeres somos mas tiernas, calidas y romanticas, los hombres son mas protectores. sinceros y humoristas. En fin, cada quien , no? hay sus excpciones, tampoco hay que generalizar....