jueves, 9 de julio de 2009

Historias de volante.

Hay mañanas que me aburro tener que subir a un micro, de bancarme al cobrador gritando en cada esquina pugnando por un pasajero más, de ir apretujado cual sardina gran parte de la Javier Prado, de soportar heroicamente estar parado casi media hora alrededor de gente que no conozco y que por circunstancias de la vida sus cuerpos se encuentran cerca al mío, haciendo la situación mas incomoda cada minuto. Hay mañanas que no puedo soportar el claxon inacabable de los micros, las metidas de carros, mentadas de madre, el trafico asqueroso, el cobrador recontra piraña, el chofer asesino, el pendejo conductor que se queda dos horas en todas las esquinas, el choro que se camufla como preocupado estudiante, el renegón que todo le llega y cada aventura que pasas en una combi, custer, micro, etc.

Simplemente hay mañanas que no soporto todo ese batallar y decido ir cómodamente sentado en un taxi aunque ese privilegio melle en algo mi billetera, pero no importa, cualquier cosa por evadir todo ese trance. Lo excepcional de un taxi, es, primero, la comodidad y el ahorro de tiempo que puedes llegar a tener, ya no mas paradas en cada esquina, a cambio tienes todo un trayecto libre y rápido hacia tu destino, cómodamente sentado mirando apaciblemente a través de la ventana y escuchando las canciones que has seleccionado en tu mp3.

Lo particular de los taxis es que muchos de los conductores no suele quedarse callado, se meten la lora del planeta, recuerdo dos en particular.

Uno que sin quererlo me empezó a hablar. Estratégicamente me había posicionado en el asiento de atrás para evitar ese carmoso dialogo que en ese momento no tenia ganas de entablar. Contra mi voluntad empezamos a hablar y el taxista me dice que él debió estar en la universidad y luego fácil hubiera estado en el congreso, por su espejo retrovisor alcanzó a ver mi sonrisa algo burlona y me respondió ¿que no me crees? Luego empezó a soltar una serie de preguntas como en las que vienen en el librito de un sol de cultura general, ¿Quién descubrió América? ¿Quién fue el primer hombre en pisar la Luna? Obras de una serie de presidentes del Perú, la verdad que del cuestionario que me planteó no todas tuvieron respuesta, mi memoria de largo plazo no llegaba a recordar mi época en que deglutía todo tipo de libro, de historia, de cultura general y aunque respondí algunas de las interrogantes otras se me pasaron y era prácticamente atacado por este taxista que sabía de pe a pa todo referente a historia. Lo sorprendente es que aparte de darme la respuesta lo acompañada de una breve descripción de los hechos, todo un maestro. Era todo un tinterillo, hablando a más no poder, tratando de dejar claro su sabiduría, yo aun estupefacto seguía sonriendo mirando y escuchando la cátedra que el taxista daba.

Se expresaba tan bien, como si su taxi lo hubiera convertido en el más renombrado auditorio, su asiento se haya convertido en un podio de caoba fina, y el volante un micrófono con el cual todo su renombrado público lo escuchaba. Se mandaba un floro bravo, mientras que yo representaba ese público encandilado con ese floro callejero sustentado en base a ese librito de sol. Cuando llegué a mi destino, supe que nunca iba a olvidar a ese taxista, tan jovial, tan lleno de optimismo, tan letrado, tan memorístico, tan dotado de ese verso callejero, tan congresista, tan catedrático, tan genio como el mismo se lo creía.

Me topé con otro taxista, de seguro también ustedes se lo han topado, el taxista de antaño, el viejito jubilado que te cuenta todo las aventurillas del pasado, te cuenta que todo lo pasado fue mejor, que antes había mas respeto, que antes era todo Lima era la tierra de nunca jamás, era una tierra perfecta, ves por la ventana y te preguntas que le pasó a la Lima, ¿cuándo se convirtió en horrible? Cuando se congestionó tanto, cuando se pobló de tanto choro y de tantas combis asesinas, volteas miras al abuelito y crees que todo es una fabula, no crees que esa Lima que ves a través del parabrisas sea la misma que el viejito te cuenta, crees que en ves de parecerse a Guepeto, debió ser Pinocho por todas las mentiras que te cuenta.
Pero después le das crédito, te dices, si el viejito lo dice con tanta vehemencia es porque en algún eso pudo ser cierto, pudo sentir esa maravilla de tierra, si antes existieron los Nenes Cubillas, Los Cholo Sotil, porque no creerle al tio.

Luego me soltó un consejo que bien aprendido lo tengo. Me dijo unas sabias palabras, “Lo primero por donde se comienza a ver la presencia de un caballero, es por sus zapatos, así que deben estar impecables” mientras que escondía mis zapaos que minutos antes se habían mezclado con la arena de la construcción de la esquina, quedando literalmente en la ruina. El señor de antaño, mientras conducía y me daba ese floro del zapato, llegó a ojear los míos, que intentaba, sin éxito, esconderlos y movió ligeramente la cabeza, desaprobando lo asqueroso de mi calzado.
Cuando llegué al trabajo lo primero que hice es sacar un brillo espectacular a mi prenda, porque sabía que más sabe diablo por viejo que por taxista.

La aventura de subir a un taxi es encontrarte con personajes únicos en el volante, lastimosamente por estos días el tomar un taxi se ha convertido en un acto algo suicida, por los accidentes y robos que hay, pero la parte enriquecedora de un taxi esta en entablar ese pequeño gran dialogo con esas personas que conocen tanto del lugar donde vivimos, conocen tanto de nuestro presente como de nuestro pasado. Diría que aparte de la comodidad, del ahorro de tiempo que te da un taxi, lo mas chévere son los personajes detrás de todo ese fierro amarillo.

3 comentarios:

Chio dijo...

para taxis yo experta, odio ir en combi al trabajo, pero ya debo dejar de hacerlo!!! mi economia no aguanta 20 soles diarios!!

pero tienes razón, a veces los señores de los taxis tienen unas cosas que te cuentan que son simplemente geniales.

Besitos Raùl.

Dylr dijo...

Bueno, a mi la verdad que aunque resulte incomodo me gusta esa onda que te da la dificultad de entrar a una especia de sacrificio comunal, de entrega al destino, de pagar culpas y tener que aguantar tanto fastidio gratuito, porque estar casi asfixiado, o aguantando humores desagradables, no es, pero te aleja de lo cotidiano, de lo exquisito, de lo humano, de ese contacto impersonal que se tiene con gente que nunca mas vas a voler a ver y es mas que ni recuerdas.
Bien.

MaPo dijo...

Voy en taxi desde q sali embarazada y no volvi a las combis..y claro q tienes razon son todos unos personajes..pero t dire q mil veces prefiero q hablen a q sean parcos porq me dan la impresion de q son asesinos en potencia