miércoles, 4 de agosto de 2010

Daniela.

Es impresionante cuanto tiempo ha pasado desde que nos conocimos, cómo pasan las estaciones sin darnos tregua y como hemos cambiado, cómo todo fue un rompecabezas, cómo todas las piezas tenían un movimiento asignado, un destino para llegar a lo que tenemos. Creo que en el génesis de nuestra realidad ambos nos miramos de diferente manera, es mas creo que ni nos mirabamos, creo que tú me veías como un chico un tanto jodido y que no escatimaba en las bromas, cosa que eso te fastidió en alguna ocasión y yo te veía como una chica coqueta que o le entraba mucho a la chacota.

¿Recuerdas como empezamos a hacernos amigos Daniela?, tampoco lo recuerdo, no sé en qué instante nos dimos cuenta que nos llevábamos bien, que teníamos personalidades harto parecidas, que podíamos mostrarnos tal cual somos, que podíamos bromearnos sin mala intención pero con bastantes cargas de picardía. Recuerdas Daniela cuando salímos, descubrí que no eres nada partícipe de las pizzas ni las hamburguesas, simplemente no mueres por ellas como yo muy a menudo lo hago. Conversamos, me dejaste descubrir más cosas de ti, dejaste que te conociera más, discúlpame por esa conversación donde fui algo directo y te dije las cosas como son en realidad sin tapujos, aún no estabas preparada para escuchar esas cosas de tu ex pareja, pero como te dije hay cosas que no van a cambiar y él está en ese saco. Cuando tus lágrimas caían no sabía cómo consolarte, nunca había tenido un contacto tan cercano contigo, me gusto que confiaras en mí, y quizás debí abrazarte pero no lo hice, no sé porqué Daniela, ahora de seguro hubiera sido diferente.

Nos hemos visto narcóticamente enamorados, o creyendo que lo estábamos, cada uno por su lado, cada uno por su camino. Tú me escuchabas, me bromeabas con la chica que solía salir, con la que me involucré, con la que conocías, a la que también aconsejabas y con la que al final todo acabó. Creo que estaba escrito que sería así, inútilmente estiraba eso como un chicle en pleno verano, no dejaba lo gaseoso que tenía con ella, pero, finalmente, evaporé lo que fue gaseoso. Siempre te dije Daniela, que fue una bonita época pero que debió acabar, con un final amargo y sinsabor.

También te vi en tu relación, te aconsejé, te dije que me daba gusto verte con él, que también conocía, hablé con él, le dije que me daba gusto que estuviera contigo, pero lo tuyo también acabó con ese amargo y sinsabor, me preocupé más por tu bienestar que por él, sus mareos y tontas dudas no me importaron, me preocupaba que tú estuvieras bien, que tu sonrieras después de pasar ese duro bache que te tocó pasar. Me gustaban tus llamadas porque sabía que era importante para ti, porque sabías que yo era el amigo que te acompañaba, nunca me parecieron fastidiosas tus llamadas Daniela, como una vez me dijiste; nada más fuera de la realidad, hablábamos por bastante tiempo, escudados por los días, simplemente para saber en que andábamos. A algunos amigos les parecía raro tantas llamadas, pero ¡bah! No nos importaba mucho.

Daniela, cuando ambos estábamos solos, sentíamos esa libertad de poder hacer lo que quisiéramos, aunque sabíamos que ambos estábamos adoloridos, ambos aún teníamos llagas que no cicatrizaban con facilidad, a pesar de ello nos reíamos mucho, adoptamos tramos fijos en donde nos acompañábamos de regreso a casa, yo sabía que iría contigo, tu sabías que estaría esperándote. Debo confesar Daniela, que en algún momento volteé a verte, hubo un momento muy corto en que me atrajiste, fue un instante, lo atribuí a nuestra soltería y a nuestra amistad creciente. Cada vez te ponías más bonita Daniela, eso no te lo puedo negar, pero nunca pensé en llegar a lo que luego llegamos.

En aquella fiesta llena de pisco y Ginger Ale, me fastidiaba verte con ese wevas triste de polo rosado, no entendía el porqué de ese fastidio, me volteaba para no verte, porque no tenía razón de estar así, pero algo me decía que quizás yo era quien quería estar en lugar de ese atorrante que se abalanzaba sin reparos. Calmaba mi fastidio con bocanadas de pisco, por momentos me buscabas para bailar, quizás refugiándote del Rosadino amigo que no dejaba de seguirte. Me gustabas que regreses a mí y bailáramos, mis manos recorrían tu espalda desnuda gracias a esa bendición de vestido que traías puesto y trababa de no excederme en esos roces. Dábamos vueltas con unas salsas y mi cabeza ya empezaba a dar vueltas por el pisco algo dulcetón que tomaba.

Todo fue fortuito Daniela, nada fue planeado, nada fue concienzudo, todo fue más que espontaneó. No imaginé, que aquel día nos íbamos enfrascar en un beso que aún recuerdo, un beso quizás lleno de pasión contenida, de armonía inesperada, de amistad, lujuria y desenfreno. Esa noche no creíamos nada mas allá que en nuestro beso, esa noche dejamos de respirar, ese día galopamos en la oscuridad del bar, ambos juntos, esa noche fue nuestra, no hay más recuerdos.

¿Recuerdas nuestro acuerdo Daniela?, que todo quedaría en ese beso, que todo fue resultado del malévolo licor y la cómplice noche que nos arrastró. A los días quedamos en salir a conversar lo sucedido, recuerdas, ese dia comprobé que tus besos son tan geniales como el primero.

Tus besos siguen hipnotizándome. Te amo.