Entre gatos y gatas.

Cuando caminaba por las calles de mi barrio, pasó frente a mí un gato
absolutamente negro, me detuve, lo observé
detenidamente, lo observé en todo su transcurrir, más allá de tener esa
superstición de que todo el día me iría pésimo, lo que quería era que el gato
negro esté totalmente alejado. Creo que la malicia se acentúa más en los gatos
negros, esos color enigmático y toda esa fama les da ese plus, un turbo a las
características que creo poseen. No es igual ver a un gato blanco peludo, que a
un gato negro con un pelaje acentuado a su piel, con ojos desbordadamente
azules o verdes, más que ternura, ese gato te puede causar temor. El gato pasó
con una parsimonia imperial, parece que se sabía dueño de la situación, volteó
y me miró, miro a una patita parado estupefacto, expectante y que no tenía ningún
plan, él felino también se detuvo, yo pensé
que saltaría hacia mí, pero siguió, siguió con la más grande tranquilidad con
el poder de la situación.
Por mi casa, muy a mi pesar han proliferado los gatos y gatas, veo a uno particularmente, que se pasea con un talante de superioridad sobre todos y creo que él tiene a todas las demás gatas, se le ve con poder sobre los demás, hoy en día ya no lo veo, quizás se fue a conquistar otras cuadras o se cansó de ser en Badani de las calles. Las gatas pasean libres, muchas buscan al gato que les comente anteriormente, otras solo esperan un poco de comida que astutamente llegan a conseguir, calculando, midiendo, y buscando por todo su territorio.
Creo que las mujeres tienen mucho más de gatas de lo que creen, tienen ese poder oculto que a veces nos deja estupefactos, tienen esa sensualidad que les sale sin esfuerzo y, muchas tienen ese cálculo astuto de situaciones, esa sagaz forma de ocultar cosas, ese frivolidad para cambiar de calle y de jugar con dos o más ovillos. Hay mujeres que suelen adoptar ese típico comportamiento gatuno, atraen a sus presas pero los dejan al límite y se van, difícilmente pasan del poestro, al estro, muchas les gusta quedarse en el poestro, lo disfrutan, las satisface, les da cierta soberanía sobre cada territorio que pisan.
También hay hombres que son gatos astutos, pero muy pocos, porque muchas veces ellos mismos caen en sus propias trampas y casi nunca suelen salir.
Creo que nunca me llegaran a gustar los gatos, es mas creo que siempre los voy a repeler, porque siempre pensare que son mucho más astutos que yo y que todos sin excepción tienen un plan escondido en mi contra.
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