jueves, 29 de mayo de 2008

Una diosa muy terrenal

Sentado en la tercera banca de mi salón en mis primeros días en la universidad, mirada e idealizaba a C, fantaseaba llevarla de la mano y abrazarla por los pasillos de la facultad, era tipo el amor platónico a la profesora, una pasión incontrolable con la que sueñas a diario. Tuve la suerte que A, mi amiga de la PRE, llegó a ser su confidente y por consiguiente logré cruzar palabras con la ideal C. Ella sentada delante mio solía preguntarme algunas cosas sobre cursos o intercambiábamos palabras raudas y escasas sin sentido. Quizás crean que era parte de mi sueño, pero al ver sus ojos noté algo que nunca antes y ni ahora vi, tenía ojos de distinto color. Sin llegar a una notoriedad burda, sus ojos tenían esta exquisita diferencia, diferencia que me alucinaba cuando le hablaba. Colores preciosos que hacían de ella la diosa que esta un peldaño más arriba que todas las demás diosas.

Mientras transcurrían los días, ese pequeño quasi grupo que formamos en las primeras bancas del salón fue desintegrándose. Ella sucumbió al grupo fashion del salón, al grupo que quiere estar en todas, los poseros que se colocaban a toda hora en la rotonda y que pretendían un puesto en el CF (Centro Federado).
Yo, por el contrario, me alié a un grupo promedio, que se escabullía al fondo del aula, disfrutaba momentos de relax, sufría en épocas de parciales y finales, gozaba de celebraciones extremas en los huecos de la universidad y que carcajeaba de cada intervención tonta y gollita de algún poserito incomprendido.

La musa del salón se había perdido en este mar de poserías, teníamos mundos paralelos que después de ese medio año se hicieron más lejanos. Me cruce con ella unas dos clases después de ese medio año juntos, la veía ir y venir cual reina de pasarelas por los pasillos de mi facultad y pasado dos años, cada uno enrumbó a su especialidad y le perdí el rastro, no sabia mucho de ella, salvo muy esporádicos cruces por las cafeterías.

Estando en la barra del bar disfrutando de conversaciones y coqueteos inesperados, llegó mi muy recordada C, se sorprendió de mi presencia, me dijo que haces acá, como no estaba dispuesto a darle toda la explicación del caso sólo le dije, este bar es mi casa, rió y me pidió le hiciera el favor de guardarle su cartera, como no hacerle ese favor a la diosa.

Ya después del alborotado trajín del bar, me senté apoyado en la barra y vi un espectáculo que nunca creí ver. C, sentada en una de las pocas bancas que quedaban, él, acompañante de C, con una gorra, polo desencajado, pelo largo y alborotado, en realidad la poca gracia que tenía se hacia nula gracias a su vestimenta y su facha. Él, sentado a su costado, reclinándose aventadamente hacia ella, dándole la botella litro cien que segundos antes había bebido de pico dejando sus salivales huellas, ella cogía la botella y bebía de la misma manera. Mi diosa que se encontraba en el Olimpo y un peldaño más, se precipitaba deliberadamente y a toda velocidad a lo más terrenal de la tierra, así mismo, a lo más terrenal de la tierra. Toda esa magia construida en antaño se rompía cual vidrio, la veía siendo acosada por un paparulo sin gracia a lo que ella accedía sin reclamo, mientras agarraba la botella y la ponía nuevamente en su boca, haciendo la mixtura de fluidos salivales. Después de un rato de observar tal espectáculo, ambos se retiraron.

Cuando caminaba con mi amigo J por las calles de barranco hacia su departamento, me cruce nuevamente con C, vi como C era llevado por su moñoseante amigo caminando en zigzag por las calles, la ineludible señal de dos guachos sumidos por el alcohol. Él caminaba adelante, ella con su elegante postura, subía y bajaba veredas y pistas, mientras que yo aún sin creer lo que veía, derrumbando la creencia de que C sólo podía ser llevada en autos elegantes.

Sólo supe algo aquella noche, que nuestras fantasías amorosas en algún momento dejarán de ser fantasías y las diosas dejarán de ser diosas.
De aquella diosa que entró al bar ese día, sólo salía la humana imagen de una señorita llamada C.

7 comentarios:

Glenn K. dijo...

El mundo da tantas vueltas que jamas te imaginas como terminará o te cruzarás con alguien... quizá esto sea un claro ejemplo de no idolatrar nada... que todo lo podemos alcanzar en algún momento...

Charo dijo...

Los amores platónicos son de lo más lindo... pero también de lo más cruel... tienden a hacernos volar más de la cuenta porque malinterpretamos las miradas, o las palabras, los gestos... leemos entre líneas y encontramos lo que queremos ver para apartarnos de la realidad.

Siempre y cuando duren un poquito y sean pasos previos para "algo" más real estoy de acuerdo con ellos... pero si la cosa se prolonga ad infinitum... solo sirven para al final hacernos daño... tanto cuanto te sirva, tanto cuanto te ayude, tanto cuanto te construya...

Interesante, muy interesante... real, muy real... humano, demasiado humano

Nano dijo...

Es cierto bro, a mí me pasó muchas veces. Idealizo demasiado y por ello es que termino topandome con grandes decepciones; por otra parte creo que jamás dejaré de ser así. Me gusta soñar con el amor perfecto y la sociedad voluntaria de una chica, que aún no llega, que seguranmente espera por mí en algún lugar del mundo.
Saludos. Me gustó mucho este post!

Yosselyn dijo...

hermosas memorias
siempre son lo unico que quedan
despues de que el tiempo se acaba...
cuidate...

EmPapeLada dijo...

Yo creo definitivamente que la moraleja de esta historia es NO IDEALIZAR A NADIE, no poner a nadie en un pedestal, pero lamentablemente...solemos hacer eso y la realidad se encarga tarde o temprano de "desenmascarar" a esos "dioses de humo", a los cuales nosotros mismos le dimos la categoría de dioses.

A mí ya me ha pasado eso más de 1 vez...chicos que me gustaron, los veía tan alto, tan perfectos...luego me hice amiga de ellos, y me enteré ciertas cosas de ellos..."se me cayeron" en cierto modo.

Saluditos eh!!!

Metódica dijo...

eso de idealizar no me lo digas a mi..sere todo lo realista posible, pero en esas cosas si me pierdo y caigo rendida xP

las cosas que pasan por la mente de los universitarios..

Sofitach dijo...

Ni bien ni mal lo que hace ella, simplemente es su vida. El problema es que no la conocìas, sólo la habías idealizado a tu gusto.

Por eso es muy cierto que los amores platónicos son los que más nos duelen, una vez que conocemos a la persona y nuestra imagen soñadora se derrumba.

Saludos.