miércoles, 2 de septiembre de 2009

Volver. Parte 5.

Cuando llegué a casa mi padre ya había llegado del trabajo.

R: Pa tengo un quinceañero, mi mamá me dijo que te dijera a ti
: ¿Donde es?
R: Acá en las Tinajas, por el Patrocinio
Mi mamá entra a la conversación y pregunta
: ¿Con quienes vas?
R: Ah con Mr, con C, M
: No sé que diga tu papá
: Ya, dos estas acá
R: ¿Dos? Dos para las cinco

Me miraron con cara de pocos amigos. Maldita sea a las dos de la mañana recién comienza la fiesta, mis horarios de toque de queda eran muy diferentes. Ahora si tenía un límite y mis viejos no jugaban con eso.

: Tómalo o déjalo

A mis dulces dieciséis años solo me quedó tomar la oferta que mi padre me daba, embarcarme en esa cruzada e ir al quinceañero a disfrutar de las pocas horas que tenia, cual cenicienta.

: Ya está bien pa

Me estaba aistando, buscando por todos lados mi terno, busqué por todo el perímetro de mi cuarto y nunca lo encontré, recurrí al último recurso que tiene un ser humano que no encuentra en su propia guarida las cosas que él mismo utiliza.

R: ¿Mamá donde esta mi terno?
: ¿Cual terno?
R: Mi terno pues una negro, con mi corbatita roja.
: ¿Tú estás loco? Quien te habrá prestado.

Recordé que por esa época utilizar terno no era mi prioridad, bastaba con un jean negro, una camisa blanca y quedaba listo, no había la más mínima necesidad de una corbata. En mi mesa de noche sólo encontré medias blancas de futbol, prenda que sin ninguna vergüenza utilizábamos con atuendos elegantes. Ahí estaba yo parado en mi cuarto mirando esas inútiles prendas que formaban parte de la fundamental vestimenta de quinceañeros que salían de improviso.

R: No hay forma que me ponga eso
No había forma que utilizare esos atuendos, no cabía en mi cabeza. Utilicé otra treta adolescente, alcé el auricular del teléfono.
R: Habla marica
M: Que pasa tío ¿vas a ir no?
R: Si sí, más bien no tienes que me prestes un lompa y una mica. Y ya si fuera mucho pedir una corbata
M: Veste pendejo, avisa con tiempo pues.
R: Pensé que tenía
M: Ya cómprate un terno pes
R: Ya no jodas, además pienso dar un estirón más
M: ¿Que estirón vas a dar?, ¿estirón para abajo seguro?.
R: Fuera cabro, entonces ¿me vas a prestar o no?
M: Ya, lo llevo a tu casa
R: Listo te espero

Me metí a la ducha, me pasé el peine y sonó el timbre. M ya había llegado. Por la gracia divina M era un poco más alto que mi reducido tamaño, cosa que el tiempo supo arreglar, en el futuro seria más alto que él, sin embargo yo siempre quedaría como el más enano del grupo. Me alisté tan pronto como pude, las prendas que me había llevado M eran visiblemente más respetables que el bodrio que, en mi desesperación, estaba por ponerme.

R: Hazme el nudo de la corbata pes
M: Puta este won, tu mamá parezco
R: No eres mi mamá, eres la mamacita de la promo jaja
M: Ya, ven mierda

Quedé listo para el quino. Me tocaba sacarle lustre a mis zapatos y ponerme de hecho una medias negras acorde a la vestimenta, cosa que mi amigo no hizo, optó por las horrendas medias blancas de futbolista, creo que estaba de moda, quizás querían hacer un símil con Michael Jackson, no lo sé, ahora no lo sabía, pero sin duda creo que yo también antes utilizaba esas tan deplorables medias de futbolistas.

Antes de salir la llamé a K, la saludé, le dije que iría con la gente a un quinceañero. Ella no demoró en dejar notar algo su fastidio, su incomodidad, sabía que ocurriría eso, le dije que no tenía que ponerse así, que si el tiempo me puso ahí era para conocerla y nada podía cambiar eso. Que la quería sin un límite y que siendo el tiempo mi aliado no tropezaría por las piedras que un día tropecé. Ella no sabía de qué hablaba.

K: ¿Piedras?
R: Rocones mas bien jaja. No te preocupes amor, te adoro y nada cambiará eso.
K: No llegues muy tarde a tu casa, cuídate
R: No hay forma que llegue tarde con el toque de queda que me han dado mis viejos y menos aún con mis notas tan bellas que no me respaldan en nada.
K: jaja está bien que estés en toque de queda para las fiestas, pero no conmigo.
R: No pues contigo nunca. Te dejo amor, te veo mañana, M está que pone cara de pocos amigos. Más bien de gay jaja
K: jaja Salúdalo
R: Ok te adoro
K: Yo también.

Salí de mi casa y pasamos a buscar a Mr, su casa quedaba camino al local y C nos había dicho que nos daba el alcance allá. En la oscuridad de las calles de mi barrio caminábamos los tres, jodiéndonos, eran tan sencillo todo, no tenía más preocupación más que la fiesta y salvar los rojos que el colegio nos brindaba a diestra y siniestra.

Las calles no habían cambiado mucho, de hecho no había tantos edificios, más bien casa de uno o dos pisos. El Ovalo seguía siendo ese peligroso cruce, donde el olor de basural se mezclaba con la brisa marina que en esa ocasión nos visitó.

R: Pensar que en toda esa basura habrá una cancha ¿no?
Mr: hablas wevadas, como va a haber una cancha ahí
R: jajaja Ya te quiero ver jugado ahí

Me gustaba jugar con las cosas saque pasarían en el futuro, con las cosas que cambiarían y que nadie tenía la más remota idea.
Llegamos a las Tinajas, el sapo se encontraba ahí parado esperándonos, como un 911. Habla que tal – que hay sapo- oe se te ha hinchado la wevada (señalando su bemba superlativamente grande) – tu may – jaja

Toda la ceremonia siguió tal cual la recordaba. Entra la señorita con el vestido espectacular, ¿la niña que se hace mujer? Me preguntaba si esa niña que ahora era mujer, antes ya no había hecho cosas de adultos, quizás pequeños indicios del lujurioso mundo de manoseo, porque el chico, presumiblemente su enamorado, la miraba con tal deseo reprimido que no pude dejar de notarlo.

Luego de toda la ceremonia, las luces blancas se apagaron y dieron paso a la cortadora, los semáforos, el humo, y demás accesorios que hacían del espacio un ambiente discotequero, el más discotequero de todos. Empezó a sonar la música, conocíamos a algunas chicas, pero aún no sacábamos a bailar a nadie, no entendía ese afán de quedar parados cual monolitos de la isla de pascua. Sonaba la salsa de adolescentes y me aventuré a sacar a una de las chiquillas apostadas al extremo del local, con las piernas cruzadas visiblemente con ganas de bailar, obviamente custodiadas por sus madres, viejas que se sentaron al otro extremo mirando cada movimientos de sus hijas. ¿Qué no tenían nada más que hacer?

Saqué a una, me miró mi rostro sonriente y accedió a mi formal pedido, en un hecho normal creo hubiera dicho que no, creo que mi seguridad la hizo decir que sí.

Fuimos a bailar siempre custodiados por miradas de viejas que no dejaban de ver a sus pequeñas. Mi baile era más suelto, más suelto que mi usual baile de esa época, mis dos pies izquierdos ya no eran los mismos y disfruté de cada pieza musical. Por esa época, mis pasos eran torpes y me imagino que varias chicas sufrieron ese tonto baile que hacía. Todo era diferente ahora, bailaba como siempre, como tenía que ser, me divertí, bailé, tomé, hasta donde el cuerpo me dio, no había mucha chela, por esa época no nos daban tanto trago pero lo justo para que mi cabeza ya diera unas primeras vueltas.
Hablé sueltamente con chicas que conocía y que no conocía, conocí de ellas, creo que mí experimentada forma de hablarles les traía, tenías mas argumentos para seguir una cháchara. Dieron las dos de la mañana y mi reloj cual cenicienta sonó, ya debía regresar, me quedé un toque más, aún no quería que la calabaza se convierta en carruaje ni que mis terno, bueno el terno prestado se convierta en arapos. Me que mas rato de lo pactado, yacía en mi cuerpo el espíritu poco domado del futuro. Salí del local con mis amigos, que aún sentían el rezago de la noche, ya estaban algo picados, nadie dijo nada para seguirla, era obvio. Pasamos las mismas calles camino a casa y seguimos por las mismas pistas que nos daban el adiós de una noche en donde una chica paso a ser mujer.

El día siguiente pasó con mi mismo despertar retardado, sin saber qué hacer. Mientras la tarde caía, note el mismo rojizo color del cielo, el mismo rojizo color antes de viajar a esta fecha, antes de estar en 1998. Presuroso fui a mi colegio, a ver el mismo patio rojo por última vez y el patio de mi cole, con sus arcos en encorvados de fierro, con los aros de básquet empotrados en las paredes laterales y la pintura del piso desgastada. Miré todo por última vez, sabía que sería la última vez que vería ese patio tal cual. Volteo y paso mi mano por la mesa larga que tantos veces nos sirvió de reuniones amicales, paso por el borde de su estructura, siento el alto y bajo relieve por las rayadas que le dábamos, muchos nombres de promociones ya estaña talladas en su superficie.

Me voy por el pasadizo de nuevo al patio rojo, me despido del flaco Javier, portero inacabable de mi colegio, mañoso y buen pobre empedernido, que quería levantar a cuanta flaca se cruzara por su camino, nunca tuvo bandera, siempre nos dijo el lame machista que lo caracterizó por siempre “en tiempos de guerra cualquier hueco es trinchera”.

Salía a la Avenida y me fui rápido a casa de K. Pasé el día con ella, escuchando música, besándonos, conversando, besándonos, preparando algo para el lonche, besándonos, mirando televisión, besándonos, ah y también besándonos. Sus labios tenía una miel inexplicable, sus besos me encendían tanto, parecía conocer que era lo que mis labios querían, parecía leer con destreza lo que ellos demandaban. Sus besos eran el fin y el comienzo, eran todo y más, mis manos recorrían lo trigueño de su cuerpo y cada minuto su olor me pertenecía. Mi flacuchento cuerpo la empujo hacia el sofá y busqué su cuello, ella accedió, bese su tersa piel, su joven y delicada piel que me daba la bienvenida, mis manos deseaban traspasar la fina tela que la protegía. Seguí besando cada centímetro de su piel, ella volteo y me miró con sus ojos que irradiaban fuego, su fuego alcanzó mi mirada, me pertenecía. El tacto de mis manos recorrieron los bordes de sus cintura, lo virgen de su anatomía, me sentía un lobo al acecho, yo ya había experimentado en esos avatares, ella se sumergía en los sublime de mis besos y mis caricias, yo sentía como sus manos apretaban mi espalda. Escuché la puerta del cuarto de dentro de su casa, me levanté tan rápido como pude, ella hizo lo mismo y arregló su pelo, me abrazó y ambos miramos el televisor.

Me parece que tanto su prima como su hermana sospecharon de algo, ella también se respiraba éxtasis, nuestro rostros aun estaban algo calientes y un despacio jadear de ella sobre mi pecho.
Decidimos calmarnos un poco, nos paramos y tomamos la gaseosa que nos sirvieron. Deseaba hacerla mía, como dice Arjona, realmente merezco robarte a la niña y regalarte a la mujer e inscribirte en tu ayer (que es hoy).
El encendido encuentro no llego nuevamente. Salí de su casa de noche, el rojizo cielo seguía encima de mí.

R: Nunca olvides estos días, nunca olvides que te dije que te amo, nunca olvides que por más cosas que pasen, nunca dejaré de pensar en ti (la estaba perdiendo otra vez). Mira mis ojos, siente mis labios (la besé), siente mi cuerpo juntos al tuyo, y siente como todos te grita TE AMO. Nunca lo olvides. Quizás yo mañana sea distinto, pero escucha esta voz que ahora te habla y créele.
K: Eres mi vida. No voy a olvidar esto, no voy a olvidar como me hablas ni la manera como me dices te amo. El tiempo no callará el sonido de mis te amos, no te olvidare jamás te lo prometo.
R: Que bueno K. Eso quiero que por más cosas que pasen, que por más que nos separemos en el futuro, siempre sepas que te amé mucho y que sólo el destino cambio los caminos, pero para el amor y el querer el camino sigue siendo uno.
K: Siempre seguirá siendo uno.

Le entregué una nota, le dije que la abra cuando me haya ido. Me despedí con frenesí, la besé tanto que no quería parar. Mi mano recorrió lo terso de su piel y me despedí. Cuando me iba unas lágrimas sellaron la despedida. Volteé y ella seguía parada al borde de su puerta, estiré mi mano y me despedí otra vez, el muro de concreto hizo que la visión que tenia de ella se acabara.

Llegué a mi casa con mucha congoja, me preguntaron si me pasaba algo, les dije que no y seguí de frente a mi cuarto, me eche en mi cama boca arriba. No dormí por varias horas pensaba en todo lo que había vivido, en todo lo mágico que fue vivir, un ojo se caía y el otro lo seguía, aun no quería irme de esa realidad, de ese 1998, aun necesitaba hacer muchas cosas, mis ojos se cerraron, mi cuerpo quedo adormecido y lo oscuro se apodero de la habitación, ya no pensaba, ya no veía, ya no sentía, estaba profundamente dormido.

Desperté con la luz que entraba por la ventana, una cama grande me recibió, las diez de la mañana estaban en mi reloj, me levanté, sin embargo no conocía nada de ese cuarto, estaba pintado de un verde suave en dos paredes y color humo en las otras dos, edredón muy cómodo, que no se comparaban con nada a mis edredón azul que había dejado antes de irme al pasado. Salí del cuarto, con solo mi short, un pasadizo con cuadros a los costados, una sala comedor muy bonito y una ventana grande. Primero quise entrar al baño pero no pude estaba cerrado, me fui a la sala y el ventanal me dejaba ver una bello parque, donde algunos señores paseaban a sus perros. Ninguno de esos señores era de mi barrio y ese obviamente no era el barrio donde crecí. Miré atónito el lugar, no podría creer ¿ahora donde estaba?, que había pasado.

Seguí mirando tratando de reconocer alguna calle o alguna persona, la puerta del baño sonó pero no le tome importancia. Cuando me encontraba observando detenidamente a la señora que salía del edificio, siento que unas dóciles manos me abrazan por detrás.

: Para ser domingo te levantaste temprano amor.
Me besó la parte posterior de mi cuello y recostó su rostro en mi espalda.

R: Si ¿amor?

Volteo y no podía creerlo, me dio un beso y se dirigió a la cocina. En su mano había un anillo dorado, en la mía estaba el mismo anillo. ¿Qué estaba pasando? No podía creer que sea ella. Nunca la hubiera imaginado ahí.

Volteé de nuevo hacia la ventana para ver la calle y siento unos pequeños pasos acercarse, una pequeña abraza mi pierna y me grita.

: Buenos días papito

Me descompuse, retrocedí un poco, pero traté de no hacerlo notar. Era tan bella, una hermosa niña, la ame apenas la vi. Alzó sus brazos hacia mi como pidiendo que la cargue y lo hice.
R: ¿Hija?
: Papito podemos ir a la casa de mis abuelitos.
R: Si mi vida, pero primero abrázame

Sentí sus pequeños brazos cubrirme y apretarme fuerte. Yo la abracé y besé mucho, tenía mis ojos.

R: Te amo mi amor.
: Yo también papito.

: Ya. Vengan a la mesa.

La chica que finalmente conquisto mi corazón me llamaba y yo iba cargando a la otra chica que desde el instante que me dijo papá fue mi sol. Ese día la pasé en el cielo con mis dos amores. Supe que el cielo ya no se pondría rojizo ni que ya no iría a ningún lado, sabía que este era mi presente.

Mi hija me llama, y ya no puedo seguir escribiendo.







Sentirme vivo - Gianmarco

Gracias a todos por seguirme hasta acá en esta pastruleada. Prometo, por lo pronto, no volver a escribir tanto. Gracias a cada uno. A todos los recuerdos y a todas las vivencias y por poder haber regresado y vivir momentos maravillosos. Sus respetables comentarios más abajo.

3 comentarios:

Glenn K. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Glenn K. dijo...

Por lo que veo estan vendiendo buena merca por el barrio para esta pastruleada alusinante!!!!!
Pero de verdad espectacular compare... muy buena cadena de posts.... que haríamos si tuvieramos esa máquina del tiempo? podríamos hacer cosas que dejamos de hacer o corregir alguna metida de pata????

No lo se compare, pero de verdad que por las historias comunes sabes que me hace recordar mucho esa época, los quinces, cuando el viejo de Hugo nos recogia, o por ahi algun grupo nos queria hacer la bronca xq casi todas las flacas se pegaban a nuestro grupo.... muy buenas épocas....

Para terminar, ese comentario de como la pasaste con K ese día en su casa.... me recuerda un poco a una no muy lejana conversa sobre el veranos que viene... recuerdas???

Slds

Glenn

Veronica Amparo dijo...

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