jueves, 30 de septiembre de 2010

1. Pia. Siempre hay un fin.

Las canas salen disimuladamente de sus negros cabellos, son pocas pero son, una mirada de desconcierto trasluce su rostro, no sabe qué hacer, de nuevo sus variantes sentimiento se vuelcan sin sentido, se contradicen. Le pregunto por el ultimo chico del que me hablaba emocionada antes de su viaje a Trujillo

- No Raúl ese chico ya fue, no pasa nada, no soporto una vida paralela
- ¿Qué?, ¿Pero qué paso?
- No, no, ya no me interesa
- Pero si te veías tan emocionada. Mi amiga es un vaivén de emociones, pienso.
- No ya no pasa nada con él
- ¿Y todo el tiempo que la pasaron chévere acá en Lima?
- Si todo bien, pero me da una mala espina, no me gusta, él está en Trujillo, yo en Lima, creo que no va a funcionar
- Bueno Pia tranquila ya llegará el indicado. Aún recuerdo los nombres anteriores a este tipo, y caigo en la cuenta que ya son varios y aún no le llega el indicado
- Si ya lo sé, pero ahora estoy pensando mucho más en el automovilista
- Pero si él fue de hace tiempo ¿no?
- Si pero me estuvo llamando, ahora se va de viaje al extranjero y quiero que nos veamos, no soy tan fuerte cuando se trata de él
- Manya Pía, sales de una y entras en otra, pero tú ya sabes que es lo que quiere ¿no?
- ¿Qué quiere?
- Su despedida pues Pía.
Noto a Pía algo angustiada, su futuro se le pasa por la cabeza varias veces al día, sus pesados treinta y seis años hacen que se desespere un tanto con la búsqueda. Desde el año pasado me cuenta sus vaivenes amorosos, siempre me dice que ya no me va a contar pero al final lo hace, quizás por la confianza o qué se yo.
(...)
Rubén, es un tipo alto, grueso, elegante y atento, así como los chicos que siempre le han gustado, que la vuelven loca. Lo conoció en una fiesta y solo tuvo palabras ligeras y rápidas con él, Pía es algo tímida y fue esa timidez que no hizo cruzar ese muro con mayor facilidad. Pero la sonrisa de Ruben mezclado a su mirada bastaron para que ella no lo saque de su mente. En esas palabras tímidas que intercambiaron él pudo deslizar suavemente su número telefónico. A los pocos días ella lo estuvo llamando y quedaron en salir.

Rubén la atraía mucho, quizás porque su porte y su estilo le hacían recordar a su ex esposo. Con los días yo veía a Pia cada vez mas compenetrada, más alegre, mas emocionada, Pia siempre se alegra, siempre se emociona, siempre se compenetra. Pasaron un domingo juntos, Rubén siendo el caballero de siempre, atento y cordial, engriéndola cuando podía, rodeando su cintura con sus manos grandes, Pía derretía cuando sentía eso, se sentía deseada, como hace mucho tiempo no lo sentía .

¿Pía lo estaba amando? Yo no lo creía, pero después de ese mágico domingo el mensaje de texto de un lunes por la mañana en el que le decía amor la puso en descubierto.

Rubén se sintió abrumado, ¿por qué Pia se atribuía eso?, sabía que injustamente estaba que ilusionaba a Pia, pero también la deseaba, la quería pero de otra forma y el siguiente fin de semana la hizo suya, sabía que era un cabrón de mierda por seguir en ello, pero le había encantado tener sexo con ella, a ella le había gustado hacer el amor con él.

Rubén dejada su celular sonar, Pía insistía, él pensaba que había que darse un espacio, que tenía que haber tranquilidad, ella lo buscaba desesperada como extrañando su voz.

Después de solitarios encuentros, Rubén se trazó como meta dejar en claro que todo había sido una aventura, cancelaba planes que ya había quedado con ella, ella se amargaba mucho, porque si hay algo que la saca de sus casillas es hacer planes y no cumplirlos, detestaba que rompieran su esquema de actividades formadas para un fin de semana, Pia era medio obsesionada al momento de planificar, era setiembre y ya tenía planificado lo que había que hacer el resto del año. Que Rubén tomara como deporte romper los planes que ambos hacían le molestaba y se marcaba en su sien una pequeña vena latiente.

Aún así contestaba sus llamados y un viernes por la noche, en el departamento de Pia, se entregaron a lo que ambos gustaban y disfrutaban, él se sentía muy cómodo en la cama de Pia, ella lo quería para siempre ahí, a él le excitaba mucho ese personaje indomable en el que se convertía Pia en la cama, ella lo recorría todo, él llegaba, ella también, el buscaba una excusas para irse con sus amigos de San Borja que lo esperaban, ella no esperaba a nadie en su departamento lo preparó todo para él.

A los días, él le dice que no podrá ir a Cajamarca con ella, a ella se le forma la misma venita en la sien y Pia comprende que él solo quiere una cama gitana, una cama esporádica, algo que no compartía y cortó enfurecida la llamada sin antes haberle dicho sus mares y sus ajos.

Pia quedó sentada en su sofa, rapidamente Clotilde, su gata, se echó a su costado.
(...)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ay los hombres¡ no son ellos... somos nosotras, nosotras¡¡¡¡¡¡¡

Anónimo dijo...

chumín me fregaste con esa ah....Le diste en el clavo compadre...jajajaja!!!!