sábado, 11 de septiembre de 2010

La pedida de mano

Las tan tradicionales pedidas de mano son para mí todo un estrés alocado, todo un rito que viene desde hace décadas atrás, cuando las familias se reunían para conocerse, hacer formal el matrimonio y para arreglar cuestiones económicas, terrenos, fundos y fortunas. Hoy solo se hace por pura tradición, porque usualmente las familias ya conocen, no tiene ningún tema económico que discutir y ya todos aprueban, es más, ya exigen el futuro matrimonio, debido a que la parejita ya tiene varios años de enamorados.

He pasado dos pedidas de mano en mi familia, una de mi hermana y la otra de mi hermano. En una fuimos los que esperamos a que llegue la nueva familia y la siguiente, de mi hermano, fuimos lo que hicimos el viajesazo hacia la casa de la futura novia, hoy esposa.

Ambos ya tenían varios años de enamorados, ambos ya la ley de la naturaleza y la sociedad les pedía a gritos un matrimonio y ambos tenían que pasar el engorroso trámite de pedir la mano.
Ambos fueron muy similares, en la primera, mis padres sentados en el mueble de mi sala, los padres de mi cuñado de igual manera, ambos con sus mejores trajes, mis hermanos alrededor de la sala, Cecilia, mi hermana, y Carlos, mi cuñado, sentados juntos, agarrados de la mano, ese entrecruce de dedos que todos en un momento hemos hecho. Temas diversos se tocaban, el punto era, creo, no dejar esos vacios horrorosos que muchas veces apareció dentro de la sala. Yo estaba tranquilo, no me correspondía ser el que trate de romper el hielo y tratar de poner en la mesa temas interesantes para ambas familias, ellos eran lo que tenían que hacerlo, mi hermana Erika callada, bueno ella siempre esta callada, mi hermano Pepe, por ahí soltó una que otro comentario, yo no me inmute y solo observaba. De lo que recuerdo de esa cháchara forzada fue que al señor padre de Carlos le gustaba apostar a los caballos igual que al mío, pero no de una manera tan apasionada como mi padre, pero algo en común había.

Cuando de nuevo el silencio ya estaba por aparecer, Carlos, empezó el discurso. Empezó un discurso bastante calmado y respetuoso, un discurso que creo lo había aprendido muy bien y que había ensayado más de una vez. Habló del amor y el respeto y otras cosas más hasta llegar la pregunta del sol, no del millón porque ya todo el mundo daba por descontado que tenían el consentimiento de mis padres para que se casen. Saco el añillo, claro con el diamante, y sellaron el momento. El señor padre de Carlos botó algunas lagrimas por su hijo, bueno es comprensible, se le iba su último hijo, el primero se encontraba en USA ya casado. Mi madre se hizo la fuerte para no votar lágrima alguna. Luego la comida, que ya no recuerdo que fue, y un par de tragos, ya se nos iba la primera hermana, había que celebrar, esa, para mí, fue la mejor parte, la de los tragos.

Cuando tuvimos que ir a la casa de la enamorada de mi hermano, primero fue bancarme un viajesazo infinito, en el transcurso del viaje me decía, este huevon ha de estar enamorado para hacer este viaje todos los días. Llegamos y de nuevo camino hacia ese pequeña reunión hacia la sala, todos mirándonos, midiéndonos, viéndonos, conociéndonos, sacando temas de donde no había, otro vez mi cara con una sonrisa contenida, muy cómodamente sentado viendo el espectáculo por el que se someten las parejitas que ya bordean los cinco años de enamorados.

Mi hermana Erika sin hablar mucho, ella nunca habla, yo sólo mirando y soltando por ahí algún comentario, y dentro de esos vacios mi hermano se para, porque siempre hay que hablar de pie, y a empezar el discurso, que no dista mucho de las palabras que dijo Carlos, donde había amor, respeto, que ya se conocen mucho tiempo, que se han dado cuenta o les han hecho dar cuenta, que llegó el momento de comprometerse, y la pregunta a los padres de Marisabel, que ya todos sabíamos que si daban su consentimiento. Después de ello, aplausos por ahí, algunos discursos más por parte de los padres echando flores a las fututos esposos y luego la comida, siempre la comida, la mejor parte a mi criterio. Luego, debido a que Marisabel tiene muchos hermanos que gustan de las bondades de la rica cerveza se armó una chupeta muy buena, la parte más suprema de esa reunión, donde había chela y tragos y donde conversamos y bailamos.

Algo peculiar en esta reunión, fue que, se formó un reto tipo artísticos, porque la hermana de la futura esposa, canta y canta muy bien, la mamá también canta y canta muy bien, y luego nos dijeron que alguien de mi familia saliera al imaginario teatrín y que cantara algo, me dio risa, algo que caracteriza a mi familia es que nadie en absoluto tiene una pizca de artista cantante, todos tenemos nuestras cuerdas vocales negadas al canto, todos somos un cero a la izquierda, solo mi padre canta, más o menos, y esa noche quizás empilado por los tragos cantó una canción, lo aplaudieron y mi viejo se sintió un Latin Amarican Idol.

Sin ser protagonista, me sentí abochornado cuando tuve que pasar por estos rituales ancentrales que aún siguen hasta el día de hoy, me sentí avergonzado e incomodo por los silencios en una reunión de personas que no se conocen. Es gracioso ver como ellos piden la mano, cuando sin pedir permiso alguno ya tomaron más que la mano de sus novias. Cuando se saltan varios formalismos e ideas conservadoras cuando fueron enamorados, pero cumplen con bastante rigor el hecho de pedir la mano y poner un anillo.

Quizás también tenga que pasar por eso, ojala que no, y tenga que soportar los silencios, las miradas, el discurso, el tratar de llevarse bien, que mi familia caía en gracia, que no haya comentarios desafortunados, disfrutar de la comida, sonreír con los tragos y que el viejo de mi novia no me mire con cara de culo como diciendo no toques a mi angelito, cuando es más que seguro ya la haya tocado mucho más que la mano, que le pediré ese día.

1 comentario:

Lia dijo...

Encontre tu blog por pura casualidad, pero me esta haciendo reir demasiado =).
Yo tampoco quiero pasar por eso, q flogera, pero me temo q tendre q hacerlo, por mi pps =)
Ni modo
Lía