domingo, 21 de octubre de 2007

Bienvenidos al magico mundo de Cusco. Día 1

Fue un idea loca que se nos ocurrió hace ya algunos años, cuando todo las ideas solo eran eso, ideas. Hace algunas semanas nos acordamos de ella, de hacer aquel viaje a Cusco que tanto habíamos querido. Era el tiempo propicio, nos dijimos: tenemos la plata necesaria, estamos solos y no hay necesidad de pedir permiso a nadie. El estar solo, se refiere a no tener ningún tipo de relación, amical cariñosa, ni amorosa. El querer viajar estando con alguien implica tener que llevar a tu acompañante de turno y si es imposible llevarla habrá algún tipo de pelea por el hecho de que vas solo con tu amigo a días de diversión sin escrúpulos, es por eso que tanto Jason y yo estábamos libres de aquella traba y antes que alguno de los dos tenga nuevamente enamorada, agarramos un avión y nos fuimos a Cusco, saliendo de la asquerosa sobriedad limeña y de la rutina que encierra una semana común y corriente.

Llegamos a Cusco después de experimentar estar en los cielos, descubriendo que en Lima si hace sol, solo que no lo notamos por la tremenda capa de nubes que siempre son nuestras acompañantes. Pisamos tierras Cusqueñas sin ningún tipo de estragos por la altura, ahí nos recibió Chasca amiga de Jason y amiga mía ahora. Nos instalamos y recorrimos cada centímetro del centro cusqueño, fuimos a la famosa piedra de los doce ángulos, ahí había un turista que ponía en aprietos al guía diciéndole, pero che esos no son ángulos son vértices, claro tenía que ser argentino para hacer ese tipo de comentario, con Jason nos miramos y seguimos caminando diciéndole, métete lo que se mete Maradona y veras 50 ángulos y vértices.

Queríamos una vista de todo Cusco así que se nos ocurrió ir hasta lo mas alto, ahí sentí como se sienten los futbolistas de la capital que van a jugar a Cusco. Extenuado hasta el alma llegamos a casi lo alto de esa calle, diciéndonos que si viviéramos ahí y regresamos de una bomba ni matando llegaríamos a casa. Ahí tomamos algunas fotos y entramos a una casa donde vendía la rica y tradicional chicha de Jora. Compartimos la mesa con una gringa, un gringo y un brichero que tenía como atractivo principal que parecía un Inca. El bricherito se desvivía contándoles un poco de historia sobre Cusco, mientras la gringa nos sonreía y saludaba al lente de mi cámara.

Luego de algunos vasos de chicha nos fuimos a casa y de nuevo el cansancio de la bajada, aunque esta vez fue menor. La noche ya estaba lista, conocimos a más amigos y todos juntos fuimos al Kamikase, un bonito lugar. Teníamos separada una mesa en primera fila para ver al grupo Arco Iris. Debo reconocer que pensé que iban a tocar cumbias, waynos o algo por el estilo, no imaginaba junto con Jason, que sería una velada llena de música selecta, de Sui Generis, de The Beatles, y muchas baladas del recuerdo.

Las cervezas deambulaban por nuestra mesa, y tragos de todo tipo también. Nos hicieron una invitación de un trago, servido en un gran vaso, que casi parecía una olla. Tenia un nombre que al final llego a cumplirlo, Rumbo a la Ruina, no nos mato al instante, pero lo que si fue cierto era que al día siguiente éramos una ruina. No creo que fue exclusividad de ese trago el haber quedado así, contribuyeron la cerveza, el pisco, el tequila y las hojitas de coca que el buen Juan, amigo español, nos invito a chacchar. La verdad nunca había probado esas hojitas y después de un intento torpe por chacchar, lo pude hacer y descubrí lo que sentían nuestros abuelitos en la época de nuestro broder el Inka.

El grupo Arcoiris acabo su repertorio entre aplausos de la gente que se hizo presente y luego conversamos con EL CHECO, uno de los integrantes del grupo y nos dijo que pronto estarán en Lima, esperando se cumpla su promesa se despidieron y nosotros seguimos disfrutando de la juerga.

Luego fuimos al Muki donde la diversión se hizo extrema, las cervezas y los distintos tragos corrían alrededor de mi nuevo grupo de amigos mientras que todos bailaban al compás de la variada música. Recuerdo haber bailado con una chica de Cusco, deleitado con pasos de salsa que creo no conocía y recuerdo también como se perdía en la muchedumbre de aquel local mientras iba a la barra a pedir mas cerveza pues la noche aun seguía.

Tengo la sana costumbre de mirar a las chicas fijamente si es que ella me siguen la mirada, con ella no fue la excepción, pero de repente como previendo la inminente conversación con ella, él irrumpió entre nosotros dos haciendo que me enfade. En realidad creo que sintió que perdería la quizás amena conversación con aquella chica, o sólo no quería que me acerque a ella pues el la había visto primero, después de intercambiar palabras subidas de tono, Jasón llego a apaciguar los ánimos y con el sabor de unas cervezas bien heladas todo se calmo y la juega siguió.

Todo acabó cuando vi las luces de ese domingo, cuando el aire frió de Cusco golpeaba mi rostro desde la ventana del taxi rumbo a la casa y repasaba cada imagen de lo maravillosa de esa noche. Esa noche no encontré a la gringa sexy y cuerazo,(las encontramos después) pero disfruté de una noche netamente cusqueña, donde hubo magia en cada canción de un concierto y donde la altura no hizo mella en nosotros y bailamos hasta el amanecer, conociendo gente como nosotros, que disfruta cada noche como si fuera la ultima.

Al día siguiente nos esperaban las ruinas que nuestros abuelitos locos hicieron y que teníamos muchas ganas de conocer. El dolor de cabeza amaneció conmigo, pero no me ganó, pues tenía todas las ganas de seguir disfrutando de Cusco y sus noches. Solo les puedo decir que esa noche comprobé que Cusco se escribe con S, S de Sensacional, Supremo y Sagrado.

3 comentarios:

Franco dijo...

Yo no fui!! Pero al parecer la pasaron muy bien, y el Muki siempre me traerá buenos recuerdos.

Cuzco rocks!

El Tizon Bar dijo...

Dias locos aquellos mi hermano!!!

Anónimo dijo...

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lolikneri havaqatsu