jueves, 28 de junio de 2007

Pequeño Mundo

Estaba en la universidad y mi vida transcurría entre salidas nocturnas y algún encuentro fugas con alguna chica, porque aun no quería perder esa libertad que he vuelto a recuperar. Desde que entre a la universidad conocí a un amigo muy buen onda, sincero, y muy divertido, con el que pasamos muchas borracheras y momentos recordables junto a mi grupo inseparable de letras.

Compartía las horas de estudio en la universidad, con horas de estudio en el ICPNA. Ahí conocí muchas chicas y patas y a la vez descubrí, que si no tienes la menor idea que estudiar y tus viejos friegan diles que vas a estudiar ingles. Era impresionante como muchos de los chicos iban a perder el tiempo, solo tenían que estudiar dos horas al día y sin embargo faltaban, el colmo de los colmos.

En uno de mis pasos por básico conocí a una chica que siempre me sorprendía de las cosas que hacia, un momento estaba sentada tranquila y el otro estaba mirando al profesor de salón contiguo o llegando tarde al salón, siempre inquieta de un lado al otro. Algo me atraía de ella, no puedo explicarlo, seguro ese espíritu loco y movedizo o su sonrisa al mirarme.
Nunca entablamos una conversación larga ni hicimos las clásicas salidas al cine o a comer algo, típica rutina cuando te quieres ligar a una chica. Nunca salimos a tomar el mismo carro después de clase, ni nunca nos sentamos juntos, sin embargo nos conocíamos, no era la gran amistad pero siempre era un hola y una que otra broma insinuante.

Después de acabar ese básico, unos compañeros incluido ella me invitaron a lo que seria una pequeña chupeta, la verdad no recuerdo la cara de los chicos presentes, pero si recuerdo que estuvimos en un parque tomando algo que contenía licor, tampoco recuerdo que bebida era, pero fácil una de esas bebidas, que ya pasado el tiempo te preguntas ¿Como pude tomar esa cosa?

Acabamos de tomar la dicha cosa, y todos nos decidimos ir; para mi sorpresa la chica de la que les hablo tomaba el mismo carro que yo, y nos enrumbamos a la casa en aquel carro amarillo conocido por la multitud como la 19.
En el camino algo paso, ella se sentó junto a mi, yo envolví mi brazo sobre su espalda, ella se recostó más, y volteo su rostro hacia a mi y la llegada de un beso era inevitable. Fue un beso muy largo en los que quieres que no acaben para no tener las torpes preguntas pos, lo bueno y rescatable fue que no acabo hasta llegar a mi destino, que era el más cercano, intercambiamos teléfonos y correos, para que luego de algunas conversaciones y encontrarnos nuevamente con el mismo resultado de besos y caricias, alejarnos sin más ni más.

Luego de meses, después de dejar el icpna y de salir de la facultad de letras y entrar a la de comunicaciones (de la cual el jueves me gradúo) converse nuevamente con el amigo que les hable al principio. En realidad no nos veíamos hace tiempo y no sabíamos nada de nuestras vidas, conversamos, me contó que tenía enamorada y que la había conocido en el icpna (si pues ahí conoces varias chicas) que era blancona de pelo castaño (bueno hay varias chicas blancotas de cabello castaño) que vivía en la Victoria (ya me preocupó) y que se llama … (maldita sea) al momento pensé que tan pequeño puede ser el mundo, un momento estas besando a una chica y al otro es misma chica es la enamorada de tu amigo. Le tuve que decir lo que algún momento paso entre su ahora enamorada y yo, fue extraño, pero llegaron a superarlo, es mas alguna ves nos reunimos y aunque tratábamos de comportarnos normal, no podíamos ocultar la extrañeza y un cruce de miradas, como diciendo, Y yo que nunca pensé volver a verte.
Son situaciones que te sorprende y que a pesar que crees que hay personas que han salido completamente de tu vida, el destino y siempre caprichoso destino harán que entren nuevamente, como retando tu afán de manejarlo todo.

1 comentario:

Franco dijo...

Qué miedo...

Entonces, hay esperanza. Esas personas volverán.

Mmm... no lo creo.

Oh, destino, has de mí lo que desees.