viernes, 22 de junio de 2007

Una misita más

Era tercero de secundaria y lo que estaba en mi cabeza sólo era fútbol y más fútbol. Creo que todos a esta edad piensan en ser futbolistas y ganar mucho dinero con solo hacer goles. Bueno fui con unos amigos a probarme a la U (no soy de la U pero el estadio estaba cerca a mi casa) y lo único que hicimos fue ver comos se iba el bus llevando a los juveniles, porque ni si quiera conseguimos entrar, es ahí donde la vara y las buenas relaciones podrían determinan si harás goles en un mundial con gritos de miles de hinchas o en el mundialito del Porvenir con gritos de aficionados desde la preferencial ventana del edificio 4.

Sin embargo eso no bajo nuestros ánimos ni nada por el estilo, aunque no profesionalmente, siempre jugábamos en la canchita del San Francisco que nos acogía cada mañana, tarde o noche que solicitábamos sus servicios.

La oportunidad de tener mas tiempo la cancha se presento, requisito, ser Acolito, ¿qué diablos es un acolito? Esa fue mi pregunta, pero fue fácil de responder, es el patita que ayuda al padre en la misa, aahhhh ya comprendía, mucha gente se corrió la voz que después de una hora de reunión te daban la loza del San francisco para que juegues, resultado, casi todo mi salón del cole en los acólitos.

Fueron sábados de full diversión y si no fuera porque hace unas semanas pase por una de esas reuniones de acólitos no me hubiera acordado que era lo que hacíamos ahí. Escuchaba al pata que dirige ese grupo, un pata flaco parecido a felpudini, recontra sanazo, casi cura el tío. Él también nos dirigió a nosotros, hablándonos de Jesús y sobre la Biblia, muchas cosas que a la edad que teníamos no nos interesaba nada (ni ahora tampoco creo) y es por ese desinterés que hoy no recuerdo absolutamente nada. Solo recuerdo las risas y los chongos que metíamos en esas reuniones, o fregando al director o entre nosotros, pero más fregando al director.

Muchos recuerdos vienen a mi mente, recuerdo a un compañero alzando una copita de vino y tomándosela toda en plena misa, recuerdo un grupo de acólitos (incluyéndome) bailando en misa la canción Resucitó, es que Jesús había resucitado había que celebrar, recuerdo otro acolito botando las flores en una misa llena de gente, recuerdo otro acolito que no podía levantarse de su silla porque su cíngulo (pita que se amarra en la cintura) lo habíamos amarrado a la silla, recuerdo a otro acolito orinando en una maceta puesto que estaba en misa y como todo buen acolito no podía dejar el altar, no encontró mejor lugar para orinar que la maseta en donde crecía esa linda y bella platita, no se como quedó esa pobre planta después de esa regadita.
Recuerdo a las chicas del coro de 10:00 a.m., chicas por las cuales, aun estando con la sotana no podíamos dejar de darles una mirada picara o una guiñada de ojo. Todos querían esa misa, yo fui a varias de ellas y era sólo estar coqueteando con ellas, sin importar de qué trataba la lectura ni el evangelio.

Creo que gracias a ese grupo nos compenetramos más, pues fue con aquel grupo que hicimos varios paseos y campamentos. Particularmente fue gracias a ese grupo que vi una iglesia oscura con un mar de gente iluminado por una vela (misa particular de semana santa) y comprobé que la fe de muchas personas es muy grande y al margen que ahora no crea en la iglesia y reniega de ella, creo que desde que mire ese espectáculo nunca lo he podido olvidar y cada semana santa (cuando me quedo en Lima) entro a ver ese mar de luces pugnando por un milagro o pidiendo miles de cosas, pero sobre todo con mucha fe, esa fe en algo o alguien que nos alimenta todos los días.

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