sábado, 19 de enero de 2008

Adios viejito

Raúl ha muerto tu papá Enrique

Es difícil despertar una mañana y que tu mamá, con lágrimas en los ojos, te diga que tu abuelo ha fallecido. Ese día desperté y todas las escenas fueron demasiado, demasiado para un muchacho de veinte años. Fue demasiado despertar y ver a mi madre llorar, mis hermanos pendientes de lo que le decían a mi padre por teléfono, mientras que él lloraba agarrando fuerte el auricular, llorando por la abrupta partida de su padre.

No podía creer que era lo que pasaba, mi abuelo que hasta hace una semana me había hablado de cómo conoció a mi abuela y como es que poco a poco fue abriéndose paso en la lima de antaño, hoy ya no existía . Mis hermanas lloraban y mi hermano preso de la desesperación salio de mi casa hacia la casa de mi abuelo.

Fue la primera vez que vi llorar con desesperación y rabia a mi padre, abrazados de mi mamá contando lo sucedido. Todos nos alistamos y fuimos a Comas, lugar donde vivía mi abuelo. Fue una escena nada agradable, ver a mucha gente alrededor de su casa, tratando de saber lo ocurrido, tias y tios llorando por la desgracia y miradas de desconcierto de mis primos.

Nadie sabe el porqué de lo ocurrido, pero los hechos fueron tan crudos e inexplicables que no pude contener las lágrimas de imaginarme a mi abuelo en esa situación. Él se encontraba en su cama y la enfermera cuidándolo. La verdad no sé como llamar a la clase de animal que pudo haber hecho esto, ya no me quedan calificativos más denigrantes. Entraron a su casa, buscaron todo y tanto a mi abuelo como a la enfermera les arrancaron el as de vida que todos tenemos, se llevaron el poco dinero que mi abuelo tenía y dejaron a dos personas muertas y mucho dolor entre las paredes de esas habitaciones.

Lo que tantas veces había visto en la televisión, ahora lo estaba pasando, la casa en donde había jugado, había reído, había corrido, había llorado, ahora estaba cercada y era una escena de crimen. Las cámaras de televisión no tardaron en llegar y ya todo era una noticia digna de salir en secciones policiales. Fotos y filmaciones adornaron mi destrozo personal, mi desgarro de corazón y el quebrarse mi alma.

Después de unos minutos vi como sacaban a mi abuelo en una bolsa negra, lo subían a un camión y lo llevaban. Quería correr y sacarlo de esa bolsa, no quería que este en la oscuridad, no quería que lo llevan en esa camioneta como si fuera cualquier cosa, Quería llevarlo en mis brazos, cargándolo con mis hermanos, pero nada se puede hacer con el asqueroso sistema.

Luego de esa escena fui solo a mi casa. Mis papas y mi hermano se quedaron para ayudar en todo lo necesario y me dijeron que vaya arreglando la casa para el velorio.
Recuerdo el desconcierto del taxista viéndome llorar, derramar millones de lágrimas, las escenas venían a mí una y otra vez, y no podía dejar de sentirme destrozado.

Cuando llegue a mi casa lloré sin parar, la soledad de mi hogar me hacia recordar su voz., esa voz ronca y su forma particular de hablarnos, sus gestos y su mirada, su lento caminar por el pasadizo de su casa y su risa enérgica y fuerte.

En la noche todo se vistió de negro y sin imaginar ese futuro, un ataúd se encontraba en mi sala, el ataúd de mi abuelo. Mis amigos estuvieron conmigo apoyándome en este momento, el peor momento de mi corta vida.

Debido a que estamos en Perú, nunca se supo el porque de lo sucedido, las investigaciones acabaron cuando ya no pudimos darle mas dinero a los policías y todo quedó ahí.

Sentí rabia por ello, aun cuando lo recuerdo, pienso que ellos están pisando el mismo suelo que yo y me da nauseas, nauseas pensar que quizás me he cruzado con alguno y que están tan libres como yo. Ya no espero justicia en este mundo, solo espero la justicia de la vida y creo que ellos de alguna manera pagaran por habernos quitado a mi abuelo tan abruptamente.

Papá enrique, acabe la universidad, me gradué, ahora estoy trabajando y me va muy bien. Aunque no soy el Padrecito como siempre me bromeabas, soy un profesional como siempre lo quisiste. Disculpa por no ir a visitarte tanto, prometo que lo haré. Quizás tu abrupta partida no me dio tiempo a decirte esto: Te quiero mucho papá Enrique, gracias por todo.


4 comentarios:

Julio Cesar dijo...

:(

Mercedes dijo...

Me imagino que habra sido muy duro...
Bendiciones
bye

*Luna* dijo...

Lo siento mucho

Manuel dijo...

Yo también he vivido la experiencia de la muerte súbita e inexplicable de un familiar, se lo que se sufre, se lo que significa que la policía tenga que investigar y que los periodistas vendan con el dolor ajeno.
Es una experiencia muy difícil, pero gracias a Dios siempre tenemos gente que nos acompaña.