miércoles, 30 de enero de 2008

Sólo un par de palabras

Él la amaba cono nadie, ella lo propio, pero las continuas y reiterada peleas eran de nunca acabar. El nunca le decía te amo, por el ridículo temor de no demostrarlo todo, ella le decía te amo constantemente sin obtener una respuesta similar, tan solo esquivos de palabras y un mar de frases que no la llenaban.

Noches enteras la discusión por ese tema se hacia latente, ella le recriminaba el no sentir amor, el no escuchar un te amo de su parte, el le decía que siempre se lo decía, que ella era su mundo y todo para él, pero ella necesitaba escuchar.

Siempre sabes lo que puede sentir la persona, siempre llegas a experimentar lo que la otra persona desea, siempre llegas a saber que es lo que su corazón lleva, pero siempre también la necesidad de escucharlo. Que tus oídos escuchen esas dos palabras, que tu mirada vea ese movimiento de labios y que tu corazón sienta algo más allá de la descripción.

Ella necesitaba sentir eso, ella añoraba aquel día, necesitaba ese día, fantaseaba con ese día, ese día en el que él pronuncie esas dos palabras. Alucinaba paisajes tremendos, también la cena con velas, y el infinito mar mirándolos.

Fue una noche de las múltiples peleas que ellos tenían, múltiples peleas que hacían que se separaran abruptamente, que se alejaran distancias insospechas, que tuvieran lapsos de ausencias grandes, que se ahogaran en lo profundo se su soledad sin saber de ellos.
Se separaron, cada uno con sus demonios y frustraciones acostumbradas.

El se ahogó en las penas de una botella, acompañado de amigos, rodeado de música, escupiendo sus problemas, demostrando a sus amigos con lágrimas en los ojos que si la amaba y que ya no quería que este lejos de él.

Si supiera que la quiero tanto, que la amo demasiado, solo que aún no estoy listo para esas palabras que me hicieron tanto daño, aun no estoy listo de decirle esas palabras que me dieron tantos problemas, palabras que en el pasado nunca debí decir, y que ahora debí dejarlas salir por montones.

Mientras asomaba la mañana el seguía recordándola y queriendo ir a su encuentro.

Ella presa de su desesperación se refugió en el grupo juerguero, en el grupo que vive a mil, que no tiene hora de llegada y que no tiene limites en una noche. Quería olvidar esporádicamente este pasaje, quería solo diversión por esa noche, tomó bebidas de colores, bebidas pálidas, bebidas rubias, y olvidaba cada vez más, olvidaba los antiguos paisajes de esa última pelea con él, y lo reemplazaba por pasajes de total algarabía junto a su grupo de amigos.

Cuando todo estaba al tope, cuando ya nada era suficiente dentro de esa casa, decidieron irse al sur, decidieron oler mar, decidieron elevar mas su noche ya elevada de juerga. Con dos carros decidieron irse, ella presa de la locura nocturna no puso trabas.

Antes de partir, ella fue al baño y justo antes de salir vio su rostro en el espejo, rostro desquebrajado de una noche bohemia y sólo pudo recordarlo y con su mirada fija, pensó que miraba a sus ojos.

No sabes como te amo y te extraño, eres mi vida y quiero estar siempre contigo.

Ese espejismo se borro con el fuerte tocar de la puerta que le avisaba que ya todos partían. Subieron al auto y ya se encontraban en la ruta rumbo al sur. Ella se acercaba a la ventana y el aire y brisa del mar rebotaban en su rostro, el aire se hizo más fuerte, más tosco y rebotaban con más intensidad. La velocidad se hacia extrema y todos gritaban en el auto, le entró un vació estremecedor al alma, lo recordó, recordó aquel ultimo beso y un rebote brusco la hizo reaccionar. El susto de apoderó de su cuerpo y silencio de sentirse suspendido en el aire se escuchó, silencio en donde vio toda su vida pasar, mientras daba vuelta hasta llegar a los oscuro de una escena, hasta escuchar los desquebrajados llanto de sus amigos pidiendo ayuda, atrapados entre el fierro y el asfalto.

No tardaron minutos para que el ultimo suspirar llegue, suspirar que se mezclaba con el balbucear de su nombre. La visión de la pista se fue haciendo más oscura, y el silencio llegó junto al silencio de su corazón.

Salió de bar, después de una noche infinita, el aire frio limeño lo abrazaba y el deseo de caminar se apoderó de él. Después de varios minutos caminando paró en una esquina, volteó la mirada y vio el rostro que el día anterior tuvo tan cerca, vio los labios que le pertenecían, acompañado de un gran titular FATAL ACCIDENTE. Las lágrimas quedaron estáticas en sus ojos, se acercó dando pequeños pasos al periódico y lo cogió con rabia, y mientras leía lo ocurrido sus piernas se doblegaban hasta quedar postrado en el suelo sin creer lo ocurrido

Las lágrimas por esa pérdida no pararon nunca, desde aquel pasaje lejano en aquella esquina hasta ahora, frente a su tumba llena de flores que él lleva cada semana. Siempre una lágrima acompaña esas visitas, un recuerdo que el añora, una despedida que nunca existió y un te amo que siempre lo sintió y que ahora ella sólo lo escucha desde algún lejano lugar.


Cada visita acaba con él sentado en el ceded que guarda su cuerpo, el hablando y escribiendo en la tierra. TE AMO.

2 comentarios:

*Luna* dijo...

no es solo saberlo
es querer escucharlo
*lo he aprendido en mi corto tiempo*
no hay momentos exactos para hacerlo
solo se dice cuando realmente se siente
sino pues, termina en una fatal historia, como esta
*un poco similar a varias que he leido*

Mercedes dijo...

Hay friend! te ganastes el nobel de mis respetos...
Muy linda historia, de verdad que me llevo a imaginarla mientras lo leia...
Sabes me haces recordar a otra pelicula, no se si la habras visto, "Amarte Duele". Tiene un final casi parecido pero la historia es otra, te recomiendo que la veas...
Sigue asi...
Bendiciones!!!!!!!!!!!