miércoles, 23 de enero de 2008

Mi amor


A veces siento que a pesar que ella está en su casa y yo en la mía, y que hacemos cosas distintas, hacemos todo pensando en nosotros. Mis días pasan y cada ves que la veo mí acelerado corazón palpita su nombre, aún recuerdo ese atardecer junto a ella, sentado en la arena, viendo como el sol se ocultaba de nosotros, dándonos su último rayo para sellarlo con un beso suyo, un beso de amor, un beso que me llevó a decirle un te amo sin pensarlo, con una voz tan baja que no pudo escucharlo y que no pude volver a repetir.

Nos levantamos de de la arena y sentados en la terraza del hotel conversamos de todo, del cómo la vi por primera vez, de cómo preguntaba por ella a todas sus amigas para encontrar un momento juntos y prender una chispa de esperanza amorosa sobre nosotros. Me comentó que nunca me creyó tan romántico y que tampoco demostraba serlo, que también buscaba encontrarse conmigo en los pasillos de la facultad y que trataba de no hacer notar su interés por mí.

Fue en un invierno que nos cruzamos y retando a mí suerte de ser rotundamente choteado volteo y le digo: Te invito a salir el sábado. Ella paró su caminar y el silencio se hizo eterno, volteo a mí y me dijo… porque has esperado tanto. Conversamos ese día y no nos detuvimos de vernos hasta el sábado, en donde ese conversar nunca paró acompañándolo de un vino que endulzaban sus palabras y hacia mas exquisito sus labios.

Ahora con la brisa veraniega, sentado junto a ella me sentía perfecto, me sentía en las nubes de las cuales caí rotundamente alguna vez. Si bien el miedo latente de caer nuevamente y el vértigo de elevarme tanto aún seguían presentes, ahora junto a ella nada importaba.

Todo empezaba y nos dejamos arrastrar por el amor de aquel inicio de un idilio, de aquel comienzo, en donde el amor es más intenso y las miradas de las parejas son únicas. Sí, me deje llevar por toda esa avalancha de esperanza, de ternura y de amor.

Amanecí abrazado a ella, sintiendo lo calido de su piel, lo perfecto de su cuerpo, el aroma incomparable de su cabello y el tierno amanecer de su mirada.

Volvimos a casa después de pasar días incomparables frente al mar y cuando llegué a la puerta de su hogar me despedí con un gran beso y un abrazo, ese abrazo de enamorados que es único, un abrazo en el cual la envolví y en el que sentí como su rostro se recostaba en mi hombro sabiendo lo mucho que me quería y que quizás sin saberlo ya nos amábamos.

Cuando siento cerrar su puerta, camino unos pasos, me detengo, suelto mi maleta y vuelvo hacia ella, toco su puerta desesperadamente, ella abre y me pregunta asustada que sucedía y le digo: sucede que TE AMO, me mira con los ojos llorosos de la emoción y me dice: YO TE HE AMADO SIEMPRE.

Luego me perdí en una beso lleno de todos nuestro sentimientos.

Donde quiera que estés en este momento, quería decirte que aún me quedan latidos para decirte. TE AMO


2 comentarios:

Mercedes dijo...

WOW, friend, te digo algo que afortunadas deben ser esas chicas, al tenerte como enamorado........
Y una vez mas te lo repito, Escribe tu libro! y ponle el titulo de tu blog que esta muy bueno...
Eres muy romantico, por eso me caes bien, jijiji
Bendiciones....!

Raúl Domínguez dijo...

Mrcedes: Grcias por eso, si el romanticismo me sigue, y lo vuelvo acá. Ya vi las dos peliculas que me recomendaste. Muy bueno ah. Hare mi libro jeje