domingo, 2 de marzo de 2008

Dias de Sol. Part 1


Arrastrado por la aventura veraniega, fui con mi buen amigo a la playa, eran las diez y media de la noche y recién partíamos hacia el litoral limeño, en busca de diversión playera. Ellas nos esperaban allá, noche de chicas que no nos perderíamos.

Si bien pudimos ir en su carro, nos aventuramos a la supervivencia del mochilero. Subimos a esos micros marrones con blanco, que muchas veces me llevó de mi casa a la universidad, pero ahora la diferencia era que tendría el servicio total, es decir, un recorrido de hora y media para llegar a San Bartolo. El carro nos dejó en medio de la casi nada, sino fuera por los canes que nos ladraban cuando caminábamos de noche por el borde de la carretera, hubiéramos creído de nuestra soledad absoluta.

En San Bartolo había sólo algunas personas que conversaban, mototaxistas comiendo algo al paso y nosotros, oliendo mar sin tener la más remota idea de donde teníamos que ir. Por la gracia de dios pasó un taxi, por la maldición del demonio cobró un precio exorbitante hasta nuestro destino final.. Ilusamente íbamos a ir a la plaza de San Bartolo, que a juzgar por su entrada, también estaría vacío, creyendo encontrar ahí algún transporte mas fácilmente. Desistimos del plan porque no teníamos la más pájara idea de donde estaba la plaza, y como retando a nuestra suerte preguntamos a un mototaxi (vehículos motorizados, que en la parte de atrás tiene una cabina, nada segura, que transporta gente, un máximo de tres personas) cuando nos cobra hasta Puerto Viejo No nos podía llevar hasta allá, pero nos podía dejar en el puente. ¿Qué puente? No lo sabia, es más cuando llegué allá ni siquiera lo vi. Nos dijo que ahí tomáramos otro mototaxi, para llegar a la plaza de dicho lugar.

Nos subimos, arriesgando nuestras vidas, y enrumbamos hacia el dichoso puente. Fue un viaje espeluznante, creo que el individuo que manejaba esa moto no se había dado cuenta de la condición de su vehículo, y de la fragilidad de su cubierta. En una osada forma de manejar se metió a la carretera a diestra y siniestra, realmente en un momento el miedo se apoderó de nosotros, cuando vimos como poco a poco se acercaban unas grandes luces, que crecían con el pasar de los segundos. No veía la hora en que nuestro gran conductor se moviera hacia la derecha, pero recontra terco y haciendo respetar su condición y derecho de mototaxista no se movió ni un ápice. Las luces se hacían más grandes y fueron acompañados de un rugir tremendo de motor, era un trailer terroríficamente gigantesco, que parecía aplastarnos como pulgas, pero tuvo la gentileza de ir a la izquierda y pasar por mi costado, haciendo cada vez mas rugiente su motor.

Sucumbí, vi mi vida pasar y el alivio de ver el cartel que decía Puerto Viejo fue como ver el cielo. Definitivamente, no solo fue ese trailer gigantesco que nos pasó, sino también carros y más carros, sin causar en el conductor de nuestro debilucho vehículo, ningún tipo de miedo ni complejo, la carretera le pertenecía.

Llegamos al puente y nos esperaba otro trayecto de mototaxi, ahí ya no fuimos de dos, sino de tres y no es que otro amigo se nos haya unido a la aventura, nada más fuera de la realidad. Lo que pasó es que tanto como nosotros, un muchacho también esperaba un mototaxi para ir a la plaza de Puerto Viejo, así que se subió al mismo mototaxi, ahora viajábamos en el este debilucho vehículo con compañía extraña. Pasamos por una oscuridad tremenda, por un cementerio, por un colegio y por fin después de todo un recorrido llegamos a Puerto Viejo, encontramos la casa rápidamente y las chicas nos dieron la bienvenida con sangría heladísima.


Saludé a todas las chicas pero no la vi, luego la vi bajando las escaleras de la casa, con un short espectacularmente corto, con un polo chiquito y una sonrisa por nuestra llegada, era toda una diosa. La verdad caí ante sus encantos, fue tanto el shock inicial, que no pude hablar sueltamente, porque sentado en la mesa la tenía frente a mí.
Poco a poco las bromas se fueron dando y salía de mi temporal arrítmia cardiaca, de mi estado vegetal, empezando a moverme y conversar con las demás.

Tomamos, conversamos y reímos. El juego del Yo Nunca (juego en donde casi sin saberlo sueltas secretos muy bien guardados) llegó en el momento preciso, haciendo de las aseveraciones cada vez más candentes. Luego de varios juegos ellas se fueron a descansar y después de intercambiar una broma con S la vi partir, me encantaba verla y ver como tímidamente trataba de no sostener mi mirada por mucho tiempo.

5 comentarios:

*Luna* dijo...

que disfrutes los dias de verano
*la foto de aquel lugar
colgado en mi hi esta
si tu lo puedes encontrar
gran satisfaccion lograras*

Lunita

Nano dijo...

Exelente crónica Raúl.
Creo que nuestro sindrome post visión de nuestra chica es muy parecido. A mi se me traba la lengua y me tiemblan las piernas descontroladamente.
Voy a esperar el volumen II de esta historia.
Un abrazo.

Julio Cesar dijo...

hahaha, ta buena la historia de la pájara idea y la chica del mini short :)

ya sabes , no te salgas de la cobertura y si sales avisa

Mercedes dijo...

JAJA pobresito, todo lo que has tenido que pasar para verla...
De verdad me has hecho reir, por que te he imaginado caminando en la oscuridad y pasando lo que has tenido que pasar...
Bendiciones........!

Nefelibata dijo...

ceviche con pelo Vs. viaje en micro y mototaxi. Tu ganas