miércoles, 19 de septiembre de 2007

Chiquititud

Eran épocas en que mi mundo giraba en una sola cuadra, el amor y la diversión se resumían en varios metro de asfalto y no había necesidad de descubrir mas allá. Con el paso de los años este espacio se vuelve chico y tus fronteras ya no tienen limites. Pero por estos días el joven amor se halla al cruzar la pista, cuidando que no haya carro en ningún sentido, porque en mi calle no respetan el sentido, subiendo 5 pisos de un edificio, pasando por la casa de la señora Pocha, la señora Elena, la señora Enriqueta, escuchando los gritos de mi amigo C cuando su mamá se hallaba en el duro trabajo de enrumbarlo por el buen camino (y lo logró) hasta llegar, después de toda una travesía, al ultimo piso, piso donde vivía mi vecina M, amor de infancia , amor de niño.

M fue la primera niña que vi y la mas simpática de toda mi cuadra, no se el porque pero desde mis recuerdos vagos de esas días todos me fastidiaban con ella y bueno yo estaba contento porque era una niña que me agradaba.

Mi grupo de niños rebeldes se juntaron en varias ocasiones con ellas y tratábamos de buscar juegos en los cuales podríamos compartir juntos, uno de esos juegos fue el archi conocido Escondidas, situación perfecta para esconderse con la chica de tu agrado.

Por alguna razón casi todos se escondieron atrás del wolsvagen rojo en el cual M y yo nos habíamos escondido, y luego de estar escondidos comenzaron esta suerte de prueba que te ponen de poder besar a alguien. Era una situación muy incomoda, besar a la chica de tu agrado, a la chica que veías todos los días, custodiado por muchas miradas impacientes a que llegue ese momento, para luego poder molestarte todos los días del verano.

Primero fue el beso de un amigo con R, luego seguí yo con M y solo fue un pico inocente sin más ni más. Luego de ello, salimos de detrás de ese wolvagen y seguimos con el juego. Seguí viendo a M por el resto del verano, y también experimenté cómo cada año crecíamos y nuestras vidas iban tomando rumbos distintos, la collera del barrio nunca volvió a ser la misma, yo adopte nuevos amigos en mi colegio y toda la gente de aquel edificio fue partiendo, a tal punto que muchos años el edificio de frente de mi casa lucio una sombría soledad.

M se fue de viaje y aunque a veces me nace las ganas de saber que fue de su vida, creo que será muy difícil encontrarla, no se su paradero y solo me queda la ilusión de que algún día se acuerde de estos metros de asfalto y de ese gran edificio que en algún momento fueron nuestro mundo.

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