miércoles, 2 de abril de 2008

Amigos


En mi comienzo en el colegio San Francisco Javier recuerdo a un niño en particular, al cual miraba extrañado por su llanto incontrolable y el no querer desprenderse de su mamá, en la entrada de mi salón de inicial.

Luego de esos meses juntos en inicial, salíamos de vacaciones y ya nadie se acordaba de ese tiempo en el colegio, cada uno tenia su pequeño mundo tanto en su casa como en sus barrios y los cuatro meses de vacaciones nos separaban ineludiblemente.

Pasamos toda la primaria, creciendo juntos, rindo juntos, llorando juntos, sufriendo por alcanzar un respetable y nada despreciable doce en los cursos y estresados por pasar cada materia para el beneplácito de nuestros padres.

La secundaria paso con altos y bajos, mas bajos que altos les diré, de desenfreno en primero y segundo, de tiempos de guerra en tercero, épocas de conquistas amorosas en cuarto, de diversión y popularidad en quinto, y de canas verdes por parte de mi director y del gringo Pablo Lammermeir, cuando, sin resultado, trataba de enseñarnos ingles, rajando de un manazo furibundo la carpeta de madera de un compañero, lleno de rabia y cólera de nuestro acostumbrado relax mañanero, sin causar entre nosotros miedo, mas bien risas escurridizas en el silencio de nuestro salón.

Con Coco, el mismo chiquillo que lloraba esos primeros días de inicial, tuvimos parte del inicio de un grupo que hicimos muy nuestro, de la unión de cinco amigos de mi promo que estimo demasiado. Dentro de esa diversión dominical juvenil, llegamos a parar a aires miraflorinos, donde de la nada vimos una estrella de madera de cinco puntas, cada punta era un llavero que se unían cual rompecabezas. La compramos con la promesa de que aquella estrella se vuelva a armar pronto, desde aquel día la estrella se armó muchas veces, compartiendo miles de cosas juntos. Ahora, esa estrella ya no existe, un amigo la perdió en la lavandería, a otra punta el perro la comió, dejándola con mordiscos muy grandes, por mi parte, la punta que me correspondía se perdió entre mis cosas que cada vez se hacían mas abundantes.

Aún sin poder armarla, seguimos reuniéndonos. No podré olvidar nunca a mi promo y en especial a ellos; a Marcelo con el que compartí noches de quinceañeros sin fin, de enamoradas, de miradas inescrupulosas a chicas que recién conocíamos; a Mario que compartió conmigo sueños de fútbol, de campeonatos de ensueño, de juegos arco a arco; de Miguel Angel que me dio su hombro cuando mi futuro parecía incierto y me apoyó en ese primer gran paso para entrar a la universidad y para acabar el cole. Sergio, amigo de toda la vida, pata del alma, si tendría que dar mi confianza a alguien, él seria uno de los primeros (que si bien no fue parte de ese grupo, es un gran amigo, como muchos de mi promo que tengo muy presente)

Y de Coco, hermano eterno, hermano del alma que siempre me apoyó y siempre me apoya. Con quien comparto sueños, risas, llantos, penas, desordenes existenciales y estoy seguro me acompañará cuando mis pasos se hagan más lentos y mi cabellera sea blanca, porque cuando estaba en una etapa magra de mi vida y necesitaba hablar con él esperándolo en su sala, él, que recién tenia dos días de operado bajo sus escaleras con dificultad y dolor, para poder abrasarme y poner su hombro cuando más lo necesitaba.

Un abrazo hermanos del alma, amigos que no serán reemplazados nunca y que siempre serán parte de mi vida. Feliz cumpleaños Coco, toma esto como un regalo por tu cumple y por todos los años que tenemos de amistad.


1 comentario:

Julio Cesar dijo...

feliz cumple coco :)