sábado, 5 de abril de 2008

q.e.p.d Los Terceros

Definitivamente mis épocas de violinista solitario acabaron, ya no recuerdo ninguna nota, no recuerdo ni como agarrar ese instrumento. Hace algunos años tocaba cada nota a más no poder, tocaba varias melodías de memoria para beneplácito de mis amigos y no se como, no me importaba estar ahí. Si, hace años podía salir con una pareja de amigos siendo yo el tercer individuo, el chiquillo solterito que los acompaña a pasar un rato chévere, disfrutar de la no muy grata salida de el grupo amigos, ese amigos lo pondría entre comillas, puesto que es sólo una etiqueta, porque al momento de estar con ellos no puedes evitar ver caricias en los rostros, besos, risas cómplices en las cuales tu no encajas. Ahora, cuando el grupo de mis amigos planea algún paseo, campamento o algo por el estilo, acompañados claro de sus señoritas enamoradas me doy la libertar de elegir entre mas opciones, que siempre hay y más interesantes.

En realidad no se cómo antes podía sortear esas inquietantes posturas de enamorados, en las cuales solo debe estar la feliz pareja y nada más, cómo sorteaba con destreza esa atorrante postura de ver quién es el que manda, de peleas y demás. Antes yo solía sentirme contento con la compañía de ellos, que en realidad grata, ahora me puede llegar a incomodar.

Esa noche sin ningún plan específico llegaron dos buenos amigos que llevan de enamorados un buen tiempo, llegaron de visita a pasar un rato conmigo. Me alegró mucho verlos después de tiempo y reímos conversando de uno u otro tema. Tenían ganas de salir, obviamente la idea no me parecía nada agradable, y para salir del paso les propuse ir al malecón que muchas veces me acogió este verano, prefería un lugar abierto, donde me podía ir solo a fumar un pucho y dejarlos hacer sus asuntos de enamorados. Arrancaron el carro y desistieron de esa idea, dando una vuelta furibunda hacia un bar bohemio del centro de lima. El animo que tenía de poder tomar junto al mar se desvaneció en un instante, me encontraba ahí, mirando a la feliz pareja reír, un señor del bar tocando latin jazz en su piano antiguo y yo muriendo de calor y viendo como a mi diestra cinco amigos sentados alrededor de una mesa brindaban, añorando ser parte de esa escena voltee y me di con mi dura realidad, ahora contra mi voluntad me habían puesto el violín haciéndome tocar a la fuerza melodías que tenía olvidadas.

Me disculpo con ellos, porque no tenía cara de buenos amigos y cuando me trataban de meter a la conversación recibían comentarios reacios, ácidos y con un humor negro que creo también salían debido a la grata contribución del ambiente cargado de ese bar. Pensaba el porqué estaba ahí, sentado, achicharrándome, tomando gaseosa helada, tratando de refrescarme de ese insoportable calor pudiendo estar en alguna disco haciendo los recorridos bohemios que muchas veces hice.

Miraba alrededor a parejas, amigos celebrando y recordaba pasajes de aquella noche con ella en aquel lugar, esbozando una sonrisa por locos momentos y circunstancias que pasé en aquellas sillas de ese bar, me retire a tomar aire.

Después que acabaron el vino, nos fuimos, llegue a mi casa con la sola idea de no llegar nunca más a estar en ese extremo. Nunca más estar de mal tercio y de no acordarme, ni que traten de hacerme acordar de que alguna vez supe tocar ese instrumento llamado violín.

2 comentarios:

*Luna* dijo...

Sobre su tumba dejare flores.. y pedire por ellos en mis noche de rezo

MARTINIERE dijo...

Muy bien Sr. Dominguez, me parece acertada la postura que adoptará en los próximos eventos que organicen sus amigos y enamoradas... pero no te pases pues chumin! cómo vas a llegar a la fiesta a las 3.15 am??? qué te has creido ah? jaja..

besos!