viernes, 31 de agosto de 2007

Memorias de amor II.: Primera ilusión

En esa época estaba en 3 de secundaria y mi vida transcurría entre el colegio y mi grupo de acólitos. Siendo acólito fue donde conocí a estos dos particulares grupos de chicas que las distinguíamos por la hora de la misa en las cuales cantaban. Las chicas del coro de 10 a.m y las de 7 p.m. W era una chica del coro del 10 y por la cual todos estábamos de alguna forma atraídos, al final uno de nosotros estuvo con ella, bueno uno y después otros. En el coro de 7 destacaba por sus atributos J, una chica simpática de la cual yo y otros amigos sentíamos un gusto desbordante.

La verdad nunca pensé que J se fijaría en mí, no había tenido experiencia anterior de tener una enamorada con todas las de la ley y aún la ceremonia previa del cortejito no era tan conocida para mí. Mi amigo A también estaba interesado en ella, la verdad no se si llegó a decirle que quería ser su enamorado o no, la cuestión es que se alejo de ella y bueno sin remordimientos y sin temores, fui frecuentando cada vez más seguido a la casa de J.

Y empezó a haber este dime y diretes, chismes por aquí y de por allá que tienen todas chica de esa edad, en donde el tema principal es, quien le gusta a quien. Ya había divulgado mi gusto por J y creo que no era necesario gritarlo a los cuatro vientos o a los cinco, seis o mil, porque mi presencia por alrededores de su hogar me delataba.

Todos nuestros encuentros, en los que conversábamos entretenidamente (no se de que hablábamos pero hablábamos, tengo un flash back mio y de ella moviendo los labios, así que supongo que algo nos decíamos) ser terminaban con un beso. Este beso tenía algo en particular, era un beso extremadamente lento y que rozaba los labios, era lo que se conoce popularmente como Media Luna, (no se porque media luna, porque no mejor eclipse o cuarto menguante en fin cosas de la vida) en donde no se completa un beso en la boca, sino que la mitad de tus labios choca con la mitad de los labios de tu pareja.

Todos los encuentros con ella terminaban así, con un seudo beso, no se porque no le decía para que sea mi enamorada, porque era obvio que ella sentía algo por mí, sino creo que nadie te daría besos así.

Un día que fue a mi casa con sus amigas, luego ellas se retiraron, y quedamos solos, luego de conversar iba a tener lugar la despedida que siempre teníamos, pero ese seudo beso se convirtió en un beso largo acompañado de abrazos y miradas llenas de ilusión.
Quede alucinado y confundido por aquel encuentro, me retumbaron preguntas en mi cabeza como: ¿Ya estoy con ella? ¿Es necesario tener explicaciones? ¿Mañana que le diré? ¿Ahora que diablos hago?

Bueno asumí que debería tener un mínimo grado de formalización y que quede zanjada la duda de si éramos aun amigos o éramos otra cosa. Yo asumía que éramos amigos aún, pero después de buscarla y de seguir dándonos nuestros besos de amigos, asumí que ya no había nada de seudo en lo que pasaba, ella ya me consideraba su enamorado y yo también hice lo mismo, a partir de ese primer beso comenzó el idilio, así de sencillo, sin palabras de por medio, solo con sentimientos.

Luego de meses, lo rápido de la vida de un joven me hacían tener ausencias prolongadas a su casa, ausencias prolongadas a su cuadra, y las miradas de odio de la mayoría de gente de por su barrio, hacían que no vaya tan seguido como quisiera.

Un día que fui a su casa, me dijo que necesitaba tiempo para pensar lo nuestro, en esa época creo que suponía que tiempo era un rotundo rompimiento y me sentí muy mal cuando de sus labios salieron esas palabras, aconsejado de M le pedí una chance para que todo volviera a hacer como antes, pero no lo aceptó, quizás si hubiera aceptado hubiera tenido muchas más cosas de mí que quizás nunca las tuvo, pero ella decidió su camino.

Me despedí de ella con un beso, que llevaba todo el amor que en ese momento era de ella. No recuerdo haber estado nada mal, no recuerdo muchos noches de nostalgia, creo que fue un pasar de pagina muy rápido, la olvide muy pronto, el salir y conocer chicas era muy frecuente en esas épocas de quinceañeros y fiestas y creo que no tuve tiempo para estar mal por su adiós.

Ella si cumplió ese tiempo que me dijo, porque después de unas semanas la encontré en la puerta de mi casa, para reanudar nuestra relación después de este prolongado descanso. Pero ya no la vi con esa misma intensidad ni con esas miradas que sueles darle a alguien que quieres, la vi como mi pasado, como un buen recuerdo del cual ya no quería volver.
Le dije que lo nuestro ya no podía ser, quizás no quería limitaciones en esa época, en donde no podías decir no a las oportunidades, pero recuerdo claramente como se iba de mi casa y yo cerraba la puerta a este pasado que nunca volvió a ser presente.

Nunca más volvimos conversar, siempre creí que quería esquivarme, nunca volvió a saludarme, pero después de más de 9 años, la vi en el carro. A diferencia de las veces anteriores, me regalo una sonrisa y me saludo con mucha alegría, mientras trataba de sujetar a su bebe muy inquieto. Me contó de su vida, yo le conté sobre la mia, sobre lo que estoy logrando, sobre lo que soñana hacer esas noches de adolescente y que ahora lo estoy logrando. Me preguntó si es que algún día podría llamarme a mí casa, le respondí que no había ningún problema y cuando estaba apunto de darle el teléfono de mi casa, me dijo:

¿Sigues con el mismo número no? El 424 …7

Me sorprendió mucho que después de mas de nueve años, recuerde a la perfección cada uno de esos dígitos y supe que si se acuerda de esos números, debe tener mucho más presente todo lo que vivimos, porque yo aunque no me acuerdo cual es su número teléfonico, si recuerdo cada minuto que pase con ella.

2 comentarios:

Franco dijo...

Para mi que lo tenia apuntando en el celular. Jeje.

Buenísima historia. Saludos.

Mercedes dijo...

NENE, que vida la tuya me estoy pasando todo el dia leyendo tu blog. Esta muy entretenida :P
bendiciones!